Opiniones

María Asúnsolo, gran promotora del arte mexicano

María Asúnsolo

En la larga lista de mujeres célebres de nuestro país, destaca por su brillo propio el nombre de María Asúnsolo. María fue una mujer extraordinariamente bella, fue retratada por los más grandes artistas de Nacionalismo Mexicano, llevo una vida de sentimientos y emociones poco común y dedico grandes esfuerzos a impulsar el arte y a los artistas de nuestra nación.

Hija del general zapatista Manuel Dolores Asúnsolo y de una francocanadiense, Marie Morand, nació realmente en los Estados Unidos; pero su mexicanidad exacerbada le hizo realizar grandes esfuerzos para borrar los rastros de ese origen y ella, se declaraba orgullosamente nacida en Guerrero, circunstancia que encajaba perfectamente con la militancia de su padre en el ejército sureño y que ponía a salvo su sentimiento nacionalista tan arraigado. De remoto origen vasco; pues el primer Asúnsolo y antepasado de María, llega a México en tiempos de Agustín de Iturbide y del Primer Imperio Mexicano, invitado por el propio emperador, pues era un notable estratega militar; se llamaba Juan Manuel Asúnsolo y llega a México con su esposa, una italiana llamada Francesca Saquí; todos los Asúnsolo de México descienden de esta pareja. Entre los miembros destacados de la familia podemos mencionar al escultor Ignacio Asúnsolo, al poeta y pintor Enrique Asúnsolo y a la gran diva del cine Dolores del Río, quien era prima hermana de María.

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Retrato de María Asúnsolo por Juan Soriano

Su padre muere en una fiesta en el Jockey Club; pues al hacer un sonoro brindis con gran entusiasmo revolucionario y defendiendo el zapatismo en este lugar, un individuo de apellido Escandón, obviamente estrechamente relacionado con el antiguo régimen porfirista, correspondió a éste con un certero tiro en la cabeza. A la muerte del padre, la familia se muda a los Estados Unidos, donde María recibe una esmerada educación en el colegio Lady of the Lake, en San Antonio, Texas, donde también su madre se vuelve a casar.

Frecuentes conflictos con el padrastro hacen que María pronto busque otros lares y, sobre todo, su independencia.

María se va a vivir a México a casa de su tío Juan Manuel, hermano de su padre, hombre acomodado y de muchas relaciones sociales. En casa de su tío, conoce a un joven de familia alemana llamado Agustín Diener, propietario de la conocida joyería “La Perla”, en la calle de Madero y se casa con él. De este matrimonio nacería su único hijo, Agustín. El matrimonio no dura mucho tiempo y después del divorcio se suceden una serie de hechos que afectarán grandemente su vida; el más terrible, el secuestro de su hijo por el exmarido y el peliculezco rescate del niño, nada más y nada menos, que por David Alfaro Siqueiros, con quien María había entablado una relación y que, además, inmortaliza el suceso en un cuadro titulado “El Rapto”. María y Siqueiros se habían conocido en el taller de su tío Ignacio, el escultor; y su sonada y tormentosa relación duró por varios años, hasta 1938, en que Siqueiros se casa con Angélica Arenal. Ya en ese entonces, María era considerada la mujer más bella de México y surge una verdadera fiebre por inmortalizarla en la plástica de la época; así, es retratada por el propio Siqueiros, Jesús Guerrero Galván, Juan Soriano, Diego Rivera, Jesús Escobedo, Carlos Orozco Romero, Raúl Anguiano, Federico Cantú, María Izquierdo y esculpida por su propio tío Ignacio. Esta colección de la imagen de María se conserva en una sala especial del MUNAL.
Otro escándalo, pero gracioso éste, de la relación con Siqueiros con María, se dio, al revelar, un periodista que se había colado a casa de María, que en la recámara de ella había un Cristo crucificado pintado por Siqueiros. Siendo el “Coronelazo” un ateo confeso e irredento, aquello constituía un verdaderos escándalo, el cual fue acallado por María al revelar que el cuadro había sido pintado cuando David tenía apenas diez años y que ella lo conservaba porque “era algo muy querido”; y ella, comunista como era, declaró además: “Todo es de todos, incluyendo las ideas”.

A fines de los 30’s, María se instala en el Edifico Anáhuac, en el número 137 del Paseo de la Reforma, en el departamento 8. Muy pronto este lugar se convierte en una gran galería de arte mexicano y en un obligado centro de reunión de la intelectualidad de la época. A María nunca le interesó su galería como negocio, nunca hizo firmar a los artistas contrato alguno, su palabra bastaba y siempre pagó religiosamente toda obra vendida, descontando el 25% de comisión, a diferencia de la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor, que cobraba el 30% y la de Misrachi, mucho más. Todo artista mexicano que se preciara, debía de tener alguna obra en la galería “Gama” de María Asúnsolo. Ya para la década de los 40’s, la colección de arte mexicano de María era muy completa y muchos artistas se beneficiaron con la protección de María.
Rodolfo Usigli inmortaliza a María en su poema “La Niña de Cabellos Blancos” que dice:
Su olorosa actitud de gato
En momentos desaparece;
Se hace pequeña y enmudece
Y se diluye en su retrato.

Las niñas bonitas que atan
Con moños blancos sus cabellos
Juegan a las canas con ellos,
Y, los pintores las retratan.
A su vez, Ermilo Abreu Gómez escribe de ella:
“La voz de María es dulce y apagada y clara. Nunca jamás la oí levantar el tono por más animada que fuera la conversación. Jamás ha dicho una palabra contra alguien ni ha pronunciado voz que no sea decorosa. Para cada persona tiene una gentilísima coresía. En las pláticas, sabe oír, cosa difícil en la mujer. Habla con deliciosa inteligencia que no deja de ser femenina. Sus opiniones sobre arte, pintura y música son puntuales y discretas.

Pronto su actividad como promotora del arte mexicano tomaría otro giro. En 1941 lleva por primera vez una exposición de arte mexicano a provincia; con ayuda de la recién creada Liga de Escritores y Artistas Poblanos en el Hospicio de Puebla; además de la plástica, la actividad incluyó conferencias de Alfonso Reyes, José Bergamín, Ermilo Abreu Gómez, Luis G. Basurto, Rodolfo Usigli, Genaro Ponce y Manuel Rodríguez Lozano. Luego, en 1942, ahora en La Habana, Cuba, María llevó otra gran muestra de arte mexicano que ahora incluía una gran Feria del Libro, donde se presentaron cincuenta mil volúmenes y nuevas conferencias de Reyes, Antonio Castro, Carlos Pellicer, Salvador Toscano, Federico Canessi y Luis G. Basurto. El sonado éxito de esta nueva actividad trajo como consecuencia una serie de invitaciones y la caravana del arte se paseó por Suramérica. A su regreso a México, sin deshacer la exposición y añadiendo muestras de arte de los países visitados, se montó la Gran Exposición de la Pintura Contemporánea Continental. Impactado por la actividad de María y conociendo su filiación de izquierdas, Pablo Neruda la inmortaliza también en su poema “El Picaflor”:

Fuego
Emplumado
Minúscula
Bandera
Voladora
Pétalo de los pueblos que callaron,
Sílaba
De la sangre enterrada,
Penacho
Del antiguo
Corazón
Sumergido.

Todas estas exitosas actividades nos permiten calificar a María Asúnsolo como una gran promotora del arte mexicano en el mundo.

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