México

Dos Años de Narcoguerra: La catástrofe económica

Pérdidas millonarias, desempleo y un modelo fracturado

Semanas después del inicio de la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, que llevó a una parálisis de la vida cotidiana y económica, principalmente en Culiacán, comercios del primer cuadro de la ciudad comenzaron a cerrar cortinas. A medida que la violencia se extendía, los cierres de negocios se ampliaron hacia otros sectores. Restaurantes, bares, centros nocturnos y hoteles fueron los más vulnerables ante el autoencierro.

Cuando los enfrentamientos, robos de carros, bloqueos, asesinatos, secuestros y vandalizaciones de inmuebles se extendieron a las localidades rurales como Imala, Tepuche y Costa Rica, así como a municipios vecinos como Eldorado y Navolato, el impacto fue inmediato. El comercio de fin de semana que mantenía a flote a pequeños restaurantes locales, de pronto despareció. Los clientes ya no acudían y muchos tuvieron que dejar de operar. En Altata e Imala fue la crisis más notoria.

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Jorge Rafael Figueroa Elenes, profesor e investigador de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS, señala que en la etapa más crítica del conflicto las actividades comerciales y de servicios llegaron a paralizarse hasta en un 80 por ciento.

En los meses siguientes, y mientras las autoridades negaban la crisis pero aumentaban las fuerzas de seguridad en las calles, la ola de violencia llegó al sur del estado: Mazatlán, Rosario, Concordia, San Ignacio, Elota y Escuinapa. Allí también la actividad comercial se vio sumamente afectada. Miles de personas comenzaron a abandonar sus hogares, dejando todo.

Figueroa Elenes resume la catástrofe económica derivada de la guerra como la mayor crisis en la historia moderna de Sinaloa y César Miguel Valenzuela Espinoza, expresidente del Colegio de Economistas de Sinaloa, como una afectación que equivale a una década perdida.

En 2024 y 2025 el costo económico y las pérdidas ascendieron a más de 122 mil millones de pesos y 170 mil 500 millones de pesos, respectivamente, señala Figueroa Elenes.

“En 2024, las cosas no parecían ir mal en el primer semestre, al grado que Sinaloa se colocó en las primeras posiciones en el plano nacional. Pero el estallido del conflicto interno del crimen organizado el 9 de septiembre paralizó por completo la actividad comercial nocturna y de servicios principalmente en las regiones centro y sur de la entidad. El último trimestre del año reportó una caída drástica del 6.78 por ciento, lo que terminó por borrar todas las ganancias del inicio de año y arrastró el indicador anual a números negativos (-0.5 por ciento). Sinaloa terminó posicionándose en el lugar 29 de las 32 entidades federativas en cuanto a dinamismo anual”, detalló.

Durante 2025, añadió que el estado registró un crecimiento de entre 2.7 y 2.8 por ciento en su actividad económica anual según datos del INEGI, lo que lo ubicó en el tercer lugar de las entidades con mayor crecimiento anual, superando el promedio de la economía nacional de 0.6 por ciento, ya que el campo salvó las cifras del estado, al superar las sequías de ciclos anteriores.

“Las actividades agrícolas, ganaderas y pesqueras registraron un extraordinario incremento anual del 23.2 por ciento, impulsando de forma masiva el PIB global. Las actividades secundarias crecieron un 2.4 por ciento, liderado principalmente por el ramo de la construcción con un 6.9 por ciento de avance debido a obras de infraestructura pública y proyectos privados rezagados, pero el sector de los servicios, el comercio y el turismo, restaurantes, hoteles, entretenimiento nocturno,  prácticamente no aportaron nada al crecimiento, avanzando un marginal 0.2 por ciento”, detalló.

“Esto refleja que, aunque el campo produjo riqueza, las principales ciudades, especialmente Culiacán, continuaron sufriendo los estragos directos del repliegue ciudadano, la inseguridad y los problemas de consumo derivados de la guerra interna del crimen organizado”.

El también integrante del Equipo Técnico Multisectorial para la construcción del Plan Económico de Largo Plazo para Sinaloa añadió que esto ha ocasionado que en el periodo del conflicto miles de empresas cerraron o restringieron sus horarios de operación, ha habido miles de empleos perdidos  especialmente en el comercio y los servicios, aunque también de manera importante se ha visto afectado el sector de la construcción.

En Mazatlán se han registrado caídas significativas en el arribo de pasajeros aéreos y navieros debido a las alertas de viaje internacionales y “esa situación se complicará más ahora que parece que la mayor disputa entre los grupos en conflicto se ha traslado a esa región”, señala.

El economista explicó que en materia de crecimiento económico en el primer trimestre de 2026 hubo un retroceso y la economía de Sinaloa experimentó una fuerte recaída, registrando una contracción anual del 1.2 por ciento.

“Al realizar la comparación con respecto al trimestre previo (último de 2025), el desplome fue aún más drástico, alcanzando una caída del 4.5 por ciento. Este resultado colocó a Sinaloa como la entidad con el peor desempeño y la mayor contracción económica de todo el país en el arranque del año. El principal factor que arrastró al estado fue el sector agropecuario, el cual registró una caída crítica del 16.6 por ciento anual. De esta manera, el motor que había salvado el crecimiento en 2025 se apagó debido a una notable reducción en la superficie sembrada, bajos rendimientos en las cosechas y un impacto negativo en los precios internacionales de los productos agrícolas”.

