Cultura

Amor, amor, amor (Ricardo López Méndez)

Hasta el momento en que entendió que está enamorada de Jorge, Nidia había vivido la vida de la mayoría de las mujeres: algunas bodas, algunos divorcios, algunos amantes. El último de ellos la quiere especialmente, ellos lo soportan mejor que los demás, no solo porque es sumiso, sino porque también es útil.

Es un contador que, cuando ella empezó a trabajar en esa oficina, la ayudó mucho. Es un poco mayor que ella pero parece un eterno estudiante postrado en una admiración hacia ella, la encuentra la más guapa y la más inteligente y sobretodo la más sensible de todas.

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La sensibilidad de su enamorada es como un paisaje de pintor con sombras de árboles inimaginablemente retorcidas y sobre él (el cuadro) un cielo lejano y azul, la morada de Dios. Cada vez que entra ese paisaje siente el indiscutible deseo de caer de rodillas, permanecer como ante un milagro divino. Así era su amor por la hermosa Nidia.

Fin.

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