
Nunca hay que escuchar a las flores.
Hay que mirarlas y aspirar su aroma.
Antoine de Saint Exupery.
El Principito.
En esta cita de Saint Exupery, nos queda claro cómo algunas veces sí es posible confundir la gimnasia con la magnesia. La realidad tiene maneras realistas de ser observada, de otra forma podría distorsionarse, hacernos derrapar en la razón y no saber cuál ordenamiento es el que nos compete.
Todo lo que vivimos está determinado por el rumbo del momento histórico, por la vida social que nos toca y como nos desempeñamos en el observar, y más que nada la visión que afecta a la manera de pensar, con las buenas razones, esas que han de pintar de buena voluntad nuestro día a día. Hacer del pensamiento realista un acto con conciencia, no es un lujo, sirve para no vivir tan solo lo que de pronto puede salir de la manga de una ocurrencia. El orden es más bien una necesidad. Responde a lo que cada quien es. Todos respondemos a una base filosófica.
Si a veces no nos percatamos del origen de algunos de nuestros pensares, vale la pena repensarlos, no tanto para auto calificarnos, pero si para estar seguros de en donde estamos parados. Todo lo que conduce en nuestra mente ha tenido un origen previo y más nos valdría saber de dónde ha venido tal o cual idea. Es así, que, si no tenemos ese cuidado, puede ser que sin darnos cuenta se enconen pensares.
Rectificar, es un acto inteligente, que hasta y desde lo que decimos lleve un contenido educado y mucho más realista, al darle cabida a los razonamientos nunca a la ligera. Al observar con razonamiento puro e inteligente, esto se percibe en el ánimo y nunca pensar que retrocedemos. Con la voz y el habla, todo se resuelve. En lo personal soy de hablar mucho y mil cosas he logrado hablando. Se arreglan mejor los asuntos cuando los buenos modos imperan y nos podemos expresar.
Cuando hay buena voluntad, (que es el catalizador de la razón y el orden) se logra escuchar hasta lo que nos pudiera parecer necio, y tomar mejor sentido.
Pues bien, que razón tiene Saint Exupery, cuando nos dice que las flores no son para escuchar sino para observar, disfrutar de su belleza y si tienen aroma pues mucho mejor. Claro que podría decirse que es tan solo como una metáfora lo que expresa en este sencillo pensamiento, más hay que tener cuidado con lo que ponemos en la mente porque podría hacerse realidad sin serlo y causar desorden.
La metafísica que sustenta todo lo profundo, ha tenido momentos históricos en los que ha valido sorbete a la humanidad, lo que hay que saber es que es recuperable con la mirada bien puesta en cómo llevamos nuestra vida espiritual principalmente y religiosa, si es que la tenemos o la practicamos.
El presbítero de la comunidad a la que pertenezco tiene fama de ser muy regañón… En lo personal decidí confesarme con él, encontrando a un ser muy interesante, me demostró que es fiel a sus causales religiosas, ya que le pedí que fuera en forma de platica el encuentro y el me hizo ver que eso distorsiona el sacramento. -Hay que respetar los modos, por algo se han instituido-, me dijo. Así que seguí sus instrucciones, y ahora, esa parte cercana que me permití con él, y su guía, me ha permitido entender que no son los modos que cada uno quiera, los imperantes. Al final nos vimos las caras bien de frente, para despedirnos. No es ni por asomo una perita en dulce, más tiene muy claro que las cosas a veces hay que decirlas sin pelos en la lengua. Es mucho más cómodo creer que el aquí y él ahora nos definen, y ya está; he comprobado que para nada es así, los entretelones vitales importan e importan mucho. Ver toda la imagen completa de lo que vivimos, sin miedo, es la parte más interesante de la vida, también del día a día con la dignidad requerida y sin que se nos altere el sueño.
