Cultura

Personajes y cosas de lo profundo de la aparente superficialidad

Capítulo 5

Continuando con este desfile de personajes y situaciones que, aunque disociados, conforman una simbiosis, son quienes los que contribuyan a un auténtico cambio de la verdadera revolución, los vulnerables, los borrachos, los inadaptados y todos los outsiders, ya que la democracia del sufragio ha demostrado, al menos en México, durante setenta años ser una auténtica dictadura, aunque con diferentes caras y diferentes nombres.

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Comenzaremos con “El Padre Bueno”, un sacerdote católico de mediados del siglo XX, miembro del tenebroso Opus Day, una sociedad religiosa supuestamente secreta. Este sacerdote logró conjuntar a un grupo de jóvenes a los que fue colocando en diversas asociaciones, sindicatos en la universidad e incluso en el Partido Comunista que hacían labor de zapa en favor de la ultra derecha.

“Marrero”, el más famoso lugar de comida regional, cuyo competidor era X`pil, en San Sebastián, pero los salbutes y panuchos del primero, situado enfrente del parque de Santa Ana, no han tenido ni tendrán comparación, una delicia al paladar, famoso es el mesero de este lugar, llamado Manuel Marrero, hijo del dueño de ascendencia cubana, famoso conocido por llevar en cada brazo cuatro platos con las delicias hasta las mesas de los comensales.

“Jliai Xacur”, a este le conozco desde niño en la escuela Modelo, en donde se practica como deporte casi únicamente futbol, sin embargo, nuestro personaje, de una estatura mayor al promedio yucateco, se la pasaba en la cancha de basquetbol con unos cuantos pocos compañeritos más haciendo ahí sus primeras canastas. Posteriormente participó en los campeonatos de primera fuerza que se efectuaba en la cancha de universidad, hoy derrumbada, metiendo tantas canastas en una época en que tal cosa era muy difícil, lo que le valió que el gran periodista deportivo, Don Antonio Menéndez Díaz, que firmaba como “Gasmendi”, lo bautizara como “El Magnífico”. Ya de adulto, un empresario exitoso en todas las empresas en las que participaba, logró traer a Mérida hace más de veinticinco años al más grande torero español de la época: Enrique Ponce. Cosa que se pensaba punto menos que imposible en nuestro Estado.

“René”, un sujeto completamente trastornado que era una máquina de hablotear o platicar por horas sobre incoherencias y media y escribía a máquina en hojas tamaño carta, su propio periódico que parecía estar escrito por un habitante de Júpiter, sin embargo, jugaba ajedrez bastante bien, participando en los máximos torneos del mismo, haciendo un buen papel.

“Natongo”, un tipo negroide muy acomplejado por aquello, aspirando a ser ‘popof’ con una constancia, llegando a la exageración, pero dicho status jamás lo consiguió, por lo que su frustración lo llevaba todo el tiempo a tener serios problemas de ira, desquitaba su trauma humillando a los más vulnerables.

“El Caballo Rendón”, el primer fotógrafo artístico en la Ciudad, cuya actividad fue tan exaltada que existió una apoca en Mérida en que hubo una verdadera pandemia de fotógrafos, fue famosa una caricatura en periódico en el que se ve al Café Express, a todos los clientes con una cámara fotográfica al cuello. Fundó un evento cultural que se llamó “Abril, mes de la fotografía”, en el que cada año exponían los artistas del lente, al día de hoy ya diluido.

“La Sociedad Artística Ricardo Palmerín”, que reunió entre sus socios a los más sabios poetas, músicos, conocedores de nuestra trova y de la cual mi padre, durante un tiempo, fue presidente y a cuya iniciativa se erigió en el cementerio y se levantó el monumento a los creadores de las canciones yucatecas, obra del escultor colombiano Rómulo Rozo, el autor del Monumento a la Patria, de nuestro Paseo Montejo, símbolo y emblema de nuestra hermosa Mérida.

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