
Es viernes 20 de febrero por la noche, a nuestra llegada, nos encontramos con el Gran Museo del Mundo Maya desbordante de familias, como respuesta al evento “Museo de noche” donde el acceso era gratuito. Nos dirigíamos al estreno del largometraje documental “Encontrando a Felipa Poot”, del director Miguel Ángel Ventura Herrera, en la Sala Mayamax, del mismo recinto. Ambas actividades formaron parte de la conmemoración que la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SEDECULTA) organizó en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna.
Una interesante doble sorpresa. Tanto por lo positivo que resulta la presencia de familias en un espacio destinado a la preservación de la memoria histórica, como también por la conmovedora fuerza del film de Ventura Herrera, que desentraña del olvido el cobarde asesinato de la lideresa maya Felipa Poot Tzuc perpetrado hace noventa años en Kinchil.
Se trató de una muerte dolorosa, por la injusticia y las circunstancias políticas de aquellos infaustos años al inicio del siglo veinte; pero también, por la impunidad que prevaleció en torno a su muerte. Lo más indignante, a todas luces, fue la manera en que el poder, a través del sistema político, articuló los mecanismos necesarios para que dicha tragedia quedara relegada al olvido. Y ciertamente muchas décadas fue así. Incluso tergiversando la realidad de los hechos.
No obstante, gracias al empeño de personas comprometidas (antropólogas, periodistas, luchadoras y luchadores sociales) con la memoria de los pueblos y de los hombres y mujeres que los habitan, y que se han mantenido en la lucha por sus derechos, la espesa bruma alrededor de Felipa Poot Tzuc se ha ido despejando, evidenciando la verdad de los hechos acontecidos, así como el valor de las acciones y la trayectoria política de quien fuera líder de la Liga Feminista “Rita Cetina Gutiérrez” en Kinchil.

Es en el mismo ámbito de recuperación de nuestra memoria local que se inscribe el largometraje de Miguel Ángel Ventura. Desde los primeros minutos, “Encontrando a Felipa Poot” rompe (y cuestiona) con la historia forjada desde las plumas del poder, como fue el caso del escritor Martín Luis Guzmán, en cuyo libro de cuentos “Kinchil”, publicado una década después del asesinato de Felipa Poot, narra el asesinato, pero como si hubiera sido producto de una riña entre mujeres.
Basándose en entrevistas a expertos, tal tergiversación “literaria” de los hechos, pronto es puesta en entredicho. Voces autorizadas como la del luchador social y politólogo Jesús Solís Alpuche, la antropóloga Georgina Rosado Rosado, la periodista Socorro Chablé y el historiador y cronista de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, Carlos Chablé Mendoza, aunado a las voces de familiares de Felipa Poot, se va tejiendo una narrativa que conduce al espectador hacia una nueva comprensión sobre la labor política que Poot Tzuc realizó en favor de la mujer, la educación y los trabajadores desde su población.
Pero es en el tránsito hacia esa nueva reflexión que sucede una identificación primordial con los hechos relatados cinematográficamente. Algo en el lente del director Ventura Herrera, en la elección de tomas y escenarios reconocibles de Yucatán, en la fotografía, en los sonidos y palabras en lengua maya que se entremezclan con la música que acompaña la historia, donde ocurre esa impronta que solo el cine como arte deja en el espectador.
En el clímax de la historia, en los instantes que sucedieron al balazo que un testaferro del poder envió para asesinar a Felipa Poot, un silencio y una pantalla oscura fueron símbolos de congoja e indignación, mismos que fueron patentes en el sollozo sostenido de algunos espectadores, o en las palabras impotentes que alguien dejó escapar desde la rabia.

Un documento fílmico contundente, bien logrado desde el guion y la forma en que la historia fue contada, con actuaciones que fueron recreando distintos momentos de la vida de la lideresa de Kinchil, y también desde el testimonio de los familiares que vuelven a este largometraje documental una película esencial para la comprensión de nuestra historia e identidad.
Al finalizar la cinta una ovación reconoció la labor de creadores, productores y participantes. Además de la Secretaria de la Cultura, la Mtra. Patricia Martín Briceño, que presidió el estreno, también estuvieron presentes diversas personalidades de la comunidad artística, cultural y académica de la entidad. Estuvieron presentes también habitantes de Kinchil y su presidente municipal.
Palmas para la actriz Verónica May, en el papel de Felipa Poot adulta; para el actor, Juan Ramón Góngora, en el papel de Mario Tenorio, y por supuesto, para su director, Miguel Ángel Ventura Herrera. Un gran mérito, sin duda, para el cine yucateco. Esperemos que el largometraje encuentre espacios para una extensa temporada de exhibición y que pueda llegar a diversos lugares.
En nosotros queda la responsabilidad histórica de mantener la memoria de Felipa Poot Tzuc, para que su nombre no vuelva a ser silenciado por la bruma del poder.