Figueroa Elenes dijo que la violencia sólo agravó un rezago que ya era histórico.

“Creo que la violencia y la inseguridad actuales terminaron por romper el frágil modelo económico sinaloense, evidenciando que el estado no puede seguir dependiendo únicamente de ciclos agrícolas y comercios urbanos vulnerables si aspira a un desarrollo equilibrado sostenible. La crisis ha funcionado como un espejo que desnuda los rezagos históricos de Sinaloa (la excesiva dependencia agrícola, la fragilidad de sus comercios urbanos y la vulnerabilidad de su mercado laboral). La posibilidad de transformarla en un catalizador de cambio depende directamente de la capacidad de coordinación entre el sector privado, la academia y los tres niveles de gobierno para implementar políticas públicas de largo plazo”, comentó.

Las pérdidas: más de 3 mil negocios cerrados y 37 mil empleos perdidos

César Miguel Valenzuela Espinoza estimó que en los dos años del conflicto han cerrado 3 mil 500 negocios y se han perdido 37 mil 350 empleos formales en Sinaloa, esta última cifra Jorge Rafael Figueroa la calcula en 70 mil, al incluir los informales.

El expresidente del Colegio de Economistas de Sinaloa explicó que otro factor afectado es la actividad industrial que actualmente se encuentra en modo avión, porque aún cuando el INEGI señaló que la estadística colocó en abril pasado a Sinaloa en el sexto lugar nacional, esto se debe a las plantas industriales que buscan operar en Topolobampo, pero que aún no están trabajando.

“No es que tengamos una actividad industrial pujante, que es la que va a jalar a la economía. En la actualidad estamos todavía en una situación de parálisis stand-by, o como diría alguien, en modo avión, es decir, estamos estancados, porque de parte del gobierno federal no ha habido una estrategia clara. Por ejemplo, se están proponiendo créditos hasta por 2 o 3 millones, no recuerdo exactamente, pero una de las condiciones es que no estén dentro del buró de crédito, y el problema es que a estas fechas, pues prácticamente es rara la empresa que no esté ahí, estamos hablando de micro, pequeñas y medianas empresas, que son aproximadamente el 90 por ciento de las empresas que generan el empleo formal en el estado”.

El analista mencionó que otro factor que ha repercutido en el cierre de negocios y caída de ventas, es la economía ligada al narcotráfico.

“Estoy hablando de establecimientos más locales, y estos establecimientos crecen o han crecido a través del tiempo y dependen en buena medida de esto. Eso no significa que sean cómplices, quiero dejarlo muy claro. Significa que dependen en buena medida de esa derrama económica. Los más evidentes, que son los más evidentes como tales, son los restaurantes, bares, etc. Esos sí son los más evidentes, pero hay muchos más y de mayores dimensiones. Aparte de eso está la informalidad de la que hablamos (…) por ejemplo, hay actividades en el sector primario, llámese la agricultura, la minería, ganadería, donde hay fuertes inversiones. Y que prácticamente se han disparado en función de esto. Obviamente en los últimos dos años no han tenido esa dinámica, por lo que ya sabemos, porque hay una pugna tan fuerte que esto ha debilitado en buena parte esas actividades económicas, sobre todo en el sector primario”.

La gravedad de la situación económica actual es tal, que dijo que lograr una recuperación llevará una década, y para comenzar se requiere primero que las autoridades reconozcan el problema y ofrezcan soluciones reales para el sector.

Por ejemplo dijo que en Acapulco cuando azotó el huracán a las empresas les condonaron adeudos fiscales, se suspendieron cobros de impuestos, e IMSS e Infonavit dieron prórrogas y la CFE facilidades de pagos.

“Nosotros no tuvimos un huracán como el que azotó Acapulco, pero yo creo que lo que ha pasado es muy mucho peor que el huracán. Entonces, en este caso no ha habido una respuesta y también ha sido una muy débil gestión de parte del estado y de las autoridades municipales. Es decir, es una actitud un poco tímida, como que existe el temor que si se solicita el apoyo, eso puede molestar en el centro porque hay otras cosas más importantes. Yo creo que si los sinaloenses no pensamos que Sinaloa es importante, pues nadie más lo va a pensar, ¿no?”.

Cuestionó también el trabajo del Codesin, que a 30 años de haberse fundado para la promoción del desarrollo de empleos de mejor calidad y para impulsar la planeación de la economía, no ha hecho su tarea.

“Uno de los principales problemas que vemos es que no hay una aceptación del problema ni del gobierno estatal ni del gobierno federal, ¿no? Pues ya nos enteramos hace algunas semanas que desde el gobierno federal en una de las sesiones ahí mañaneras se dijo que Sinaloa estaba muy bien, que el problema ya no existía, que todo había vuelto a la normalidad. Y pues creo que todos los sinaloenses sabemos que no es así. Entonces, negar el problema es un problema todavía más grave de lo que estamos viviendo. Y aquí no me vuelvo a la analogía del paciente. Negar la gravedad del paciente, pues, en lugar de intervenir y buscar cómo sacar de esa gravedad al paciente. Son dos realidades muy diferentes”.

Con información de Ríodoce

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