

Concluida la XLII temporada de la OSY, y en el marco del Otoño Cultural 2025, se llevó a cabo un concierto de carácter extraordinario de nuestra orquesta en el Teatro “Armando Manzanero”.
Este concierto fue extraordinario, y lo fue por varias causas, primero, porque la OSY salió de su recinto habitual, lo cual resulto afortunado, pues mucha más gente tuvo la oportunidad de escuchar este programa brillante; el Teatro Manzanero es la sala más amplia del centro de la ciudad, superada tan sólo por el auditorio de Plaza la Isla, que tiene cupo para más de cuatro mil gentes, pero que está fuera de la ciudad.
Fue extraordinario, porque el solista, Rafael Gutiérrez Vélez, tuvo un desempeño brillante; y lo fue también porque, nuestra orquesta tuvo una sonoridad y emotividad cómo pocas veces le hemos oído, condiciones que le supo arrancar la batuta de Alejandro Basulto, que también tuvo un desempeño extraordinario como director. Así que, el concierto fue extraordinario por donde quiera que se le mire.
Un compositor romántico y profundamente arrebatado, lo es Piotr Ilich Tchaikovski; y lo es por naturaleza propia, su vida entera fue un arrebato pasional, condición que se ve reflejada en toda su obra. Sus sinfonías son un arrebato pasional, en especial la quinta y la sexta, (más la sexta para mi gusto); sus suites de ballet son un arrebato pasional; su obertura 1812 es un gran arrebato pasional; sus conciertos, para violín y para piano, son también un gran arrebato pasional; todo esto hace de Piotr un compositor que levanta emociones fuertes, que hace brincar en sus butacas al respetable, que despierta en las almas que lo escuchan, sentimientos profundos y apasionados.
Y eso es precisamente lo que sucedió en el concierto del viernes por la noche, en el que, Piotr fue la estrella brillante que iluminó la sala, y que desató pasiones entre la concurrencia que brindo a concertista, director y orquesta, una larga, sonora y apasionada ovación, larga e histórica, como pocas veces hemos tenido la oportunidad de atestiguar.
Piotr fue la estrella, y lo fue con tan sólo dos obras, pues solo dos números compusieron este programa fuera de serie. El Concierto para Piano No. 1 en Si bemol menor, y la Sinfonía No. 5 Op. 64 en Mi menor; pero qué clase de obras; ambas dos, se encuentran entre lo más apasionado de la producción de Piotr, y así lo sintió el multicéfalo, que en varios momentos desbordó sus emociones con sonoras ovaciones, largas y muy apasionadas.
Abre programa el Concierto para Piano No. 1, obra de profunda pasión y encontradas emociones en su desarrollo. El concierto consta de tres movimientos: Allegro non troppo e molto maestoso.
Alegro con spirito, Andantino semplice y Allegro con fuoco. Rafael Gutiérrez mostró un dominio sobre el teclado que le permitió ejecutar una versión brillante de esta obra. Acordes, escalas, se sucedieron como una avalancha musical desbordada y apasionada que hizo vibrar al público en sus butacas, en especial en el primer movimiento, que es el más conocido y más gustado de la producción de Tchaikovski.
Si Rafael estuvo brillante, nuestra orquesta no se quedó atrás y supo poner la fuerza necesaria para emular al pianista, y juntos alcanzar un nivel de excelencia en la interpretación de esta obra maravillosa.
El primer movimiento está lleno de acordes de fuerza extraordinaria que Rafael supo atacar con maestría sonora, los acordes se suceden y vienen tremendas escalas como una avalancha sonora, la orquesta no se queda atrás y responde a la altura de la situación. ¡Inevitable! Al terminar el primer movimiento, tremenda ovación lo rubrica.
El segundo movimiento cae como agua fresca en la sala, y el tercer movimiento es una nueva avalancha de pasión. Al sonar el acorde final, estalla tremenda ovación larga y muy entusiasta, como pocas veces hemos visto; los gritos de bravo resuenan en la sala, y concertista y director tiene que salir varias veces al escenario.
Reanuda el programa con la Sinfonía No. 5 Op. 64. Consta de cuatro movimientos: Andante – Allegro con anima, Andante cantabille con alguna licenza, Valse: Allegro moderato y Finale: Andante maestoso – Allegro vivace.
El primer movimiento marca el tema central de la obra que reaparece varias veces durante su ejecución; este movimiento es sonoro, brillante y muy apasionado.
Los momentos más brillantes y emotivos los marca la sección de cornos con fuerza arrolladora y soberbia. Las maderas por su parte ponen toques cálidos y delicados.
El segundo movimiento, el Andante cantabille, es el tema más conocido y gustado de toda la obra de Tchaikovski; apasionado y al mismo tiempo tierno y delicado, fue magistralmente interpretado por la orquesta; cálido y delicado fue el solo de fagot y los solos del oboe.
El tercer movimiento, es una alegre invitación a la danza, así lo marcaron con grave acento los violonchelos, y el pasaje de pizzicatos de chelos y bajos fue magistral. En el cuarto movimiento, reaparece el tema inicial y poco a poco, la música va subiendo, hasta convertirse en un torrente sonoro que nos lleva a un brillante y sonoro final.
La sala en pleno, estalla en tremenda ovación, larga, cálida, entusiasta. La sala se pone de pie y resuenan los gritos de ¡BRAVO! El director tiene que salir repetidas veces al escenario, pues la ovación no cesa. Va poniendo de pie a los solistas que reciben también cálidas ovaciones, pone de pie a la orquesta en pleno y la ovación vuelve a subir, desbordándose de nuevo.
Una brillante culminación de un concierto extraordinario por los cuatro costados.



