Cultura

El decir de De

Domingo por la noche. Entro a la Sede A de la Compañía de Teatro de La Rendija. El teatro es una especie de dispositivo. Abre las puertas como un dragón que abre la boca grande para entrar a las entrañas de una experiencia onírica. En otros medios se ha compartido qué es El decir de De, obra de Michel Oullette, traducida por Lesly Velázquez. El programa escénico, performático, fue desarrollado como un trabajo compartido por Ludotek-Art, de Montreal, Canadá, y Teatro de La Rendija, de Yucatán.

El decir de De es una crónica en primera persona de una chica que se llama De. Ella es una adolescente que vive en un espacio que podría ser universal, en una atmósfera rural, muy cerca de la naturaleza. Poco a poco, conforme el performance se desarrolla, podemos ver cómo una compañía minera llega a expropiar el terreno y casa de su familia. En paralelo De se enamora posteriormente de la hija de un minero.

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Esto podría ser la lectura lineal. Pero lo que se presencia es una puesta en escena conceptual, comprometida, en la que los personajes van mutando conforme va evolucionando la historia.

Existen varios clímax, varios picos altos. En los que las creadoras, Lesly Velázquez, Margarita Herrera y Raquel Araujo, con Angie Canto, trascienden cada parte de la historia como un clavo ardiendo. Con vehemencia, creatividad y muchas salidas.

El trabajo de luz de La Rendija resultó impecable. Se desarrolló con elegancia. Las atmósferas fueron cálidas de principio a fin. Nunca entramos a un terreno mundano. Todo fue llevado como un sueño. Al interior de las fauces de un animal que nos envuelve.

En los clímax antes mencionados existen varios encuentros. El de De con la hija del minero. El de los otros personajes. Los encuentros son pasionales y carnales. La sexualidad tiene en esta obra una fuerte carga. Priorizando en la humanidad de los personajes.

Se usan lámparas como metáforas. Ellas parecen simbolizar la búsqueda existencial que existe en este performance. Una búsqueda que no basta hacerla con la luz, pero que lo intenta. Las luces trazan laberintos que nos apuntan en donde podríamos estar. No hay nada lineal en este performance. Todo es transgresión absoluta. Todo apunta, dispara a metralla a quien lo mira.

El francés, con un acento canadiense fuerte, se intercala con el español. Dos idiomas tocados como dos lenguas, como lo describió Cortázar. Así, esta puesta en esteva internacional nos lleva, nos lleva y atrapa como pocas intervenciones me ha tocado presenciar.

A las creadoras no les basta interpretar. Te empujan al interior. Te exprimen los textos en la cara. Sales salpicado de expresión.

Es así, solamente así, que podría yo contar mi experiencia en El decir de De.

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