Campeche

Campeche sepulta su acervo histórico

La arcada del histórico panteón de San Román no ha sido reconstruida desde que colapsó en agosto de 2025; la obra debe realizarla el Ayuntamiento: INAH

La tumba del gobernador Luis García Amézquita —hijo del prócer Pablo García y Montilla— permanece soterrada y olvidada entre los escombros, en el histórico Cementerio de San Román

San Francisco de Campeche, Cam., 28 de julio.— Los arcos y cimientos de este recinto se derrumban, vencidos por el paso del tiempo. El Cementerio de San Román, testigo de siglos, no es ajeno a esa ley natural que todo lo transforma; pero lo que duele no es el tiempo, sino la negligencia humana que ha dejado perder una herencia que debió ser custodiada con respeto.

Más allá de la importancia histórica de quien allí descansa —Luis García Amézquita, hijo de Pablo García y Montilla, reconocido como el emancipador de Campeche—, lo que esta imagen revela es el abandono de las instituciones encargadas de preservar la memoria colectiva.

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Basta adentrarse en este sitio, última morada de generaciones que vivieron desde la época colonial hasta nuestros días, para comprender que no se trata solo de piedras rotas: aquí yace parte de nuestra identidad. Los cementerios antiguos son el espejo de una comunidad: cuentan sus glorias, sus duelos y el rumbo que ha seguido su gente. Hoy, esta tumba olvidada parece marcar también el límite entre lo que fuimos y lo que estamos dejando de ser.

BAJO LA RESPONSABILIDAD DEL AYUNTAMIENTO

De jurisdicción municipal, el Panteón de San Román, ubicado en el tradicional barrio del mismo nombre en San Francisco de Campeche, fue inaugurado oficialmente el 19 de marzo de 1821.

Es uno de los cementerios municipales más antiguos y de mayor valor patrimonial de la región, al reflejar la transición histórica, arquitectónica y social de la ciudad desde finales de la época colonial.

​El 10 de agosto de 2025, un histórico arco del siglo XIX y parte de la estructura del panteón se derrumbaron en este camposanto. El colapso dañó lápidas y dejó tumbas expuestas, lo que ha generado el reclamo de los ciudadanos por la falta de mantenimiento.

​El pasado 26 de julio del año en curso, el licenciado en antropología Emiliano Canto Mayén publicó un artículo sobre el derrumbe ocurrido hace ya casi un año, subrayando el estado lamentable en que se encuentra la zona del siniestro, en donde están ubicados sepulcros con siglos de antigüedad.

​Al antropólogo le llamó la atención un caso en particular: el de la tumba de quien fuera gobernador de Campeche de 1903 a 1905, Luis García Amézquita, hijo de Pablo García y Montilla.

​Al respecto, Canto Mayén escribió:

​»Justo ahora que comienzo a escribir estas líneas, sostengo en mi mano izquierda dos fragmentos de mármol italiano. Son piezas irregulares, quebradas hace poco por el golpe de un martillo o un pico. Mientras las observo, una tormenta de pensamientos —mezcla de indignación, tristeza e impotencia— se agolpa en mi mente. Sin embargo, como en la Odisea, hay momentos en que no queda más remedio que escribir cuando la musa así lo exige.

​»Con frecuencia, amigos e incluso personas que acabo de conocer, al enterarse de mi profesión y de mis estudios, me preguntan si determinado personaje histórico merece un monumento o si apruebo o condeno que un movimiento de protesta haya pintado o derribado una estatua en una plaza pública.

[…]

«Después de ese breve recorrido —les aseguro— dejarán de pedir nuevos monumentos y comprenderán por qué, en medio de una protesta social, importa muy poco si la persona representada descubrió la bombilla eléctrica o encontró la cura para la fiebre amarilla.

​»Una sociedad que no cuida la memoria escrita difícilmente podrá conservar la memoria esculpida en piedra.

