Francia goleó 4 a 1 a Noruega con un hat-trick de Ousmane Dembélé y, en Boston, aseguró el primer puesto del grupo I del Mundial 2026.

A falta de confirmación, el rival del seleccionado francés en dieciseisavos de final será Suecia, mientras que los noruegos, que pasaron como escoltas, chocarán con Costa de Marfil.
Toda la expectativa que se había generado por el cruce entre los dos equipos europeos, uno consolidado como una potencia y el otro emergente, con el foco en el ‘duelo’ entre Kylian Mbappé y Erling Haaland, empezó a diluirse en la previa, cuando Stale Solbakken optó por alinear un equipo íntegramente alternativo: el único que se mantuvo en el XI inicial fue Fredrik Aursnes, hoy lateral derecho.
Como el gol sobre la hora de Senegal le había sacado al seleccionado escandinavo la posibilidad de ser líder con el empate, el entrenador fue pragmático: descanso a los titulares, como Haaland, Odegaard y Sorloth, pensando en los dieciseisavos de final, prescindiendo de una lucha contra el vigente subcampeón del mundo.
Guy Stephan, quien reemplazó a Didier Deschamps por el fallecimiento de su madre, eligió a un equipo lleno de talento y variantes, con Mbappé, Dembélé, Olise y Doué en los puestos de ataque. Si bien realizó variantes respecto al debut, Francia tiene tanto, principalmente en ofensiva, que siempre va con un XI top.
Dembélé, el MVP indiscutido
Y los galos empezaron a confirmar ese favoritismo, exacerbado por las noticias de último momento, desde el vamos: Mbappé necesitó de 20 segundos para recibir, encarar y sacar un tremendo remate que se estrelló en el travesaño.
No fue un aviso aislado, porque Francia, aprovechando siguió atacando con decisión. Y a los 7 minutos tuvo su recompensa. Noruega la perdió en la salida y Mbappé, muy rápido, le metió un largo pase a Dembélé, que recibió con espacios, entró al área, enganchó para los dos lados y sacó un derechazo cruzado que venció la resistencia de Selvik.
El mismo asistidor y el mismo goleador tuvo el 2-0, antes de los 20′, pero en este caso fue un zurdazo del vigente ganador del Balón de Oro.
Noruega había insinuado una reacción, pero el descuento llegó incluso más fácil de lo esperado: ¡sacando del medio! Movieron desde mitad de cancha, juntaron un par de pases y Thelo Aasgaard, tras un gran quiebre de cintura sobre su marcador, definió al primer palo para poner el 1-2.
Pero la reacción se diluyó poco después, porque Dembélé, figura excluyente del encuentro, recibió de Tchouaméni y, tras amagar con el tiro, volvió a clavarla al segundo palo, nuevamente de zurda, para redondear una media hora histórica: no solo es el tercer francés con tres goles en un partido mundialista, tras Just Fontaine (dos veces en 1958) y Mbappé (en la final con Argentina en 2022), sino que anotó el segundo hat-trick más rápido en la historia de la competencia, solo superando por el austríaco Erich Probst en 1954.
Aunque el crack del PSG pateó tres veces, con igual cantidad de goles, la dinámica del partido no respondía solo a su genio: Francia había llegado mucho, desbordando a su rival por el medio y las bandas, con protagonismo muy repartido, como los remates de Koné, Olise y Doué, además de los mencionados Mbappé y Dembélé.
Sin nada para perder, Francia y Noruega jugaron un partidazo
Luego del primer tiempo, tan dinámico y entretenido, la vara había quedado alta. Pero Francia y Noruega habían dejado muy claro que, sin tanto en juego -el primer puesto ya parecía pertenecerle a los galos-, no iban a resignar el ataque.
Y en la primera del complemento, los escandinavos estuvieron a punto de descontar. Theo Hernández bajó a Oscar Bobb, que empezó a aprovechar los espacios que dejaba la defensa francesa, y le cometió penal. Pero la situación no fue aprovechada por Jørgen Strand Larsen, que anunció su remate y se encontró con una buena reacción de Mike Maignan, un especialista de la materia.
En la réplica, Selvik llegó justo antes que Mbappé, convirtiendo al partido en un ida y vuelta constante que les permitía a los dos quedar mano a mano con el arquero. Así, Bobb forzó otra buena atajada de Maignan, más seguro que su defensa: todo el brillo ofensivo de Francia, por momentos, parece opacado o al menos amenazado por errores defensivos ajenos de una potencia que apunta a ganar el Mundial.
Solbakken no mandó a sus figuras a la cancha buscando al remontada, pero Stephan sí movió el banco, posibilitando el ingreso de Cherki, Barcola y Konaté, una muestra del poderío francés.
El partido disputado en Boston fue un partidazo porque ninguno parecía tener algo para perder. Así como Turquía le ganó 3 a 2 a Estados Unidos este jueves, en un encuentro que no valía por nada, Francia y Noruega no jugaron por el primer puesto: jugaron para buscar el arco rival y ganar confianza de cara al tramo final del torneo, el que de verdad importa. De a ratos, en las transiciones en mitad de cancha, hasta parecía un entrenamiento.
Los campeones en 2018 y subcampeones en 2022 llegan con todos sus cracks en estado de gracia. Un día brilla Olise, en otro partido la rompe Mbappé y para cerrar la fase de grupos se destaca Dembélé. Eso también es Francia, un equipo con mucho fuego en ataque y algunas dudas en defensa.
Su próximo rival será un tercero, casi con seguridad Suecia, el martes 30 de junio en Nueva York – Nueva Jersey, mientras que en octavos de final asoma otro primero: Alemania.
Noruega, por su parte, dosificó los minutos de sus mejores jugadores y dio un paso adelante al plantarse contra una potencia, pero su mirada y su cabeza estaba en dieciseisavos de final, donde se medirá con Costa de Marfil el martes 30 en Dallas. El regreso a una Copa del Mundo después de 28 años ya es un éxito, y de la mano de Haaland y compañía buscará seguir avanzando y, por qué no, cruzarse con Brasil (o Japón) en la siguiente instancia.



