
Guadalajara. “Toda mi vida me ha gustado meterme en problemas. Digo que no, pero la verdad es que sí me gusta. Yo no soy una persona que planea su vida, sino más bien que sabe resolver problemas. Ese ha sido un poco el juego de mi vida”. Así, con ese “sufrigozo” por “complicarse la existencia”, fue como el escritor Xavier Velasco vivió la escritura de su más reciente novela, “Mala espina”, que presenta en la 29 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Su primera novela negra.
El misterio, la persecución y el crimen se ven rodeados de un extraño misticismo mexicano tras el misterioso asesinato de “Iván Mauricio”, quien derrochó su herencia y se volvió chamán. “Dunia Monteor”, su ex esposa, una analista de inteligencia policial en la Ciudad de México, es la sospechosa y también la encargada de resolver el asesinato.
“La novela negra es básicamente un problema de trama y yo estaba mucho más escribiendo novelas de escritura. Es decir que podía sentarme y divagar, ir y venir; pero en la novela negra eso no se vale. Es un mecanismo muy exacto”, dice Xavier Velasco, en entrevista con El Sol de México, sobre este género que ha amado desde chico, cuando a los 13 años leyó por vez primera a Agatha Christie.
“Esta novela la tuve que abordar como una ninguna otra, haciendo un esquema previo, armando la trama desde antes. Me sentí novato e insuficiente, pero con muchas ganas de lograrlo. Me parece que el sentirse insuficiente puede ser una doble motivación, porque te das cuentas que para poder, te tienes que aplicar por entero”.
Velasco reconoce que la trama de la novela y la vida de los personajes fueron relativamente fáciles de concebir, pues los creó a partir de fragmentos de su vida. Menciona el caso de “Dunia Montor”, a quien le tocó vivir cómo su padre terminó en la cárcel cuando tenía 15 años, un hecho más que determinante.
Sé muy bien lo que es ir a ver a tu padre a la cárcel. Sé perfectamente lo que es mirar a tu madre marchitarse porque su vida se viene abajo y lo que es levantarse
- Xavier Velasco, autor
“A mí me pasó a los 16 años. Sé muy bien lo que es ir a ver a tu padre a la cárcel. Sé perfectamente lo que es mirar a tu madre marchitarse porque su vida se viene abajo y lo que es levantarse. Sé también lo que es vivir rascando el pasado preguntándote qué pudiste hacer distinto.
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“También, yo tuve un amigo, heredero, inmensamente rico y que se volvió chamán. Hoy no sé dónde viva, pero sé que vive de hacer limpias. “Iván” tiene mucho que ver con ese conocido, con el hecho de que cuando se acaba la riqueza material, opta por buscar la riqueza espiritual, porque ya no tiene acceso a ninguna otra”, dice entre risas Velasco, quien considera que vivir experiencias es esencial para ser escritor.
Entre charlatanes y desesperación
Sobre la charlatanería, que en la novela se hace cada vez más presente, radical y peligrosa, asegura que este tipo de estafas puede sostener un entramado delictivo, “porque hay un gran snobismo que viene con unos toques de narcotráfico y latrocinio”. Un fenómeno que puede cambiar la percepción de rituales y magia que sí forman parte real de la cosmogonía de comunidades originarias.
Lo que se pone de moda, por supuesto que se banaliza y se prostituye, se abarata
- Xavier Velasco, autor
“Lo que se pone de moda, por supuesto que se banaliza y se prostituye, se abarata. Es así y siempre va a ser así porque siempre habrá gente que diga ‘es que estoy buscando el esoterismo’, pero la verdad lo que están buscando es un viaje de ayahuasca”
Al mismo tiempo ve un lado contrastante, pues su protagonista poco a poco se ve orillada a recurrir a este tipo de prácticas para encontrar la verdad. ¿Por qué tendríamos que recurrir a lo paranormal en un contexto como el mexicano, donde parece casi imposible la justicia?.
“Puede ser muy valido o muy desperado. Alguna vez, con mi padre en la cárcel, a mi madre le dio por ver hechiceras y comprar amuletos. Ella no creía en eso y nunca volvió a creer. Y cuando yo se lo reclamé, me dijo: ‘discúlpame hijo, es que estoy desesperada y no sé qué hacer’.
“Decía John Lennon que Dios es un concepto por el cual medimos nuestro dolor, y a veces también el esoterismo es un concepto que nos permite medir nuestro dolor, o la desesperación de salir de él, a riesgo de contraer la ilusión de que estamos saliendo de él. Viendo cómo está el mundo y el país, no me extraña que la gente recurra a todo tipo de artimañas para salir de donde está”, finaliza.
Soy reportero especializado en temas culturales con 7 años de experiencia. Estudie letras en la FF y L de la UNAM.