​»En cuanto al poder y las tumbas, toda gloria humana es pasajera. Cada vez que contemplo una estela egipcia o una lápida romana, inevitablemente me pregunto qué fue de los huesos de aquellas mujeres y hombres cuyos nombres fueron inmortalizados en la piedra. La historia enseña, una y otra vez, que el poder conoce el esplendor, pero también la ruina».

​En Campeche, Luis García Amézquita —como tantos gobernantes antes y después de él— experimentó en carne propia esa inevitable condición.

​De acuerdo con el biógrafo Gilberto Romero Lavalle, Luis García Amézquita nació el 21 de julio de 1859, cuando su padre, el licenciado Pablo García y Montilla, gobernaba el Estado de Campeche. A lo largo de su trayectoria pública ocupó diversos cargos en el Poder Judicial, fue diputado local y secretario de Gobierno.

​En 1903 fue electo gobernador constitucional del estado y tomó posesión el 26 de septiembre de ese año. Durante su administración abrieron sus puertas la Escuela Modelo para Niños, la Escuela Normal de Profesores y el Palacio Municipal de Hecelchakán.

​Murió en funciones el 15 de junio de 1905, a la edad de cuarenta y seis años. El gobierno le rindió funerales de Estado y decretó como fechas conmemorativas el 24 de enero y el 31 de julio de cada año en honor al nacimiento y fallecimiento de su padre, Pablo García, primer gobernador constitucional del estado e impulsor de la creación de Campeche como entidad federativa.

​En el Cementerio General de San Román se levantó en su memoria un monumento sobrio y elegante, elaborado en mármol italiano. Estaba compuesto por un obelisco trunco y una lápida que llevaba inscrita la leyenda: «Luis García Amézquita. Junio 15 de 1905». En la base del obelisco podía leerse: «El Estado de Campeche. A su gobernante».

​»El 5 de mayo de 2024 visité el Cementerio General y tomé las fotografías que acompañan este artículo. En ellas puede apreciarse que la lápida permanecía íntegra. Dos años después, este domingo 26 de julio de 2026, regresé al mismo lugar. Lo que encontré me obligó a interrumpir mi recorrido. La lápida había sido destruida. Los fragmentos de aquel mármol italiano —los mismos que ahora sostengo mientras escribo estas líneas— yacían dispersos sobre la tumba. Lo que en 2024 era un monumento íntegro, en 2026 se ha convertido en un conjunto de escombros», escribió el antropólogo.

​EL AYUNTAMIENTO DEBE HACER LA RESTAURACIÓN: INAH

​Recién ocurrido el derrumbe del arco histórico del cementerio de San Román, el jefe del Departamento de Trámites y Servicios Legales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Jorge Aguilar Montero, afirmó que, por ser parte de la Zona de Monumentos Históricos, se tiene que reconstruir la arcada que colapsó y que la institución responsable de ello es el Ayuntamiento de Campeche.

​El inmueble tiene características históricas y constructivas de finales del siglo XIX, por lo que los trabajos deberán realizarse bajo la estricta tutela y supervisión del personal técnico del INAH, el cual está compuesto por arquitectos de la Sección de Monumentos Históricos.

​Como consecuencia del derrumbe se vieron afectadas varias bóvedas y sepulcros, de cuyas reparaciones también tiene que hacerse cargo el Ayuntamiento, informó hace ya un año Aguilar Montero.

​»ESA PARTE ES DEL INAH»: SEPULTUREROS

​Estamosaqui.mx platicó con el personal que cuida y da mantenimiento al cementerio de San Román, quienes confirmaron que, desde hace casi un año, se les instruyó para que no intervinieran en la zona del derrumbe, por lo que afirman que el lugar se encuentra tal y como quedó cuando los arcos sucumbieron.

​De acuerdo con los trabajadores del Ayuntamiento de Campeche, el lugar del derrumbe fue supervisado el año pasado por personal del INAH y Protección Civil Estatal, pero hasta el momento no se ha informado sobre cuándo iniciará la obra para recuperar las arcadas y bóvedas dañadas.

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