
La actual calle 59 fue, durante muchos años, uno de los caminos más importantes de acceso a Mérida.
Desde el puerto de Sisal se avanzaba hacia ella en carretas y carrozas tiradas por caballos, cargadas de provisiones, mercancías y noticias que mantenían viva la comunicación con la capital yucateca.
Antes de alcanzar el corazón de Mérida, los viajeros debían cruzar el antiguo barrio de Santiago, conocido en la época colonial como el “barrio de los indios”, un asentamiento que existía desde el siglo XVI.
Frente a la iglesia del mismo nombre se extendía la antigua plazoleta de Santiago, que años más tarde recibiría oficialmente el nombre de Plaza Santos Degollado, en homenaje al destacado militar y político liberal. Sin embargo, para los meridanos siempre siguió siendo, sencillamente, el parque de Santiago.
Aquel lugar era un espacio abierto presidido por una gran ceiba, donde se celebraban reuniones populares, festividades e incluso corridas de toros.
La visita del presidente Porfirio Díaz a Mérida impulsó la transformación urbana de esa importante vía. A partir del Parque de la Paz se erigieron obras emblemáticas, entre ellas la Penitenciaría Juárez y, frente a ella, el Parque Centenario, construido para conmemorar el primer centenario de la Independencia de México (1810-1910). Metros más adelante se levantó la escuela Nicolás Bravo, al lado sur de la plazoleta del barrio de los indios.
El Salón Apolo, ubicado en el lado opuesto de la escuela Nicolás Bravo, fue inaugurado el 22 de septiembre de 1915, en pleno gobierno de Salvador Alvarado. En realidad, nació como un cine-teatro y muy pronto se convirtió en uno de los centros de entretenimiento más populares del barrio de Santiago y de toda Mérida.
El Salón Apolo, años después, cambió de nombre y de orientación comercial para convertirse en el Cinema Rívoli. Posteriormente, el recinto pasó a llamarse Cine Rex, nombre con el que alcanzó gran popularidad entre varias generaciones de meridanos. El cambio de Rívoli a Rex ocurrió a mediados de la década de 1940, aunque la fecha exacta de inauguración con ese nombre no aparece en las referencias disponibles.
El cierre del Cine Rex fue un acontecimiento muy sentido por los meridanos. En marzo de 2023, la empresa que lo operaba entonces, Cinemex, anunció el cierre de sus puertas, poniendo fin a más de siete décadas de funcionamiento continuo.
La noticia causó tristeza porque el Rex era ya el último gran cine del Centro Histórico de Mérida, sobreviviente de una época en la que existían el Fantasio, el Mérida, el Alcázar, el San Juan, el Variedades y otros muchos recintos que daban vida a la ciudad.
Tras el cierre hubo incertidumbre. Circularon diversas versiones sobre su futuro: algunos pensaban que el edificio sería demolido; otros, que se transformaría en un local comercial. Sin embargo, prevaleció la idea de rescatarlo y conservar su vocación cinematográfica. Primero se habló de la participación de una empresa extranjera y, posteriormente, el inmueble fue remodelado para renacer bajo una nueva etapa.
En 2026, el histórico edificio volvió a abrir sus puertas con el nombre de Cinespot, conservando el espíritu del antiguo Rex y manteniendo viva una tradición de entretenimiento que ha atravesado más de un siglo de historia urbana.
A Jorge Cauich Toledano ha recaído la tarea de dar continuidad a esa historia: un hombre joven, de formación en comunicación y experiencia en el servicio público, a quien le corresponde ahora sostener y proyectar un legado que forma parte de la memoria histórica del centro de Mérida.
Jorge asume la continuidad de esta historia con el reto adicional de atraer nuevos públicos a las dos salas del cine, en un barrio de Santiago que ha cambiado radicalmente su rostro: de ser en los años setenta un espacio casi apagado, ha pasado a convertirse en un hervidero de vida urbana, con presencia de extranjeros, bares, comedores y un mercado de alimentos frescos que ha devuelto movimiento a sus calles.
A esa nueva dinámica se está sumando el complejo cinematográfico, a través de una programación diversa que incluye funciones para niños y personas mayores, y que, al mismo tiempo, considera al público extranjero que ha hecho de esta zona su lugar de residencia.
Pero su entusiasmo rebasa lo estrictamente cinematográfico: aspira a convertir el espacio en un punto de encuentro cultural, abierto al teatro, las conferencias, la danza y otras expresiones artísticas, con la intención de dotar al barrio de una auténtica voz cultural contemporánea.
La tarea puede parecer sencilla, pero quienes hemos transitado durante años el periodismo cultural sabemos que es, en realidad, titánica, y que exige poner en juego ideas, incentivos, esfuerzo y trabajo sin tregua.
A la empresa Cinespot debe agradecérsele el rescate, la conservación y la puesta al servicio de la nutrida población santiaguera de un espacio tan lleno de historia.
Los jóvenes empresarios de Cinespot merecen un aplauso especial, porque han invertido capital en un periodo de predominio de la telefonía móvil.
Allí donde la luz de la pantalla se enciende en la oscuridad de la sala, la ciudad recuerda que aún sabe reunirse, emocionarse y reconocerse en una misma historia.



