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Diego San Román vino por un triunfo… y triunfó

El primer festejo de la temporada en la Plaza Mérida, fue un buen festejo. Vimos cosas de gran calidad en las faenas de Sebastián Castella, refrendamos la extraordinaria calidad de banderillero de El Galo, y nos llevamos una grata sorpresa con el joven Diego San Román. La ganadería de “Boquilla del Carmen” mandó un encierro de calidad, con estampa y trapío. Y un detalle que no es secundario en la Fiesta de Toros: La empresa puso en el tendido una banda de música de calidad, como hace tiempo no veíamos en ninguna de las plazas de Yucatán, y que tanta falta hacen, porque la música, es parte esencial de la Fiesta Brava, es totalmente inherente a su esencia.

A las cuatro y media de la tarde, hicieron el paseíllo, Sebastián Castella, de rosa y oro; André Lagravere “El Galo”, de celeste y oro; y Diego San Román, de lila y oro. El respetable hace salir al tercio a Castella, quien invita a sus alterantes a saludar también. Antes del festejo, la Peña Taurina “Tinto y Oro”, en la representación de su presidente Francisco Campos, entregó en el patio de cuadrillas un reconocimiento al ganadero Manuel Sescosse, por su importante labor de promoción y defensa de la Más Bella de las Fiestas.

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SEBASTIÁN CASTELLA. – En su primer toro, de nombre “Franciscano”, marcado con el número 48, cárdeno obscuro y con quinientos noventa kilos a cuestas, que resultó ser un manso peligroso, Castella le receta una tanda de Verónicas de buena calidad. El propio matador lo lleva a la suerte de varas dónde recibe un buen puyazo. Los subalternos cumplen bien con el tercio de banderillas. Castella inicia la faena sin brindar. Inicia con tres tandas de derechazos, la primera rematada con el pase del desdén, la segunda con el martinete, y la tercera tocando el pitó contrario. Cambia a la izquierda, pero el burel no pasa bien por ese lado. Vuelve por la derecha ejecutando pases muy arriesgados. Entra a matar y deje una entera ligeramente caída, que hace rodar al toro sin puntilla. Ovación.

Diego San Román.

En su segundo enemigo, de nombre: “Chocolomo”, número 106, con quinientos sesenta kilogramos, cárdeno capirote y caribello, Sebastián le pega unos capotazos de tanteo y una tanda de Verónicas. El burel recibe un ligero puyazo y los subalternos cumplen con los palitroques. Inicia la faena con una tanda estatuaria por la derecha a pies juntos; ejecuta una tanda de castigo quebrando el cuello del burel, viene una difícil tanda de naturales ayudados y nueva tanda de castigo; el toro remata al pasar, lo que dificulta la lidia. Viene nueva tanda por la derecha, pisando terrenos prohibidos. Entra a matar y deja una entera tendida que hace rodar al toro. Salida al tercio.

ANDRÉ LAGRAVERE “EL GALO”. – En su primer enemigo, de nombre “Místico”, número 92, con quinientos kilos a cuestas, cárdeno obscuro y veleto, que dio signos de mansedumbre durante la lidia. André lo recibe con un farol de rodillas y una tanda de Verónicas. El burel pasa con un ligero puyazo. El propio Galo cubre el tercio de banderillas: El primer par bien ejecutado, pero cae un palo, un buen segundo par, y el tercero al violín; hace sonar las dianas. Brinda al respetable e inicia su faena con pases por la espalda, pasa a la derecha, sin temple, ejecuta un molinete y cambia a la izquierda, vuelve a la derecha rematando con el pase del desdén. Ejecuta una tanda de manoletinas y entra a matar dejando un pinchazo y luego deja tres cuartos que hacen rodar al burel sin puntilla. Palmas.

Su segundo toro, de nombre “Mestizo”, número 34, con quinientos ochenta kilos, cárdeno obscuro, lo recibe con una tanda de mandiles. El toro recibe un pésimo puyazo. El Galo nos regala un lucido quite con navarras, rematadas con la rebolera. El Galo se luce con los garapullos y hace sonar la música. Inicia la faena con la montera puesta, ejecuta dos tandas de derechazos de buena factura y sufre un trompicón, el diestro responde con gran coraje y ejecuta una tanda muy arriesgada. Deja una estocada de tres cuartos y tiene que descabellar al segundo intento.

El Galo regala un toro que el juez indebidamente concedió, pues el matador lo solicitó fuera de tiempo. El burel de nombre “Lunero”, número 86, con quinientos cinco kilos, cárdeno claro, de la ganadería de Fernando de la Mora, André lo reciba a Porta Gayola y luego ejecuta una tanda de navarras y un farol. El mismo diestro lleva al burel al caballo que sufre un tumbo; recibe un pequeño puyazo. Ejecuta el tercio de banderillas, el tercer par, que son cortas, lo pone al quierbre y en una silla. Brinda al respetable y hace una faena por la derecha que remata con el molinete. Deja una entera tendida y al tercer golpe de descabello, despacha al burel.

DIEGO SAN ROMÁN. – En su primer toro, de nombre “Peninsular”, número 2, con quinientos veinte kilos sobre los lomos, cárdeno obscuro, Diego le receta una tanda de Verónicas de muy buena factura. El cornúpeta recibe un buen puyazo. San Román ejecuta un quite muy lucido por gahoneras rematado por la rebolera. El tercio de banderillas lo cubren muy bien los subalternos. Después de brindar al público, inicia la faena de rodillas y con pases por la espalda, siempre de rodillas ejecuta una lucida tanda de derechazos, nueva tanda con la derecha que remata con el martinete, el queretano ha venido en son de triunfo y se pone de nuevo de rodillas para ejecutar lucida serie que remata con el molinete, nueva tanda y hace un desplante muy corriente; entra a matar y deja una entera efectiva. El tendido se viste de blanco y el usía, con buen criterio, concede un apéndice. Gran ovación y vuelta al ruedo.

En su segundo enemigo, de nombre “Palquero”, número 48A, con seiscientos kilos de peso, negro zaino, Diego le ejecuta una lucida tanda de Verónicas, el burel recibe un buen puyazo que es muy aplaudido por el respetable. El tercio de banderillas es cubierto muy mal por los subalternos. San Román inicia su faena ejecutando el péndulo, y luego ejecuta unos lucidos pases por la espalda. Toma la pañosa con la derecha y va desgranando valor a raudales; sigue por la derecha y ejecuta molinetes con gran valor; vienen los naturales y naturales con ayudado; ejecuta unas dosantinas de gran lucimiento; cierra la faena toreando de rodillas. Entra a matar y deja una entera que hace rodar al toro sin punilla. El tendido estalla en gran ovación y se cubre de pañuelos. Con toda justicia el señor juez concede dos orejas y diego sale a hombros de la plaza.

Una buena tarde de toros.

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