Cultura

God Day Sunshine

A pesar de lo ridículo que tiene la contemplación de la puesta del sol, sobre todo la especulación sobre el tema desde el plano psicológico. Estamos hechos de un modo que no habrá talvez casi en condiciones de afirmar por entera verdad que no ha caído nunca en ese pecado de narcicismo.

El sol está ahí, se aproxima al horizonte, va cobrando otro color, otra dimensión, dispersa por la atmósfera una luz, que ya no es de día, y vivimos ahora un breve intervalo de tiempo diferente, una suspensión de vida, un minuto que no pertenece al mundo en general, si no de nuestro mundo muy particular.

La puesta de sol impone un poco de silencio en todos los sonidos. La risa es sofocada, una simple frase resuena como dentro de una cámara de eco. Bien visto, no es precisamente un juego lo que ocurre, se está acabando el día. ¿ Quién no asegura que habrá otro?, ¿Qué haya pasado así ayer y antier y hace 10 años y hace un siglo?.

Eso es lo que nos reconforta, porque si no, caeríamos en el pánico, pero al menos pensamos en nosotros, como quien se despide, hacemos un pequeño balance de conciencia, de la dificultades, de nuestros desalientos, la hora propicia sobre todo aprovechando el efecto calmante de éste, extinguirse la luz.

Es un momento en el que pierden importancia nuestros males, se escriben en una grandeza cósmica apocalíptica (ya comencé con mi filosofía barata). Y todo cuando es nuestro se vuelve insignificante. Uno sale confortado de una puesta de sol, resignado, en cierto modo humilde. Si cupieran en esta crónica citas literarias, sería el momento de decir entonces (to be or not to be, that is the question- ser o no ser he ahí el dilema).

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