
El siguiente episodio ocurrió dentro del interior del estado. Están los habitantes en sus casas o trabajando en el campo entregados cada uno a sus ocupaciones cuando de pronto empieza a sonar la campana de la iglesia. A muerto. Sorpresa genera pues no había en el pueblo nadie de quien se esperase defunción. Salen las comadres a la calle, se juntan los chiquitos, dejan los hombres sus milpas y todos se reúnen en el amplio atrio para saber la triste noticia.
Y la campana sigue tocando doblando melancólicamente con un sonido que daban ganas de llevarse las manos a la cara y llorar de tristeza. ¿Que será? ¿Qué no será? Quien murió no lo sabemos y de pronto calla la campana y en la puerta de la iglesia aparece el Sacristán que estaba sonando la campana. Aumenta el asombro como había aumentado el sonido de la campana y a las preguntas responde el sacristán campesino “He tocado a muerte por el Derecho, porque el Derecho ha muerto”. Como si supiera exactamente que estuviera hablando para la historia.
Ese campesino veía como todos los días el amo del lugar capich le ha arrebatado metro a metro pedazos de su tierra. Reclamo y protesto sin resultado. Entonces decidió ahuyentar a todo el mundo que puede que tenga el tamaño de una población la muerte del Derecho. Si esta historia es inventada, juro que no la he inventado yo la encontré en un antiguo periférico de mesa de molde entonces es con todas por lo que aquello sucedió de verdad he contado la verdadera historia de este campesino y de su acción a principios del siglo XX en cualquier pueblo de Yucatán.
Y ahora imaginemos las campanas de todo el mundo en todos los templos que tienen campanas para llamar, llorar y protestar. Tocando la muerte con un sonido universal que va saltando de ciudad en ciudad por encima de las fronteras lanzando su sonido por encima de los océanos profundos. Vamos todos a ensordecer ¿Cómo soportar este clamor?.
No hay manera bien lo sabemos de remediar las muchas injusticias de la vida. Pero en olvido que estaba condenado el campesino hasta ahora a tener actualidad. Propongo pues una gran colecta pública para un monumento al campesino anónimo que hizo de su ofendido corazón una campana.
Ahora la suscripción con el dinero que dará esta colecta. Escrito por mi ¿Quién me acompaña?.



