








El sueño comenzó hace 32 años, cuando en ese entonces un niño de solo 8 años llamado Humberto Ix Pérez, originario de la isla de Cozumel, llegó a Izamal acompañando a un amigo de su papá, quien venía a esta ciudad porque era dueño de una calesa.
Llegando a Izamal, Humberto pidió a su tío que lo llevara a conocer a la Virgen. Desde entonces quedó prendado de su belleza y su amor por María Santísima, siendo nieto de unos abuelos que también le tenían mucho amor y fe a la imagen de la Santísima Virgen María de esta ciudad.
El pequeño Humberto sueña entonces tener una Virgen igualita. El pasar del tiempo no borró ese amor que él le tenía. Al ser ya un adolescente decidió trabajar para lograr hacer de ese sueño tan hermoso que nació del corazón del pequeño una realidad. Al cumplir los 17 años, empezó su promesa con la Virgen y decidió ya por fin encargarla a unos talladores de Salamanca, Guanajuato.
El 4 de noviembre de 2004 es cuando entonces ya siendo un adulto, don Humberto empezó a hacerle sus novenarios y poco a poco los devotos de la Virgen fueron aumentando poco a poco en la isla de Cozumel.
Hace 4 años decidió traerla a la ciudad de Izamal para reunirla con la Virgen que ocupa el altar en el convento de San Antonio de Padua.
El señor Humberto Ix Pérez contactó al señor Antonio Pérez, el custodio de la imagen de la Virgen izamaleña (quien por azares del destino lleva el mismo apellido) para organizar la llegada de la imagen de la Virgen de Cozumel.
Durante tres años consecutivos, estuvo viniendo para cumplir con esa promesa que sin duda alguna lleva muy dentro de su corazón y que seguramente la llevará por siempre, agradeciendo todos los favores recibidos en salud y en su familia.
Hoy por hoy, los izamaleños le guardan mucho cariño, amor y fe, lo que hace que más y más familias quisieran una visita en sus hogares para pedirle también sus bendiciones.
Don Humberto menciona que él está dispuesto a viajar todos los años desde su natal Cozumel para dejar que los izamaleños derramen todo su amor y fe por nuestra madre santísima.
Apoyado siempre por su familia, viaja a la «Ciudad de las 3 Culturas» y según palabras de él lo seguirá haciendo mientras Dios y la Santísima Virgen así se lo permitan.
«Agradezco a Dios y a la Santísima Virgen María por darme salud y sobre todo por acrecentar cada día mi fe y mi amor por ella y a todos mis hermanos izamaleños por brindarme sus hospitalidad y su confianza para que juntos podamos hacer realidad este sueño que desde pequeño había tenido en mi corazón. Hoy Dios y la Virgen me dan todo lo que necesito y con eso soy feliz», aseguró don Humberto, con lo ojos llenos de lágrimas y emoción por tanto amor a María Santísima.