Todo lo relativo o parcial en el pensamiento cuando no logramos asentarlo como algo que nos define desde la medula del alma, es factible de crear incongruencias. Lo vemos clarísimo en todo, aunque a veces la vista gorda impere. Se puede infiltrar este modo de pensar en los ámbitos de toda la vida, desde el político hasta el casero. No nos angustiemos, no todos podemos hacer ni resolver lo que no nos toca, con tener claro lo que nos compete ya hay camino certero.
Profundizar, no significa leer todo lo escrito ni sabernos todo de memoria, sino que tengamos una actitud obsérvate, racional siempre. Allí mismo en lo que sí creemos. Informarnos de los movimientos geopolíticos es una condición real del ser humano actual, es verdad que el mundo es un pañuelo y que ese pañuelo se ha ensuciado mucho, mas optemos por limpiar la parte de la esquina que nos toca.
Me encanta la palabra edificar, es por eso que la elegí para la serie de textos que cerramos hace unos días, sin olvidar que quiere decir que es un lograr poco a poco, con sentido, sin dudas. Ahora el mundo nos pide mirar cómo se asienta la razón pura, de dónde viene y como nos obliga a un orden que sin darnos cuenta agradecemos, y que bueno que así sea, el agradecer abre caminos de positividad.
Nada es tan fácil como a veces el mundo actual nos quiere hacer creer. Si creemos que todo es al vapor o express estamos tomando las cosas un tanto fuera de la realidad, porque lo fácil, pueda que nos haga ir el camino dos veces. Se ha desvirtuado que lo que vale la pena toma tiempo, ese esfuerzo especial que a veces hemos hecho por obligación, ahora es momento de saber que ha valido la pena. ¿Que se ha exagerado lo que se nos pide? No lo creo así. Lo actual, lleva una tendencia de cumplir deseos sin esfuerzos, produciendo a veces nubarrones por nosotros mismos.
Parte de la sinrazón que nos embarga en los días de hoy, es esperar de más con las expectativas que ha creado el mundo social para nosotros, se nos obliga a realidades materiales muy comercializas y a veces fuera de lo realmente personal.
Claro lo dice la Real Academia:
Sinrazón es: -Acción hecha fuera de la justicia-. Esas arbitrariedades que a veces se dan pareciendo ser justas, y nos ponemos en un modo de aceptar todo lo que el mundo moderno demanda, como si fuera vital y necesario para respirar.
En lo personal, cuando en mi pasado inmediato leí muchísimo zen, me daba cuenta que me estaba regalando paz, tan solo para saber que sí existe agilidad en la mente. Herramientas que proporciona el mundo actual para apoyo, y hay que saber lo que significan, no de manera demandante que puede ser extenuante esa lectura, no es ese el objetivo, sino saber deslindar con las buenas razones de nuestro ser real y encontrar orden siempre. El zen, ordena la mente.
Durante todo el periodo de mi interés por el zen, baje el ritmo de mi vida en general. La percibía agitada, con demandas que me agotaban y es mejor ir, ante todo, como lo que hemos dicho: concentración en lo que si estamos.
Tuve varias oportunidades de escuchar conferencias y entre otras me tocó virtualmente la de los monjes que viven en monasterios apartados y ellos proponen estas prácticas para acallar la mente del ruidero externo y poder conducirla al buen razonamiento. Nunca para pensar de menos, el zen es tan solo una disciplina que nos ayuda a pensar mucho más sencillamente.
Estando bajo la disciplina del buen pensar, pues navegamos en cualquier mar, y sabemos que siempre podremos enfrentar olas inesperadas que se pueden convertir en oportunas para crecer en lo espiritual, o de nuestra religión.
Cuando comprendemos la profunda nobleza de la vida misma, la percibimos diferente, se devela mejor la realidad. Las velas de nuestro barco se manejan con más acierto, la realidad se percibe clara y como dice Jorge Luis Borges, -más nos vale buscar serenidad antes que felicidad-, está ultima llegará como consecuencia.
