Cultura

Encontrar a Roldán y conocerlo en sus prólogos

La tarde del jueves 6 de agosto se realizó en la Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza una presentación de libro que además fue conmemoración al maestro literato Roldán Peniche Barrera por el segundo aniversario de su fallecimiento. Se presentó una colección de los prólogos escritos por Roldán para otras obras, compilada por el escritor hondureño-yucateco Jaime Méndez Mendoza para su publicación con Sedeculta bajo el título de Los prólogos de Roldán: la otra obra (2026). Familiares y amigos —incluyendo a los prologados— estuvieron presentes en un homenaje a la «bondad» y el «genio» desplegado por Peniche Barrera en su capacidad de prologuista, que lo hizo autor de más de cincuenta intervenciones en uno de los géneros literarios con menor reconocimiento.

En la entrada a la biblioteca se colocó una vitrina con muchos de los libros (no todos) de la autoría del homenajeado, incluyendo sus bestiarios mayas y su propia versión del Popol Vuh, algunos de los cuales se encuentran a la venta en la librería de Sedeculta dentro del mismo edificio. Durante los últimos 50 años, Roldán Peniche fue considerado una eminencia dentro del mundo de las letras yucatecas, ocupó un número de puestos culturales, coordinó talleres y recibió toda clase de distinciones por su trayectoria. También fue un destacado colaborador de EstamosAqui.mx por muchos años y hasta las últimas semanas de su vida.

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La presentación fue acompañada por la promotora cultural Celia Pedrero y el intelectual Raúl Vela Sosa, con moderación de Víctor Garduño Centeno. Los tres comentaron el libro y compartieron algunas anécdotas referentes a Roldán Peniche.

Celia Pedrero —que escribió un comentario en la contracubierta de la edición— comenzó evocando a otros escritores cuyos prólogos han sido compilados y publicados, como lo fueron Jorge Luis Borges y T.S. Eliot. Aunque la práctica es inusual, no es un caso insólito, y la extensa obra de Roldán en el género ameritó una colección.

Pedrero confesó que cuando era joven solía saltarse los prólogos de los libros, como suelen hacer los lectores casuales. Consideró que siendo una labor tan poco valorada y escasa vez pagada, se requiere una gran generosidad, tiempo y dedicación para escribir un prólogo.

«No todos los prólogos son buenos», vio la necesidad de añadir, «hay quienes se extienden hablando de sí mismos». No fue el caso de Roldán Peniche, acaso el más solicitado de los escritores yucatecos, que nunca se negó a la labor y que desde 1976 hasta 2023 escribió al menos 50 prólogos para trabajos ajenos en diversas materias. Los prólogos de Roldán incluye 36 de aquéllos.

Celia recordó que al momento de conocerlo por primera vez, hace más de treinta años, Roldán ya era «el escritor más importante y con más trayectoria en Mérida» (quizás solo tras el fallecimiento de su padre, el dramaturgo Leopoldo Peniche Vallado, a quien Raúl Vela recordó incluso apodaban «Leoprólogo»). Destacó al homenajeado como un analista generoso y objetivo, siempre crítico, que no rehuía de señalar inconsistencias y carencias en las obras comentadas. En su prólogo a los Poemas y cuentos de Adolfo Góngora López, por nombrar un caso, queda bastante claro que los poemas le desagradan y los cuentos no le impresionan, pero no deja de buscar virtudes.

«Era amigo de sus amigos. Con los otros ponía distancia, frialdad. Pero siempre era riguroso». Garduño lo puso así: «[en los prólogos de Roldán] no hay panegíricos, no hay adulación, pero hay bondad».

«El prólogo es una invitación a la lectura», recordó a los presentes, «se agradece cuando nos muestra los claroscuros de un texto» y es un motivante para adentrarse en el texto y comprenderlo.

Entre sus prólogos favoritos en el libro incluyó al que Roldán hizo a Raúl Vela en México: Belice y El Petén, el otro territorio perdido (2019), a Francesc Ligorred en Los mayas tienen la palabra (2012), a Enrique Martín Briceño en su obra sobre el músico Cirilo Baqueiro (Chan Cil y otros precursores de la canción yucateca, 2007) y el prólogo referente a Gabriel Gahona «Picheta» y al periódico decimonónico D. Bullebulle para una edición de 2005. Asimismo hizo notar que solo aparecen dos autoras mujeres en el índice de libros prologados, ambas con dos apariciones: Margarita Díaz Rubio del Centro Cultural ProHispen y la dramaturga cómica Effy Luz Vázquez.

La promotora y crítica cerró su participación con un llamado a llevar el nombre de Roldán a la onomástica urbana, «desde abajo» si es necesario y las instancias oficiales no les atienden. Así como Peniche alguna vez abogó porque una escuela llevara el nombre del poeta Ricardo Mimenza Castillo, la comentarista solicitó que la ciudad otorgue «por lo menos» a una calle el nombre de Roldán Peniche Barrera.

«El reconocimiento a los personajes por nuevas generaciones llega por los edificios», agregó, citando los casos de José Peón Contreras y Salvador Alvarado como figuras reconocidas por jóvenes a lo largo de la ciudad gracias al teatro y al deportivo, respectivamente. «Necesitamos conocer más sobre nuestra historia y nuestros personajes» declaró a manera de continuar con el legado de Peniche, haciendo además un llamado para que los maestros enseñen sobre literatura e historia yucateca.

