
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
¡Bendito despertar en este inicio de esta nueva semana, oh Padre Santísimo!
Ante tantas aflicciones, ante tanta adversidad y ante tantos malvados, comprobamos una vez más, que nuestra lucha “no es contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.” (Efesios 6: 12).
Vemos un ejemplo muy claro y conmovedor en David cuando luchó contra los Amalecitas. Él solo pudo rescatar a todos los que ya estaban cautivos, junto con todos los bienes zaqueados, cuando consultó en oración al Espíritu Santo, ante el sacerdote Abiatar, quien le presentó EL EFOD. En ese tiempo, el Efod era el signo del Espíritu Santo que iluminaba a quienes debidamente autorizados lo consultaban. (1º. de Samuel 30: 1-31).
Padre Santísimo: En este tiempo de la dispensación de LA GRACIA DIVINA, consultar en ferviente y confiada oración al Espíritu Santo, es la mejor manera de conducirnos en los momentos en los que debemos tomar las más sabias y atinadas decisiones. Muchas veces, de manera irreflexiva y necia nos conducimos solos sin esta valiosísima ayuda del Espíritu Santo, quien nos da luz, sabiduría, entendimiento claro y preciso para actuar exitosamente dentro del marco de la Voluntad Divina y lejos del capricho humano. Hoy justamente Te confesamos que, con todo el poder de la gracia divina, vamos a cambiar de táctica al enfrentar a los enemigos a vencer, pero siempre auxiliados por el Divino e Infalible Consejero: EL ESPÍRITU SANTO.
¡Vamos a sobreponernos y a sobrevolar al enemigo! ¡Vamos a imitar a las águilas cuando están bajo amenazadores y peligrosos nubarrones, que, en vez de enfrentarse a ellos, remontan su vuelo más alto que las nubes de tormenta! Es decir, vamos a dejar de ser más naturales para convertirnos en seres más sobrenaturales, porque solo con LO SOBRENATURAL se vence a todo lo material y se obtiene la victoria ante las huestes espirituales de maldad.
Padre Santísimo: Ratificamos ante Ti, que nuestra confianza en Ti será por siempre, porque es el mismo Espíritu Santo quien nos indica y señala el camino correcto en nuestro diario proceder:
“… los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.” (Isaías 40:31). Eso es lo que justamente implementaremos en nuestro diario vivir y en nuestro diario actuar, porque, estamos muy seguros de que solo así haremos Tu Divina Voluntad.
Padre Bendito: Ante tanta fuerza maligna, solo nos resta dejar de confiar en nuestras fuerzas, para poner toda nuestra confianza en la luz e impulso del Espíritu Santo, porque una vida tan llena de batallas, de grandes retos y de magníficas oportunidades, más vale que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo, para confirmar que: “No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor Todopoderoso—.” (Zacarías 4:6).
Padre Santísimo: Nos vamos a la conquista de los retos y oportunidades de esta nueva semana de trabajo, con la seguridad que nos da la fe en que Contigo, con la Luz, con la dirección del Espíritu Santo, con la presencia de Cristo en nuestra vida, vamos a recuperar todo cuanto nos haya arrebatado el enemigo y hasta despojarlo de todo cuanto tenga y sea de nuestro provecho.
Padre Bendito: ¡Gracias por estos momentos maravillosos de Tu Presencia enriquecedora y vivificante! Amén.



