El séptimo programa de la XLV temporada de la OSY, fue un programa brillante por los cuatro costados. Se recordó en su 120 aniversario natal, a nuestro máximo compositor sinfónico, el Mtro. Daniel Ayala Pérez; Sacha Ovcharov nos dio una cátedra del dominio y la ejecución del oboe, de la más alta escuela; y cerró el programa con un torrente de alegría, la Sinfonía No 3 “Escocesa” de Félix Mendelssohn. Todo esto, bajo la batuta firme y segura del Mtro. Alejandro Basulto. Noche redonda de música de calidad superior.
A Daniel Ayala, tuve el privilegio de conocerlo ampliamente; por primera vez, en las fiestas por las Bodas de Oro del gran violinista Eléazar Méndez Aguilar; después, en el cumpleaños ochenta de Doña Lupita Peraza de Núñez; y por último, en la preparación y ensayos del espectáculo de Luz y Sonido de Uxmal. Hombre sencillo y afable, y miembro destacado de la corriente del Nacionalismo Musical Mexicano. Discípulo distinguido del Mtro. Carlos Chávez.
El programa estuvo compuesto por tres obras: La Gruta Diabólica, Pequeña Suite Fantasía – Ballet, de Daniel Ayala; el Concierto para Oboe, de Frigyes Hidas; y la Sinfonía No. 3 en La menor Op. 56, “Escocesa”, de Félix Mendelssohn.
Daniel Ayala, maya de pura sangre, dedicó su obra sinfónica al rescate de las raíces de la Cultura Maya Yucateca; así lo demuestra en su Poema Sinfónico “Tribu”, su obra más conocida y reconocida. Así mismo, su suite “La Gruta Diabólica”, hace otro tanto, pues en ella plasma armonías y compases tomados directamente de lo poco que se conservó de la música maya original. Esto queda muy bien expresado en esta suite. Esta obra, es una pequeña sinfonía concertante para clarinete, fagot y trompeta, instrumentos que comparten el protagónico de la obra. Es una obra de serias dificultades armónicas, pues éstas son muy complicadas y complejas, con armaduras difíciles de ejecutar. Paolo Dorio, Miguel Galván y Robert Myers remontaron con gran maestría la complicada partitura. Otro elemento destacado fue el piano, ejecutado por Irina Decheva, así como el arpa, por Balam Ramos. Al terminar la ejecución de la cueva de los aluxes, y con ella el final de la obra, estalla sonora ovación que se prolonga por varios minutos.
Frigyes Hidas, era un compositor totalmente desconocido a nivel local, y sospecho que también a nivel nacional. Su Concierto para Oboe fue escrito en 1951, por lo cual creímos que íbamos a escuchar una obra de armonías muy difíciles y complicadas, y nos llevamos la sorpresa de que es una obra totalmente postromántica, de armonías consonantes, totalmente melódica y de una alegría desbordada. Un gran acierto de Sacha Ovcharov haber seleccionado esta obra para ejecutar con nuestra orquesta, pero además, Sacha dio una cátedra de su dominio absoluto sobre el oboe. El Concierto para Oboe, de Frigyes Hidas, es una obra de primer orden en el panorama de todo lo escrito para este instrumento, de tan difícil ejecución. Por la naturaleza de sus cañas, oboe, corno inglés y fagot, presentan complejos problemas en su preparación y ejecución. Y Sacha demostró que el oboe y él comparten una misma alma.
El Concierto para Oboe, de Frigyes Hidas, consta de tres movimientos: Allegro, Andante y Allegro. Una obra de gran sencillez y marcada tendencia romántica. Sacha la aborda con gran seguridad y alegría. En el primer movimiento, Sacha ejecuta unas cadencias increíbles, notas suaves y dulces, agudas y delicadas, un dominio absoluto de la caña, tan difícil de dominar. El segundo movimiento, es un remanso de paz y satisfacción. El tercer movimiento es un gran desborde de alegría desatada a raudales; las cadencias son una nueva cátedra de maestría y dominio. Al sonar el ultimo acorde, estalla tremenda ovación, con el lunetario de pie y con gritos de ¡BRAVO!
La Sinfonía No. 3 en La menor Op. 56, “Escocesa”, de Félix Mendelssohn, es un raudal de fuerza y alegría. Schubert, Brahms y Mendelssohn son herederos del estilo sinfónico de Beethoven, y esto se deja sentir en esta sinfonía con fuerza y claridad. La obra consta de cuatro movimientos: Andante con motto – Allegro un poco agitato. Vivace non tropo, Adagio y Allegro vivacisismo. Mendelssohn visita el palacio de María Estuardo y también la capilla de Edimburgo, lo cual le sirve de inspiración para esta sinfonía, y razón por la cual la nombra “Escocesa”. Esta sinfonía está considerada como una de las obras cumbres de este género. El primer movimiento es sobrio y sonoro. El segundo es alegre con aires de danza. El tercero es una profunda reflexión. Y el cuarto es un raudal incontenible de alegría sonora. Al sonar el compás final del cuarto movimiento, estalla una gran ovación con gritos e ¡BRAVO! que se prolonga y hace salir varias veces al director.
Salimos del Palacio de la Música con el oboe de Sacha resonando en el alma.
Mérida, Yuc., a 21 de abril de 2026.
Ariel Avilés Marín.



