
El Mundial ya no solo se juega en la cancha. También en las mesas de negociación de Wall Street.
Durante décadas, la Copa del Mundo fue el activo más codiciado del deporte. Una competencia capaz de generar miles de millones de dólares en derechos de televisión, patrocinadores y venta de boletos sin necesidad de compartir su propiedad con nadie. Ahora, por primera vez, la FIFA está dispuesta a abrir la puerta a inversionistas privados y ponerle un precio a una parte de ese negocio.
No venderá el Mundial como torneo. Tampoco perderá el control de la competencia. Pero sí comercializará hasta el 21 por ciento de la empresa que administrará todos sus derechos comerciales, una operación que valora ese negocio en alrededor de 20 mil millones de dólares.
La maniobra representa uno de los cambios financieros más importantes en la historia del futbol.
La FIFA anunció la creación de FIFA Forward Enterprises (FFE), una nueva empresa que concentrará la explotación comercial de sus principales competiciones.
En ella estarán incluidos activos tan valiosos como:
La Copa del Mundo masculina.
La Copa del Mundo femenina.
El Mundial de Clubes.
Derechos comerciales y de patrocinio de sus torneos.
La FIFA conservará la mayoría accionaria y seguirá siendo el organismo rector del futbol mundial, pero venderá hasta un 21 por ciento de esa empresa a inversionistas privados.
¿En cuánto vende la FIFA la participación en el Mundial?
El objetivo inmediato es recaudar 4 mil 200 millones de dólares.
Si el 21 por ciento del negocio vale 4 mil 200 millones de dólares, la valoración implícita de FIFA Forward Enterprises ronda los 20 mil millones de dólares.
No significa que la Copa del Mundo, por sí sola, tenga ese precio. Esa cifra corresponde al conjunto de los activos comerciales administrados por la nueva empresa.
Aun así, refleja el enorme valor económico del torneo más importante del planeta. Esa valoración supera el valor de mercado de muchas franquicias deportivas completas y coloca a los derechos comerciales de la FIFA entre los activos más lucrativos del deporte global.
Lo más llamativo del plan es que los 4 mil 200 millones de dólares obtenidos por la venta no permanecerán en las cuentas de la FIFA.
La organización pretende distribuirlos de inmediato entre sus 211 asociaciones miembro mediante un nuevo esquema denominado FIFA Fast-Forward Program.
Cada federación podrá acceder hasta a 20 millones de dólares para proyectos extraordinarios de infraestructura o desarrollo.
Además, el tradicional Programa Forward también crecerá de forma considerable.
Las subvenciones regulares pasarán de 8 millones de dólares actuales a 20 millones por federación durante el siguiente ciclo mundialista. Posteriormente aumentarán a 22 millones entre 2031 y 2034 y alcanzarán 24 millones de dólares entre 2035 y 2038.
En conjunto, la FIFA calcula que distribuirá más de 10 mil millones de dólares para el desarrollo del futbol durante los próximos cuatro años.
Infantino vuelve a intentar transformar el negocio
La idea lleva la firma del presidente Gianni Infantino. No es la primera vez que intenta atraer capital privado para explotar los activos comerciales de la FIFA.
En 2018 buscó una inversión cercana a 25 mil millones de dólares respaldada por SoftBank para impulsar una expansión del Mundial de Clubes y crear una Liga Global de Naciones, proyecto que nunca prosperó.
En lugar de vender un torneo específico, la FIFA construye una empresa especializada en administrar su negocio comercial y abre una participación minoritaria para atraer inversionistas de largo plazo.
El organismo confirmó que JP Morgan ha sido su principal asesor financiero y que Thrive Eternal, vehículo de inversión impulsado por Joshua Kushner, encabeza el grupo interesado en adquirir la participación.
También participan como asesores OpenEconomics, firma con sede en Roma, y Greg Maffei, exdirector ejecutivo de Liberty Media, compañía que revolucionó el modelo comercial de la Fórmula 1.
La FIFA insiste en que no está privatizando el futbol. Su argumento es que el enorme valor comercial del Mundial debe traducirse en más recursos para federaciones pequeñas que dependen casi por completo de las ayudas económicas del organismo.



