Cultura

Venturas y desventuras en Izamal

Capitulo IV

Trata de blancas

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En todas las poblaciones más o menos grandes de Yucatán (hay que recordar que son 106 municipios, incluyendo Mérida), tiene cada una, además de su feria anual, su propia “nacionalidad”, aún en las comisarías y lugares que los hacen atractivos, como lo son los cenotes, vestigios arqueológicos, su particular gastronomía, hombres ilustres, muchachas muy bonitas, sus bailes tradicionales como las vaquerías y diversiones y juegos muy particulares, como el “dzop sandía”, “las carreras argentinas” en bicicleta, en donde el ganador es quien llega de último sin pisar el suelo y, como mencionamos al principio de esta reseña, las más grandes tienen su lugar de pecado, es decir, la zona de tolerancia, según la categoría y tamaño del lugar.

En Izamal existió o existe una zona de tolerancia en las afueras de la ciudad, la cual tenía unos seis u ocho cuartitos, con sus respectivas hetairas. En este sitio se brindaba servicio principalmente a los mestizos de la población y que en la época cuando había feria, por cierto, de las más rumbosas de nuestro Estado, literalmente los aborígenes mayas hacían cola para desahogar sus necesidades fisio-sexuales; sin embargo, era conocido que las fuerzas vivas del lugar, doctores, licenciados, hacendados, comerciantes, etc., acudían a aquel lugar de perdición consuetudinariamente.

Cierta ocasión, las esposas de estos relevantes personajes, enteradas de aquello y muy enojadas acudieron en persona al diario más importante de entonces, ultraderechista, muy obsoleto, anacrónico, extemporáneo y ultraconservador, exponiéndole al director la situación de aquel lugar y de aquellas mujeres. Al día siguiente, a ocho columnas, se publicó lo siguiente: “Trata de blancas en Izamal”, esto puso en jaque a los izamaleños, asiduos clientes, pero más aun al Comandante “Tocha”, quien era en realidad el dueño y regente de aquellos guayes, pueblerino burdel y citando al corresponsal, y literal a los señores hipócritas, llevándolos a aquel lugar de pecado, quejándose el Comandante todo el camino, éste hizo salir a todas sus pupilas, exclamando: “mírenlo con sus propios ojos, eso de la trata de blancas es una gran mentira, observen bien a las muchachas, ¿Ven ustedes a alguna blanca?”, ofendidísimo, dijo: “aquí, puras atabacadas tenemos”.

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