Opiniones

Dignifican y difunden creaciones de artesanos mexicanos

Las Tiendas Fonart no solo difunden la producción de artesanas y artesanos, sino que también la dignifican pues la ofrecen al público al precio que fijan sus creadores, es decir, sin descuentos de ninguna clase.

La mayoría de las Tiendas Fonart se concentran en la Ciudad de México y fuera de esa demarcación únicamente existen tres: en Mérida, Tijuana y Tulum. La de la capital yucateca opera en la calle 60 por 63, en un espacio del Ateneo Peninsular.

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La Licda. Luisa Medina Puerto, encargada del lugar, nos dice que, a diferencia de la Casa de las Artesanías Yucatecas, aquí se pueden encontrar trabajos de artesanas y artesanos de todo el país. Por ejemplo, hay joyería de Zacatecas, cerámica de Chihuahua, cajitas de Olinalá, Guerrero, talavera de Puebla, barro negro y alebrijes de Oaxaca, textiles de Chiapas, cestería de Michoacán, sillas de henequén de Campeche, etc.

–¿Y de Yucatán qué tienen?, le pregunto.

Enseguida me muestra dos objetos de atractiva apariencia: un lec decorado con hilo contado o xocbichuy y un molcajete de piedra caliza. El primero proviene de Oxkutzcab y el segundo de la comisaría de Dzityá.

–¿Cuánto cuesta ese singular lec?

–Dos mil ciento setenta y seis pesos.

–¿Es solo para uso decorativo?

–Pues algunas personas los compran para darles el uso tradicional, es decir, para conservar calientes las tortillas. Es un fino detalle en cualquier mesa.

Luisa me cuenta que esta Tienda Fonart, que fue inaugurada por el gobernador hace exactamente un mes, el 19 de marzo pasado, fue gestionada por el Instituto Yucateco de Emprendedores (IYEM), que es la instancia encargada en la entidad de apoyar, asesorar e incentivar a artesanos y artesanas yucatecos a fin de que innoven sus productos y los puedan comercializar en todas partes. Incluso los acompañan en el proceso de incorporarse al comercio formal.

–¿Cómo están los precios?

–Los precios de los productos no los fijamos nosotros sino los propios artesanos. Por eso no otorgamos descuentos. La mayor parte de la gente que nos visita, tanto mexicanos como extranjeros, valora el esfuerzo de las mujeres y hombres que se dedican a estas artes populares y están contentos de llevarse a sus casas una muestra de sus creaciones a un precio justo.

–¿Qué es lo más barato?

–Las figurillas de barro y los juguetes tradicionales, como yoyos y trompos, que valen poco más de treinta pesos.

–¿Y cuál es la pieza más cara?

–El jaguar de barro pintado a mano de Chiapas que cuesta doce mil pesos, aunque hay otro que vale la mitad.

–¿Han vendido alguno de los de doce mil pesos?

–Sí, hemos vendido uno.

Luisa, que trata con amabilidad y prestancia a todos los que entran en la tienda, lamenta que las nuevas generaciones se interesen poco o nada en el arte de sus padres o abuelos, pero los ojos se le iluminan cuando nos dice que estos artistas siempre están dispuestos a innovar y embellecer sus obras a fin de atraer la atención de los potenciales compradores. Un rápido recorrido ratifica sus palabras: cada una de las piezas que se pueden ver y tocar en la tienda resaltan por su fino acabado y estética.

–¿Y cómo les ha ido a un mes de la apertura?

–Nos ha ido bien, pero mucha gente aún no nos identifica como tienda de artesanías mexicanas.

–Y eso que están en un sitio inmejorable.

–Así es, pero estamos trabajando para que más gente nos conozca y venga a visitarnos, concluye.

La tienda abre de lunes a sábado de nueva de la mañana a cinco de la tarde.

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