
La jarana no ha muerto. Sigue viva en las vaquerías, en las fiestas patronales, en los bailes de pueblo y en ese impulso repentino de zapatear cuando la música llama. La trova, por su parte, tampoco se extingue: resiste en la serenata amorosa, en la nostalgia compartida entre amigos y en la voz del trovador que, de mesa en mesa, se niega a dejar que Guty Cárdenas se convierta en puro recuerdo.
Parte de esa vitalidad se sostiene gracias a artistas como Víctor Celis, guitarrista, compositor y arreglista yucateco, cuya trayectoria revela un compromiso no solo musical, sino también cultural e identitario. Desde hace años, Celis ha dedicado su trabajo a rescatar, recrear y dignificar la trova y la jarana desde la guitarra.
Su álbum Aires del Mayab es mucho más que una recopilación de piezas: es una cartografía emocional de Yucatán. A lo largo de sus 16 pistas, el disco recorre con sensibilidad la nostalgia lírica de la trova y la energía festiva de la jarana, construyendo un paisaje sonoro profundamente peninsular.
Uno de sus mayores aciertos es el equilibrio entre tradición, memoria y vida cotidiana. La presencia de temas como «Kooten boox» reafirma el orgullo por la lengua maya, mientras piezas como «La cochinita pibil» o «El maquech» enlazan la música con el imaginario popular, la gastronomía y las leyendas locales. El «Popurrí Guty Cárdenas» funciona, además, como un homenaje entrañable a una de las figuras esenciales de la canción yucateca, mientras que composiciones como «Flor de azahar» y «Manos de armiño» conservan ese lirismo elegante y sentimental que distingue a la trova regional.
Hacia el cierre, el disco gana fuerza con la jarana. «Nos gustan las jaranas» y «Aires del Mayab» recuerdan que la identidad yucateca también se expresa como fiesta, comunidad y celebración compartida. El tributo a Izamal termina de trazar ese mapa afectivo del territorio y confirma que el álbum no solo escucha a Yucatán: también lo recorre.
Mención aparte merece «Homenaje a Tárrega», donde Víctor Celis despliega con claridad su oficio guitarrístico. Allí dialogan los recorridos rítmicos que atraviesan buena parte del disco (compases de 3/4, 6/8 y aire de vals) con una ejecución que remite a la gran tradición de la guitarra clásica. Las digitaciones vertiginosas, los golpes rítmicos sobre la caja, los silencios que cortan el fraseo a medio compás y la aparición de trémolos de amplio aliento evocan, sin imitación servil, la huella de Francisco Tárrega y piezas emblemáticas como “Recuerdos de la Alhambra” o “Capricho árabe”. En esa convergencia, Celis deja ver algo fundamental: la música yucateca no es un universo aislado, sino una expresión abierta, mestiza y conectada con otras herencias sonoras, desde la guitarra española hasta resonancias más amplias que también laten en la jarana.
Aires del Mayab es, en suma, una obra valiosa de difusión cultural. Su mayor mérito está en preservar y renovar un patrimonio musical vivo, acercándolo al público con sensibilidad, identidad y solvencia técnica. Un disco que invita a escuchar Yucatán con otros oídos y a dejarse llevar, como por el viento mismo de la península.
Dr. Enrique Javier Rodríguez Balam.