En congruencia con su llamado, también anunció la intención de establecer una serie de «jornadas roldanescas» todos los días 6 de agosto de este año en adelante para continuar conmemorando al autor y profundizar sobre sus aportaciones a la cultura de la región.

Raúl Vela, quien fuera compañero de Roldán en la Academia Cultural Peninsular, recuerda la seriedad con la que Peniche trataba su labor de prologuista —investigando sobre los temas, nutriéndose con lecturas adicionales—. Evocó algunas divertidas anécdotas sobre los últimos años en la vida de Roldán y la lucidez que mantuvo hasta el final (uno de sus últimos prólogos fue para el Berzunza de Vela Sosa, 2023, sobre el gobernador asesinado).

Vela leyó algunos fragmentos del libro de prólogos destacando su carácter «generoso, noble, dedicado». «Aquí van a encontrar a Roldán y conocerlo en sus prólogos».

Para el compilador, Jaime Méndez, «más que presentar un libro, lo que nos une hoy es honrar a Roldán». Agradeció el apoyo recibido por parte de Sedeculta, los autores prologados, la familia de Roldán y los presentes. Hizo un recorrido de la carrera de Roldán, a quien llamó un «polímata de la literatura» —destacado como periodista cultural, traductor, crítico, poeta, novelista, caricaturista, cronista, enciclopedista y ahora reconocido como un gran prologuista, capaz de internarse en cualquier tema ya fuesen «cuestiones de artes gráficas, de artistas olvidados, plástica, historia, poesía maya, biografías, humorismo, geográficas» y llamó la atención a su manejo de la crítica social.

Su prólogo a Los mayas tienen la palabra, de Ligorred, por ejemplo, lo culmina con un llamado que nos recuerda a la petición de Pedrero:

[…] por eso resulta chocante el levantarle un monumento a los Montejo, padre e hijo del colonialismo yucateco, precisamente en el Bicentenario de Independencia Nacional […].

Sugerimos, más tarde, levantar una estatua al mártir Canek, en plena Plaza Mayor, para contrarrestar la ignominia, pero tampoco fuimos escuchados. ¡Qué pena… y qué vergüenza para los yucatecos!

Una sesión de preguntas y comentarios permitió la participación de algunos de los asistentes, entre quienes se incluyó el artista danés Christian Rasmussen, quien recordó el prólogo que Roldán escribió para su libro Con todo respeto, soy prostituta. El libro permanece inédito ya que, debido al tema de su contenido —la entrevista a una sexoservidora que también es poeta—, Peniche fue el único en el comité de selección que creyó en el proyecto y aprobó su publicación, lo cual resaltaría su capacidad de acercamiento crítico, interés permanente en la humanidad ajena y rechazo general por la moralina pública.

En sus mejores textos, Roldán emuló de manera convincente la voz de un Jorge Luis Borges (un logro exquisito para cualquier escritor), quien célebremente afirmó (citado por Méndez):

Que yo sepa, nadie ha formulado hasta ahora una teoría del prólogo —dice en “Prólogo de prólogos”—. La omisión no debe afligirnos, ya que todos sabemos de qué se trata. El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género.

Si esta compilación fuera prólogo de un nuevo lector al mundo de Roldán Peniche Barrera, descubrirá una capacidad crítica que lo aleja de la «triste mayoría» nombrada por Borges. Uno debe acercarse a él con el mismo rigor con el que Roldán leía. Es cierto que hay una parte de su obra que consiste en anecdotarios y relatos de chucherías yucatecas que no tienen el mismo interés para las generaciones más jóvenes —habitantes de una Mérida más grande y moderna, con todo lo que eso implica, en la que no todos los personajes se conocen personalmente—, y quizás tampoco tiene un gran libro excepcional que haya trascendido nacional e internacionalmente.

El folclorismo no está muy de moda en tiempos que apelan a otro tipo de relación con culturas social y violentamente diferenciadas de la propia, cuestión que incluso los mayistas y yucatólogos más comprometidos trataron con algo de ambigüedad; al hablar de «yucatecos» frecuentemente olvidaron que la mayoría de esta población todavía es maya, que la categoría no pertenece al pasado ni a los «márgenes» de ninguna sociedad, que las élites culturales predominantemente blancas son el grupo minoritario.

Pero Roldán, con el compromiso intelectual demostrado en estos prólogos y a lo largo de sus publicaciones, resultado ser el autor perfecto para el conocimiento profundo e integral de más de un momento en nuestra vida cultural como meridanos. Merece ser leído y merece ser recordado. Esperemos que la petición de Celia Pedrero para nombrar calles por él y enseñarlo en las escuelas sea tomada en cuenta, y si no, simplemente habrá que hacerlo «desde abajo».

[…] supo ver […] a través del pequeño mundo provincial que lo rodeaba, a la humanidad entera en que éste se le revelaba, y su crítica, que en primera instancia dirige a la sociedad yucateca, abarca fundamentalmente a todas las sociedades […] un artista ilustre que antes que ningún otro retrató el alma de Yucatán —que es decir el alma de México y de los pueblos de América.

Es Roldán Peniche hablando sobre Picheta en su prólogo para Michel Antochiw, pero Méndez lo cita para hablar sobre Roldán. La misma universalidad aplica y es vigente.

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