
Cada vez que un adulto mayor accede a una app bancaria o responde una llamada “del banco”, existe una probabilidad creciente de que esté frente a un intento de fraude. No se trata de un caso aislado, sino de una tendencia cada vez más evidente: los fraudes financieros en México están encontrando en este grupo etario a su público objetivo más vulnerable.
En un momento en que la digitalización avanza más rápido que la educación financiera, la brecha tecnológica se convierte en un riesgo real.
Las cifras muestran la magnitud del problema. De acuerdo con datos recientes de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), en los primeros nueve meses de 2025 se registraron más de 3.82 millones de reclamaciones por posibles fraudes financieros. Esto equivale a cerca de 14,000 quejas diarias, es decir, casi 10 por minuto.
Estos casos representan alrededor del 72% de las reclamaciones con pérdidas económicas que superan los 16,678 millones de pesos, lo que indica que siete de cada diez inconformidades tienen origen en posibles fraudes.
Dentro de este universo, los adultos mayores destacan como el grupo más afectado. Según datos retomados por La Jornada, este segmento concentra el 32% de las quejas bancarias por posibles fraudes. Así lo señaló Óscar Rosado Jiménez, presidente de la Condusef, durante una conferencia de prensa realizada en conjunto con Santander.
La principal inconformidad son los cargos no reconocidos, un problema que suele estar vinculado tanto a fraudes digitales como a malas prácticas dentro del sistema financiero.
Las autoridades identifican tres principales fuentes de riesgo:
Delincuencia organizada: llamadas de engaño, suplantación de identidad o clonación de tarjetas.
- Empleados desleales: uso indebido de información dentro de instituciones financieras.
- Entorno familiar: acceso a tarjetas o datos por parte de cuidadores, hijos o conocidos.
- Este último punto introduce un foco rojo más complejo. No todos los fraudes ocurren en Internet; algunos se dan en contextos de confianza, donde familiares o cuidadores tienen acceso a tarjetas o información financiera.
Además, el crecimiento de este segmento dentro del sistema bancario también influye. Instituciones como Santander reportan que más de 1.3 millones de sus clientes tienen más de 60 años, lo que convierte a esta población en un grupo estratégico, pero también en un blanco más expuesto a fraudes.
Estas son las claves para que adultos mayores usen apps bancarias sin caer en fraudes
El problema no es solo tecnológico, sino social. En México hay alrededor de 17 millones de personas mayores de 60 años, y el 66% cuenta con al menos un producto financiero. Sin embargo, la confianza en las instituciones es menor, debido a preocupaciones sobre la seguridad de su dinero y la protección de sus datos.
Aunque existen esfuerzos institucionales, como el decálogo firmado entre la Condusef y la Asociación de Bancos de México para mejorar la atención a adultos mayores, especialistas consideran que el avance ha sido limitado.
De acuerdo con análisis académicos del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM sobre inclusión financiera y envejecimiento, las instituciones financieras no siempre colocan a este segmento como prioridad, lo que se refleja en la falta de productos adaptados para ellos.
La población de adultos mayores es cada vez más numerosa y necesita acceso al sistema financiero para gestionar pensiones y pagos, pero no cuenta con las herramientas suficientes para hacerlo de forma segura.
Frente a este escenario, BBVA plantea una serie de recomendaciones prácticas para facilitar el uso de aplicaciones bancarias:
- Acompañamiento cercano y constante: el aprendizaje debe realizarse con apoyo de un familiar o persona de confianza, explicando cada paso con claridad.
- Configuración accesible: adaptar dispositivos con letras grandes, accesos directos y funciones básicas visibles.
- Aplicaciones familiares: comenzar con apps sencillas antes de usar banca móvil.
- Guías paso a paso: crear instrucciones simples que puedan repetirse fácilmente.
- Aprendizaje gradual: avanzar poco a poco, sin saturar con funciones complejas.
- Resolución de dudas con paciencia: evitar generar frustración durante el proceso.
- Seguridad digital básica: no abrir enlaces sospechosos, proteger datos personales y usar contraseñas seguras.
En ese contexto, los fraudes hacia adultos mayores no son solo un delito, sino una consecuencia de una transformación digital desigual. La inclusión financiera no se resuelve únicamente con tecnología, sino con educación, acompañamiento y un diseño centrado en quienes más lo necesitan.



