Cultura

Cuatro imágenes del viaje de Carlota a Yucatán en 1865

Con cierta frecuencia, colegas y aficionados a la historia me preguntan si existen imágenes tomadas durante la visita de la emperatriz Carlota a Yucatán. La pregunta no deja de ser pertinente: aquel viaje, realizado a fines de 1865, fue uno de los episodios más singulares del Segundo Imperio Mexicano en la península y, sin embargo, su iconografía sigue siendo escasa y poco conocida.

Desde algún tiempo he reunido pacientemente noticias, referencias y documentos relacionados con esta gira, siguiendo además las pistas sugeridas por especialistas en el tema como Faulo Sánchez, Mario H. Ruz y José Iturriaga, entre otros. Fruto de esa búsqueda, hoy es posible identificar cuatro imágenes estrechamente vinculadas con el recorrido de la soberana por tierras yucatecas.

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La primera corresponde al grabado que representa la salida de Carlota del puerto de Veracruz a bordo del vapor Tabasco. La escena fue publicada en enero de 1866 por la revista francesa L’Illustration, journal universel y, según el pie de imagen, fue realizada a partir de un dibujo de M. A. Rubré. En ella se aprecia al vapor mexicano Tabasco adelantándose a otros navíos de mayor tamaño, todos engalanados para despedir a la emperatriz.

Carlota eligió viajar en el Tabasco porque deseaba hacerlo en un barco mexicano y no en el Dándolo, que, aunque más cómodo, seguro y elegante, pertenecía a la marina austriaca. Así, el 20 de noviembre de 1865 decidió embarcarse bajo la bandera nacional. La experiencia, sin embargo, estuvo lejos de ser placentera. Ella misma escribió que “el tiempo parecía bueno pero el mar estaba muy movido. El barco subía y bajaba, bailaba terrible, y tuvimos que pagar caro el honor de viajar bajo nuestra bandera durante la travesía más horrorosa de todas las que he hecho. Con excepción de la bandera, nada era mexicano: el capitán y los oficiales eran españoles que fumaban y charlaban todo el día; y la tripulación estaba compuesta por todas las nacionalidades, italianos, franceses, griegos, hasta negros había entre ellos, todos sucios y desarrapados ya que sólo para la salida y la llegada del barco se pusieron camisa limpia”.

Los registros marítimos permiten completar esa escena. El capitán del Tabasco era Martín Berreteaga y el vapor cubría en dos o tres días la ruta entre Veracruz, Frontera, Campeche y Sisal. Solía transportar mercancías consignadas por la casa Calleja y Martínez, contaba con una tripulación de diecinueve hombres y desplazaba poco más de 260 toneladas. A partir de la década de 1870 fue destinado a la línea entre Veracruz y Tampico y el capitán Berreteaga fundó familia en Villahermosa.

La segunda imagen remite al carruaje en el que la emperatriz recorrió el camino de Sisal a Mérida. Este vehículo fue exhibido en el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, inaugurado en 1925, dentro de una sala dedicada a la visita imperial, donde se reunieron objetos donados por distintas familias yucatecas que la tradición identificaba como pertenecientes o relacionados con Carlota.

Hace poco, el investigador y divulgador Manuel Zavala dio a conocer una fotografía de aquella sala, publicada originalmente en un periódico de la época. El pie de imagen dice: “La carroza en que viajó la emperatriz Carlota de Sisal hasta las goteras de Mérida. Fue después del obispo Carrillo”. El personaje aludido era Crescencio Carrillo y Ancona.

La propia emperatriz describió ese trayecto con satisfacción: “En un excelente landó de Salazar, construido en los Estados Unidos (ordenaré uno como éste para los siguientes viajes que tú me mandes hacer) recorrimos el camino”. El landó era uno de los carruajes más cómodos y elegantes del siglo XIX gracias a su sistema de suspensión, diseñado para amortiguar las irregularidades del terreno. Sin embargo, la fotografía del vehículo exhibido en el museo plantea interrogantes sobre su autenticidad, cuestiones que solo un estudio especializado podrá resolver.

Las dos últimas imágenes fueron publicadas por el Diario de Yucatán el 21 de enero de 1927, el mismo día en que el periódico informó sobre el fallecimiento de Carlota en Bélgica. Por iniciativa de Carlos R. Menéndez aparecieron dos fotografías prácticamente olvidadas desde entonces. La primera muestra “La entrada de la hacienda Chimay, engalanada para recibir la visita de la emperatriz Carlota cuando en 1865 estuvo en Yucatán”; la segunda lleva por título “La Emperatriz Carlota en su visita a la hacienda Chimay”, acompañada por la explicación de que “se ve a la exsoberana subiendo la escalera de la casa principal de la finca”.

Según Carlos R. Menéndez, ambas fotografías fueron tomadas por Félix Eloin, súbdito belga que, además de integrar la comitiva imperial, desempeñaba el cargo de ministro de Hacienda del emperador Maximiliano. Sobre aquella visita, Carlota escribió que salió de Mérida el 5 de diciembre de 1865 y que “para el desayuno llegamos a Chimay, gran propiedad con muchos peones que estaban alineados a lo largo de la carretera, dando estos gritos peculiares que ya mencioné. Allí vi la elaboración (raspar el henequén) con la máquina Solís impulsada por vapor. Una vez listo el hilo, la máquina lo trenza inmediatamente en sogas, y éstas por exportadas hacia La Habana y los Estados Unidos bajo el nombre de “sisal hemp”. En aquel entonces aquella finca, también conocida como San Pedro Chimay, pertenecía la matrimonio de María de Jesús Lara y Juan Miguel Castro, fundador del puerto Progreso.

Estas cuat.ro imágenes que he restaurado por medio de la inteligencia artificial y que se encontraban dispersas en publicaciones, archivos y colecciones, constituyen testimonios visuales de un viaje que marcó la presencia de Carlota en la península. Reunidas, permiten reconstruir aspectos de un recorrido cuya memoria permanece fragmentaria y enriquecen nuestro conocimiento sobre una de las giras políticas más importantes del Segundo Imperio Mexicano.

No deja de ser significativo que Carlota solo emprendiera dos grandes viajes sin la compañía de Maximiliano y actuando como representante del Imperio: el que la condujo a Yucatán en 1865 y el que la llevó a Francia en 1867 para solicitar el respaldo de Napoleón III. Ambos obedecían a misiones reservadas encomendadas por el emperador. Entre uno y otro se dibuja un dramático contraste: en el primero recibió homenajes, ovaciones y muestras de entusiasmo; en el segundo encontró el fracaso, el abandono y la desesperación que precipitarían el irreversible deterioro de su salud mental. Tal vez por ello, estas imágenes no solo documentan un viaje: también capturan el último momento en que Carlota recorrió México como una soberana llena de esperanzadores proyectos.

Emiliano Canto Mayén

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