Yucatán

La milpa y la chaya protagonizan feria de saberes y ciencia

Comunidades, productores y especialistas comparten sus conocimientos sobre la diversidad, la alimentación y usos tradicionales de estos elementos del patrimonio biocultural de Yucatán.

Izamal, Yucatán, a 11 de agosto de 2026.- Aromas, sabores y productos del campo yucateco acompañaron la reflexión sobre el patrimonio biocultural de Yucatán durante la Segunda Feria de la Milpa y la Chaya Maya, organizada por el Centro Estatal de Capacitación, Investigación y Difusión Humanística de Yucatán (Cecidhy) y la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).

El encuentro, que se realizó en el marco de las Jornadas Nacionales por la Divulgación y las Humanidades, permitió compartir conocimientos sobre la diversidad de cultivos, los usos tradicionales de las plantas y las prácticas que forman parte de los sistemas de producción de la milpa maya, además de promover su conservación y transmisión entre generaciones.

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Al dar la bienvenida, el director del Cecidhy, Villevaldo Pech Moo, destacó la importancia de preservar la milpa maya como un sistema tradicional de producción basado en la diversidad de cultivos y en el aprovechamiento integral del territorio.

Señaló que su fortalecimiento se vincula con el Renacimiento Maya, que impulsa el Gobernador Joaquín Díaz Mena, particularmente con la directriz “Pueblo maya, raíz y razón de ser” y con medidas para fortalecer la soberanía alimentaria.

En ese sentido, destacó la importancia de reconocer el valor de la chaya y explicó que se trabaja en mecanismos legales y técnicos para comprobar y certificar sus características nutricionales, a fin de buscar un reconocimiento oficial o denominación de origen de la Cnidoscolus chayamansa.

“Es una planta que se consume desde tiempos ancestrales y forma parte de los conocimientos y prácticas que se han transmitido de generación en generación. Por eso, debemos seguir estudiándola, valorándola y preservando los saberes asociados con su uso”, señaló.

Por su parte, la subsecretaria de Tecnología e Innovación, Judith Ortega Canto, destacó que la feria representa un espacio para acercar la investigación y los conocimientos tradicionales a la sociedad.

“Estos espacios permiten que la ciencia dialogue con los saberes de las comunidades y que las nuevas generaciones conozcan el valor de la milpa y de plantas como la chaya, que forman parte de nuestra identidad y de nuestra alimentación”, aseguró.

Como parte del programa, Abelardo Navarrete Yabur impartió la conferencia “La chaya, un recurso medicinal, guardián de la salud en el patio o el jardín”, en la que explicó la importancia de consumir esta planta adecuadamente, ya sea hervida o tostada, para reducir la presencia de compuestos que utiliza como mecanismo natural de defensa.

También abordó su valor nutricional y destacó la presencia de diversos nutrientes en la chaya, entre ellos vitamina C, hierro, calcio, fósforo, magnesio, sodio, cobre y zinc.

Por su parte, Bernardo Caamal Itzá, durante su ponencia “El ichkool o la milpa de los pueblos mayas del ayer, hoy y de mañana”, explicó que la milpa representa una forma de organización del trabajo y del territorio basada en la diversidad de cultivos.

“La milpa no es un monocultivo, es la diversidad. Si empezamos a ver la diversidad que existe en ese espacio, encontramos también la relación del territorio con el pueblo maya”, compartió.

En este sistema tradicional, cultivos como maíz, frijol y calabaza se desarrollan de manera conjunta y permiten aprovechar distintos elementos del territorio, además de formar parte de prácticas alimentarias y conocimientos transmitidos entre generaciones.

El programa cultural incluyó la presentación del ballet folclórico infantil de Tekantó, de la vocalista Sandra Canto Basto y el cantante José Luis Cruz Ramírez. Productores de Dzitás, Kantunil y Espita, así como de las comisarías de Xoy, en Peto, y San José Oriente, en Hoctún, presentaron productos y artesanías de sus comunidades.

La muestra incluyó distintas variedades de maíz, espelón, calabaza y miel, además de productos elaborados a partir de estos recursos, como jabones, vinos, gelatinas, horchatas y tortillas. También se ofrecieron platillos tradicionales como empanadas, panuchos y tamales, junto con prendas bordadas y otros productos derivados de conocimientos y prácticas locales.

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