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Ciencia y saber comunitario fortalecen la milpa maya

Un proyecto respaldado por la Secihti Yucatán suma investigación y conocimiento tradicional para mejorar la producción de variedades nativas del maíz.

Mérida, Yucatán, 29 de septiembre de 2025.- La vinculación entre saberes tradicionales con investigación contemporánea rinde frutos que benefician no solo al sector académico, sino también el bienestar de las familias, tal como lo es el proyecto “Transferencia tecnológica para mejorar la producción de maíz nativo (Zea mays L.) ‘Naal Xoy’ en sistema milpa”.

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Con el respaldo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) Yucatán, esta iniciativa se lleva a cabo en las comisarías de San Dionisio y Dzonotchel, Peto, bajo la responsabilidad de Efraín Castillo López, docente de la Universidad Tecnológica del Mayab. 

Su propósito es mejorar el rendimiento del maíz nativo y aumentar el volumen del grano para el autoconsumo, esto a través de prácticas agrícolas  amigables con el ambiente, tal el caso de productos biorracionales para el control de plagas y infermedades, así como bioinsumos enriquecidos con minerales como la roca fosfórica, magnesita y zeolita para la fertilización.

En el marco del Día Nacional del Maíz, el académico explicó que la milpa es un policultivo que integra semillas como maíz, frijol o ibes, calabaza y raíces como yuca o camote que interactúan y pueden beneficiarse entre sí. Por ejemplo, las leguminosas aportan nitrógeno al suelo, mientras que las demás plantas dan sombra y cobertura vegetal. 

Castillo López detalló que el trabajo surge del reto de mitigar el rendimiento promedio del maíz de bajo temporal, que oscila en alrededor de 800 kg por hectárea, mientras que el consumo anual por familia nuclear con cinco integrantes, y atendiendo las necesidades de animales y aves en el solar, supera la tonelada, por lo que es importante mejorar la productividad de forma sustentable. 

Bajo ese contexto, la iniciativa trabaja con cuatro variedades nativas que poco a poco se han dejado de sembrar, que son la Ts’íit bakal, Naal Xoy, Nal t’eel y Eh hu, para contribuir a la seguridad alimentaria.

“En este proyecto, los productores son el agente central. Se involucran desde los talleres participativos y en las prácticas que estamos desarrollando: la fertilización, la elaboración de insumos y la elaboración de trampas para el monitoreo del gusano cogollero. También participan en el monitoreo y están activos durante todo el proceso productivo del cultivo”, indicó. 

Para Simón Carvajal Bolio, productor de San Dionisio, el acompañamiento ya representa cambios concretos, pues aprendieron sobre el manejo adecuado y beneficios de los fertilizantes orgánicos, así como un mejor arreglo topológico del terreno para eficientar la producción. 

“Antes estábamos acostumbrados a quemar; ahora ya no lo hacemos, porque, como dice el maestro, dejar la cobertura vegetal conserva la humedad. Eso nos beneficia mucho. Nuestros antepasados juntaban la caña y la quemaban; en esa parte el proyecto nos está ayudando”, relató. 

La bondad del proyecto es que el aprendizaje ocurre en ambos sentidos: La experiencia comunitaria permite identificar problemas y valorar qué tecnologías resultan pertinentes, mientras la investigación aporta herramientas para medir, comparar y mejorar las prácticas. Actualmente participan 17 productores, con interés en incorporar a otros 25 integrantes de Sembrando Vida.

“Considero que esta sinergia entre la Secihti, la Universidad y los productores forma un triángulo de vital importancia para lograr los resultados esperados de cualquier proyecto. Buscamos que el proyecto sirva para involucrar a las nuevas generaciones en las actividades de la milpa, ya que es un sistema de producción viable que nos permite obtener nuestros propios alimentos para el consumo anual”, finalizó Castillo López. 

Esta iniciativa forma parte de los 28 proyectos respaldados por la Secihti Yucatán mediante el Programa para el Fortalecimiento al Conocimiento Científico, Tecnológico e Innovación, “Investigadoras e Investigadores por Yucatán”. El plan impulsa proyectos de universidades y tecnológicos del estado con apoyo económico y acompañamiento especializado, para que la ciencia y la innovación respondan a necesidades regionales y fortalezcan las capacidades de sus comunidades.

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