
—Esto es oreja. Tiene partes duras y blandas. Pruébenla, está rica.
No me gusta este modo. Prefiero la acción directa. Pero como quieren que todo sea discreto…
—Y eso que ven es sikilpak, es como un dip de pepita de calabaza, tomate, chile y cebolla.
—Mejor di que es un paté.
—Paté me suena antiguo, wey…
Son demasiados en la mesa. Se supone que solo serían dos personas. Y todavía llega uno más.
—¿Qué onda, Mike? Qué chido que ya llegaste.
—Y aquí tienen huevo con longaniza. Se come en tacos, embarrándole su frijol…
—Vamos a juntar otra mesa. ¡Ey, mesero!
Hay demasiada gente en la mesa, carajo.
—Hazle la mano al mesero.
—¿Y por qué se la voy a hacer, wey? Veo que el bato tiene las dos manos.
—Que le hagas una seña con la mano, hombre.
—Ah, vaya. ¡Qué chistoso eso de hacerle la mano! ¿Así dicen?
—Bueno, así hablamos. ¿Qué tiene de malo?
—¡Chin! Ya ocuparon la mesa… Vamos a estar achocados.
—Oigan, ¿ven a ese que está ahí husmeando en la barra? Ese nunca quiere regresar a su casa. Se pasa todo el tiempo buscando que lo inviten a los bares y a los cafés…
—Pues que no se acerque por aquí porque lo pateo…
—Me gusta esta cebolla curtida, me pasaría comiéndola, aunque fuera la única botana.
—Sí, y qué olor tan rico te va a dejar.
—Mañana vas a dejar perfumado el inodoro.
—¡Oye, no seas puerco!
—Es que sí, la botana te deja sus huellitas; una vez pensé que estaba yo pasando sangre, ¡roja estaba mi caca! Pero eran los dos platos de remolacha que me zampé.
—¡Oigan, ya! ¡Dejen de hablar de eso! ¡Estamos comiendo!…
—Aquí le llaman remolacha al betabel, tostadas a los totopos, chicharra al chicharrón, ustedes le cambian el nombre a todo.
—Más bien son ustedes los que se lo cambian…
—Ensalada rusa, con sus galletas de soda…
—Pero estas son las de acá, no son tan saladas como las de México.
—Cada lugar con sus gustos, chava…
Ya me tardé más de la cuenta. Paciencia, paciencia…
—¡Te comiste todo el espagueti! Te lo agenciaste tú solo…
—Es que como viviste en Italia no me imaginé que este te gustara.
—Bueno, es diferente, pero me gusta.
—Disculpa. No te preocupes, ahora pido otro platito.
Coño, y se acercan otros a saludarlo.
—Hola, wey. ¿Ya listo para mañana? El yate quedó a toda madre.
—¿Van a pasear en yate? ¡Újule, manitos!
—¿Y por qué sólo lo invitas a él?
—Es que vamos puros hombres.
—Así que club de Tobi.
—Pues si es club de Tobi entonces invítame a mí, soy hombre.
—Es que a ti casi no te veo, la neta. Esto es algo de cuates que nos conocemos de años.
—Uh, uh, a ver cuánto tiempo voy a esperar para ser cuate de años.
—Nos vemos mañana entonces. Que la sigan pasando bien.
—Creo que hay mucho calor, ¿no lo sienten ustedes? Voy a tener que irme al rato.
—¡Lindas damitas, distinguidos galanes que nos acompañan esta tarde en el mejor restaurant-bar de la ciudad!
—Oye, qué bien, vaporcitos. Esos son tamales…
—Y los pimitos de chaya. Si los gringos hubieran conocido la chaya, Popeye no hubiera comido espinacas.
—Si viniste a Yucatán y no subiste cuando menos cinco kilos entonces no viniste.
—Qué barbaridad… ¿Y quién dice eso?
—Es un chiste de aquí.
—Es una exageración esto, botana y más botana. Con razón están ustedes tan gordos, feos y chaparros…
—Eso sí que no me gustó, tú… ¿Qué pedo traes, wey?
—Perdón, perdón, no lo digo por ustedes.
—¿No? ¿Y contra quién?
—Ya, ya, párenle…
Maldito mesero dándole a la lengua. Me está tapando la vista.
—¡Familia, veo tres mesas con una sola persona! ¿Por qué están solas? Al rato los voy a juntar en una sola mesa para que se conozcan. ¡Qué siga la diversión en este su restaurant-bar favorito!
—¡Quihubo, Pedro! ¿No eres Pedro, el de la tienda? Disculpa me confundí.
¡Quihubo, Pedro! ¡Estúpido! Estoy demasiado tenso…
—Ahí’stá el espagueti, todo tuyo, bella señora.
—¿Qué? ¡No te escucho!
—Es un escándalo el de aquí, sólo porque la botana…
¿Tendría caducidad esta sustancia? ¿En cuánto tiempo surtiría efecto?
—¿Es tu cel el que está sonando?
¿Y si la vomita al momento?
—Voy a salir a contestar la llamada, ahorita vengo…
—Oigan, yo voy a echar una fumada afuera, ¿quién me acompaña?
—Voy contigo.
—Yo mientras voy al baño…
—Uh, yo también. Ya me urge…
Solo al fin, es el momento.
—¡Oiga! ¡Se le cayó la cartera!
—Ah, muchas gracias. Muy agradecido, caballero.
Qué suerte. Entró toda la dosis.
—¡Quihubo, qué sorpresota, mano?
¿Y ese tipo que está llegando?
—¿Dónde andabas, wey? ¿Quieres tomarte algo? Estoy con cuates y cuatas, pero ahí andan…
—Una cubita estaría bien.
—Me acaban de servir este trago, es ron con agua y coca. No lo he tocado, tómalo.
Le está ofreciendo su vaso. ¡Lo va a beber! ¡No, no, no!