¿No será que no estoy observando debidamente lo que me toca vivir? Si se lo llega uno a preguntar, es tan solo porque no estamos dejando morir a la conciencia.
Siempre hay situaciones por las que uno mismo ya nunca regresa. Es maravilloso cerrar círculos, sin miedo. Los ciclos cerrados con bien, traen sosiego. Dan asiento. En Arqueología, (ciencia que estudie en mi juventud) se patenta el valor de las capas estratigráficas observadas en la tierra y toda cuenta, desde el principio de la parte más baja hasta la superficie, y así se observan al abrir trincheras, las eras (como las capas de un pastel) del tiempo delimitadas en lo material de la tierra y de lo que representa ese devenir que se da desde lo más profundo hasta lo actual.
Es así, que en nuestra mente están las capas de las vivencias, y no hay que tener miedo de irlas develando.
Hacer de los tiempos que nos toca vivir un asunto personal sin dejar de ver todo el conjunto bañado por la verdad absoluta y no la relativa y mediocre. Ahora que algunas personas que conocí lucidas en su juventud, y se han hecho mayores, he escuchado varias veces que se les atenúa el carácter duro (si lo tuvieron) y se convierten en mucho más tratables. Llevaderas. Es una pena que tenga que venir la senilidad a meter en orden al carácter, cuando cada uno lo podremos hacer con buenas razones, desde ya.
Si tenemos fotografías familiares o de otra índole, es bueno hacer cronología con ellas, ordenarlas. Es una acción que nos centra la vida. Pareciera que no es nada, y hay hasta quien no lo hace porque produce pesar, es un pesar que es como el dolor físico cuando nos ejercitamos, da buenos resultados luego.
He escrito un poco de poesía en mi vida. Nace prácticamente sola, de momento. No lleva los cánones de la literatura con sus exactas reglas, no importa, la dejo ser. Me he dejado llevar tal vez por el excesivo sentimiento y he ahí algunas tentativas que a veces comparto. En estos días me topo con que escribí en 2012:
Media tarde
Solaz de ventana, asoleada y débil
Plenitud de centro
Tiempo que llega aireado
Media tarde
Cuajar el oído, murmullos de paloma
Regada de aguacero que vibra
Entre sol y viento libre
Aires renovados
Media tarde
Bisutería del vivir
Enconos idos, estancados
Ligereza del espíritu que permea
Media tarde
Serenidad de Dios
Claridad en los ojos
Visión renovada
Media tarde.
MJ
No todo lo que vivimos ha de ser con trompetas y clarines. La existencia se teje con lo del día, tan solo pide asentarnos en las luces claras de la razón de vivir y el orden elegido. Aceptar límites, somos parte de esos limitantes que son mas reales.
Cuando los progenitores se van, nos damos cuenta de la calidad humana que dispersaron en las vivencias sencillas que nos dieron, no en las grandezas. Nos percatamos de cómo estuvieron en esos momentos, que sin ellos tal vez no hubiéramos podido transitar. Quedan en nuestra memoria esos seres que nos dieron vida y que sin darnos cuenta nos la siguen dando con mil modos en los que se hacen presentes. Nuestros padres fueron seres humanos contantes y sonantes. Permea el pensamiento bien razonado. Yo de los míos aprendí mucho orden, mucha disciplina de cómo se lleva el día, y cuando hago recuento, es verdad que eso que se asienta como una premisa de bien y de gozo sencillo.
Dios está presente desde el modo como respiramos, hasta el razonamiento más puro que podamos tener respecto a la vida diaria. Ese ser, se ha difuminado en la vida actual, y es por eso mismo que el mundo ha apostado en demasía a lo material.
Las percepciones están a flor de piel, el día las trae como un eslabón muy potente para toda la dinámica vital. Si tal vez amanecemos indispuestos o hasta enfermos, es seguro que se nos está pidiendo bajar la marcha, serenarnos. (Continuará)



