
Muchas veces escribir acerca del siglo XX resulta más difícil que de los siglos anteriores. Algo ocurre que la información se escamotea, se encubre, no se resguarda o se confunde entre el mar de datos del día a día, además del interés o temor de que tal o cual nombre o hecho se difunda. De ahí el mérito de Valeria Carrillo Cervantes, licenciada en Historia, con su conferencia, derivada de su tesis de titulación, “La movilización militar de los yucatecos en la Segunda Guerra Mundial (1940-1945)”, sustentada en el Centro Cultural Prohispen la noche del pasado jueves 30 de abril.
Es un tema que involucró la creación del Servicio Militar Obligatorio (SMO) en 1942, para los nacidos en 1924, junto con una movilización militar y la creación de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM) en 1944. Esa movilización militar supone la participación de entre 250 y 500 mil mexicanos, 14 mil movilizados realmente, y de unos mil yucatecos.
Nuestro estado, en particular, tenía importancia en los contextos económico y geográfico de esa conflagración mundial debido a la producción de henequén y a la cercanía con el Canal de Panamá. En general, puede decirse que hubo beneficios comerciales para la élite, pero para las masas las repercusiones económicas fueron negativas.
Además de esta información, es un cúmulo de datos el que ofreció la Lic. Carrillo Cervantes en su conferencia. Entre ellos, recordar que Rodolfo Chacón Castro, maquinista del barco-tanque petrolero Potrero del Llano, hundido por los nazis, fue el primer yucateco en morir en aquel conflicto bélico.
También que una de las prácticas de defensa que se realizaron en 1942 fue el oscurecimiento de tres poblaciones: Mérida, Dzilam González y Kanasín.

Al iniciar el proceso del SMO el 9 de noviembre de 1942 fungía como gobernador del estado Ernesto Novelo Torres y el jefe de la zona militar era el general tabasqueño Áureo L. Calles. Fue un proceso plagado de obstáculos y problemas, ya que había mucha confusión entre la gente, cuando aún era muy alto el índice de analfabetismo, a lo que se aunaba el temor familiar de que los conscriptos fueran llevados al extranjero. Esto dio lugar a una política de coerción desde los poderes político y militar con constantes recordatorios a la sociedad para que los jóvenes cumplieran con la obligación de este nuevo servicio.
Un punto central de este tema es el de los tres yucatecos que formaron parte del Escuadrón 201 de la FAEM: Ramiro Bastarrachea Gamboa, originario de Tixpéual (municipio del que fue alcalde en dos ocasiones) y nacido en 1922; Reséndil Vázquez Magaña, de Ticul, donde nació, al parecer, en 1920, y Ricardo Quintal Pinzón, de Mérida. Los tres cumplieron funciones distintas en el escuadrón y sobrevivieron, no sin antes de su partida tener que elaborar su testamento, contratar un seguro de vida y someterse a varias vacunas. Las poblaciones norteamericanas donde se concentraron fueron primero Pocatello, Idaho, y posteriormente Majors Fields, Texas, donde los soldados mexicanos sufrieron de alguna discriminación.
La razón de por qué enviar a los mexicanos a combatir a los japoneses y no a los alemanes se debe probablemente a factores climáticos, ya que el destino era Filipinas, archipiélago tropical y caluroso, donde también participan los ejércitos norteamericano y australiano más las tropas filipinas, en ese entonces colonia de Estados Unidos. Del 30 de abril de 1945 al mes de junio participaron en misiones y llegaron a sostener un combate contra soldados japoneses aislados, en el cual se les capturó una bandera con firmas en alguno de sus alfabetos, que permanece en resguardo de un descendiente de Quintal Pinzón.
Hubo migrantes que aprovecharon la oportunidad de enrolarse en el ejército norteamericano para poder naturalizarse e incluso seminaristas mexicanos que estudiaban en Estados Unidos tuvieron interés en enlistarse, pero hubo muchas lealtades rechazadas y certificados de inutilidad. La historiadora agregó también un listado de hombres nacidos en Yucatán o de ascendencia yucateca de los cuales consta su participación en la Segunda Guerra Mundial bajo la bandera norteamericana: Alfonso Herrera, Herbert Osorio (el único que participó en tres grandes conflictos bélicos: éste, el de Corea y el de Vietnam), Raoul Pino, Fred Robles y John Domínguez.
Es una aportación valiosa esta reconstrucción de conjunto de hechos ocurridos en tres ámbitos enlazados: el local, el nacional y el mundial, que afectó a jóvenes y familias yucatecas, alterando la rutina de esos tiempos y despertando los viejos temores de las levas. Bien merece difundirse más esta investigación de Valeria Carrillo Cervantes, sobre todo por demostrarnos un acercamiento de Yucatán a una conflagración que considerábamos distante de nuestra historia regional. Habría que ver cuántos yucatecos más yacen en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia, donde entierran a los veteranos de guerra del ejército estadounidense.



