
Primero
–¿Te gustó mi canción?
–¿Cuál de todas?
–La que te mandé ayer.
–¿La que comienza con
Rosete, porque hueles a zoquete,
mejor vete a ese ahuehuete?
–Sí, esa.
–Sinceramente, no me gustó.
–¿Por qué no?
–Porque no es nada original. Tus letras se parecen mucho a las de Arjona.
–¿Cómo así?
–No tienen ni pies ni cabeza.
–¿Te suenan muy filosóficas o abstractas?
–¡!
Segundo
–Rudecindo, te advierto que voy a vender ese piano.
–Ni lo pienses, cariño, ese instrumento alemán es herencia de mi bisabuela.
–Es que ya me aburrí de escuchar la misma pieza.
–Ay, mi amor, no exageres. Tú me dijiste que te gustaba mucho
Negra
Negra consentida
Negra de mi vida
Quién te quiera a ti
Mira
Mi alma adolorida
Negra de mi vida
Y es solo por ti
Es más, elogiaste la versión del Dr. Ortiz Tirado.
–Sí, pero no para que la tocaras cien veces. No sé si te has dado cuenta que esa canción tiene casi cien años, y ya estamos en 1982.
–Ay, ángel de la guarda, qué bueno que me lo dices. Voy a ponerme al día: comenzaré a sacar esa de Julio Iglesias que dice:
Tiré tu pañuelo al río
Para mirarlo cómo se hundía
Era el único recuerdo
De tu cariño que yo tenía
Se fue hundiendo despacito
Como tu amor
Pero el río un día…
–Rudecindo, sabía que eras retrógrado, pero no tanto. ¡Mato mi pavo!
Tercero
–Niños, saquen su libro de Lengua Nacional y lean de la página 72 a la 75; nada de distraerse porque luego les voy a hacer preguntas de lectura de comprensión. No quiero oír ningún ruido en el salón a partir de este momento. ¿Entendido?
–¡Sí, maestra!
Dos minutos después de la instrucción:
–Maestra, Gerardo me está fastidiando.
–Gerardo, deja en paz a Hermelinda.
–Maestra, Ruperto me está empujando.
–Ruperto, recuerda que juego de manos, juego de villanos.
–Maestra, a Mamerto le apesta el xic.
–¿Mamerto, te bañaste ayer?
–Maestra, Ermenegilda trajo pintura de uñas.
— Ermenegilda, las niñas no se deben pintar las uñas.
–Maestra, a Anacleta le huele mal la boca.
–¿Anacleta, te lavaste los dientes hoy?
–Maestra, Rosalda me está haciendo señas con sus dedos.
–Rosalda dile a Eutiquio lo que tengas que decirle, para eso tienes boca. Las señas se puedan malinterpretar.
–Maestra, Romualdo no me quiere prestar su tajador.
–Romualdo, no seas egoísta; préstaselo a Tomasa.
–Maestra, Crispín trajo un grillo verde en una caja de fósforos.
–¿Crispín, dónde atrapaste ese insecto? Déjalo volar.
–Maestra, tengo ganas de ir al baño.
–Eufrasio, sabes perfectamente que el recreo es a las diez y media. Así que aguántate.
–Maestra, aquí apesta; creo que Sabino se echó un pedo.
–Martina, en primer lugar, no se dice pedo, sino ventosidad. Y en segundo lugar, tápate la nariz y ya. Y tú, Sabino ¿Qué comiste ayer?
Se abre la puerta del salón, el conserje mete medio cuerpo y dice:
–Maestra, le llaman de la dirección.
–Ahora voy, gracias. Niños, sigan leyendo; cuando regrese les voy a hacer las preguntas que les dije hace un rato. ¿Entendido?
–¡Sí, maestra!



