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Exhibiendo la desvergüenza

Los tiempos cambian, no podemos asegurar plenamente si para bien o para mal, pero de que cambian, cambian. En el S. XIX, una mujer no podía ni enseñar un tobillo, so pena de sufrir una recriminación por ello, en el mejor de los casos, o consecuencias más graves en el propio seno de su familia. En el siglo XX, estas concepciones se relajan bastante, después de la década de los 50’s, aparecen cosas como la falda entubada, luego la mini falda, y en los 70’s, los controvertidos hot pants. Vamos a subrayar enérgicamente, que ninguna de estas prendas ni ninguna otra que se use en el futuro, son justificante para faltar al respeto a una mujer. Hemos sostenido, en una postura extrema, que, aún si una mujer saliere desnuda a la calle, justificaría que alguien le falte al respeto. Pero a contra parte, tampoco es correcto que una mujer exhiba con una falta total de pudor, sus atributos físicos que tienen carácter de estar reservados para lucir en la intimidad. Este es un suceso de muy raro acontecimiento. Usualmente nos enteramos de las fechorías de alguno o algunos exhibicionistas, siempre varones. Es lo usual, lo corriente, pero no tiene carácter de exclusividad, y el hecho que genera este artículo, así lo demuestra.

En días pasados, en lugares céntricos y de tránsito normal y abundante, una joven mujer se ha estado paseando, a vista y paciencia de cualquiera que coincidiera con ella en estos lugares, mostrando sin recato, algunas partes íntimas de su anatomía, que usualmente se muestran en la intimidad, y ante quien la fémina elija como compañero de vida, novio, amante o cualquier otro tipo de relación que le dé la gana, y bueno y muy santo. Pero que no es correcto que lo haga en lugares públicos y concurridos, a la vista de quien quiera verla, y hasta de quien no quiera. Uno no es un mojigato, para nada, pero si hay que levantar la voz y evitar que, niños, damas y cualquiera que se pueda sentir ofendido con la vista de estas impudicias, se sienta agredido moral y visualmente por la fémina en cuestión. Y puntualizo, no dije dama, con toda intención, pues considero que el calificativo se gana y no es para aplicar sin restricción alguna. Decir dama, es aplicar un calificativo honroso que hay que merecer para recibirlo de quien se dirige a una mujer, y las actitudes de esta mujer desmerecen esta calificación.

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Me causa asombro que, ninguna autoridad haya intervenido, pues son lugares públicos muy connotados, usualmente muy vigilados también, y en este caso, la susodicha en cuestión se paseó a su gusto y total libertad, y nadie le dijo nada. Pasemos a señalar estos lugares, para que se le dé la justa dimensión al asunto en cuestión. Hizo un amplio recorrido sobre Paseo de Montejo, en la esquina en la que está situado el museo de arqueología Palacio Cantón. Y lo hizo con un vestido de color muy llamativo, y con los glúteos al aire, totalmente ventilados. La segunda incursión, fue sobre la calle 62, entre la 59 y la 57, en las inmediaciones del Hotel Colón, donde hasta, seguramente, el centenario guardián del establecimiento, un Gran Danés de porcelana, se habrá turbado. La tercera, y más grave, es en el corredor al frente del mismísimo Palacio de Gobierno de Yucatán, donde la joven enseñó los encantos de sus senos, con una gracia digna de mejores causas. Este caso último, lo considero el más grave, pues en este lugar hay vigilancia permanente las veinticuatro horas del día. ¿Dónde estaba la guardia de Palacio mientras la chica paseaba con el pecho al aire? Y no se trata de rumores o fake news de las redes, pues acompaño este artículo con las pruebas fotográficas correspondientes.

La pregunta del caso es ¿Qué ha llevado a esta joven a perpetrar estos actos? El exhibicionismo es un desorden mental que impulsa a quien lo padece a mostrar sus partes pudendas para causar un efecto de incomodidad o aún miedo en sus víctimas, y es por esto que, usualmente son hombres quienes caen en esta práctica lamentable. Hemos tenido conocimiento de varios casos de este tipo de sucesos. Por la década de los 80’s, la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, cuando ocupaba el local de la calle 76, se vio asolada por un tipo así. A la caída de la noche, las muchachas que salían de clase, eran asustadas por un individuo que se presentaba con una gabardina, prenda que abría para mostrar su cuerpo totalmente desnudo bajo ella. El tipo dejó de incursionar por ahí, la noche en que, a una joven inglesa, que estaba en la Facultad por un intercambio académico, le salió al paso el susodicho, y al abrir la gabardina, la joven británica se echó a reír, tal vez por nervios, pero esto tuvo el efecto de que el hombre se echara a llorar, se fuera corriendo y no volviera nunca más por ahí. Creemos que la reacción de la joven estudiante tuvo un efecto devastador en el ánimo del tipo, que lo dejó sin ganas de repetir la experiencia.

También en la Escuela Modelo padecimos una amenaza así. En la década de los 90’s, empezó a merodear un individuo que enseñaba su miembro a los niños, a las puertas del plantel. Muchos niños y maestras sufrieron de su vil acción, y todas las pesquisas que hicimos para detenerlo no dieron resultado. Una noche, entró y repitió el numerito ante la secretaria de la Liga de Futbol “Juan N. Cuevas”, quien estaba trabajando haciendo las credenciales de los jugadores, y por ello tenía en la mano unas tijeras, con las que recortaba las fotografías. La reacción de la joven no fue de miedo, sino que, alzando la mano con las tijeras, le dijo: “Ahora verás cómo te voy a cortar esa porquería”, y uniendo la acción a la voz, se lanzó tras del tipo que corrió sin parar y desapareció en la obscuridad para no volver por la Escuela. En ambos casos me queda muy claro que, los exhibicionistas buscan la reacción de impacto y miedo de sus víctimas, y cuando se enfrentan a una reacción valerosa, se salen de quicio y se les derrumba el placer que su acto les produce. Todas estas circunstancias hacen que, el exhibicionismo esté constreñido a ser ejecutado por hombres y no por mujeres.

Por todo esto, no me queda claro qué busca esa joven con sus actos de exhibición e impudicia. ¿Qué estará sucediendo en la mente de esa joven, que la lleva a ejecutar tales actos que nada bueno pueden traer a su vida? ¿Será que siente algún placer, alguna emoción especial al llevarlos a cabo? Sus acciones la alejan de la posibilidad de ser considerada una mujer de bien. Sea cual fuere su motivación, las autoridades deben tomar cartas en el asunto y no permitir que siga exhibiendo su desvergüenza por céntricos y concurridos lugares de esta nuestra ciudad de Mérida.

Un comentario

  1. Aunque pareciera gracioso, no lo es y tiene toda la razón MTRO Ariel Avilés
    El término DAMA en toda la ascepción de la palabra, se gana
    Tu actitud y conducta, hablan de ti y el respeto es para todos por igual, pero hay que evitar, que sin querer o no, propiciar situaciones desagradables pera una misma, olvidando algunos patanes, lo adecuado…

Responder a Lizbeth Margarita Carrillo BeltránCancelar respuesta

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