Cultura

Tlapalería Don Chuy prepara un «Surtidito Rico» de fiesta con ritmos africanos para armarla en grandecito

Tlapalería Don Chuy tocando en el Pasaje de la Revolución en Mérida. Fotografía de Silvia Vite.

«Pues llevamos un… muy poco tiempo. Llevamos como, dos semanas, como Tlapalería Don Chuy formalmente» respondía el guitarrista Gabriel García en una entrevista del 16 de mayo de 2021, en medio de la pandemia, con el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC). La entrevista fue antesala para una presentación del conjunto en un «Concierto Virtual» organizado por la institución en el marco de las celebraciones del Día del Maestro. Cuatro años después tocaron en el primer Festival de Jazz en Mérida, y ahora el grupo de «afro-mexi-fiesta» se prepara para lanzar su segundo álbum y terminar de «armarla en grandecito».

Tuve la oportunidad de hablar con Gabriel y con Néstor Luna, el trombonista del conjunto. Además de Néstor y Gabriel, los miembros originales de la banda son José Guadalupe «Lupe» Lara en la trompeta, Emmanuel «Chopis» Cisneros como tecladista y Ramiro «Remi» Barrios de baterista. Néstor Vásquez, padre del otro Néstor, se unió al poco tiempo de manera oficial para tocar las percusiones adicionales. Néstor Luna, el trombonista, usa el apellido materno para distinguirse de su padre, que por muchos años fue percusionista de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y maestro de sus ahora compañeros de banda. Por eso Gabriel dice que «el papá de Néstor es el papá de todos».

rel="nofollow"

Entonces no extraña que en aquella presentación virtual de 2021, a las dos semanas de existir como grupo, el conjunto ya tocara con tan absoluta confianza y familiaridad compartida. Su repertorio de aquel día contó con cóvers de Lou Donaldson, Robert Walter, Roy Ayers, Grant Green, Manu Dibango y Kokoroko, referentes del jazz y funk en su sonido, además de dos temas originales: «La Franca», compuesto por Chopis como tributo a un bar de la Ciudad de México, y «Liberen a los Changos» de Gabriel García, que sería el tema con que se presentarían al mundo en su álbum debut Tlapalería Don Chuy de 2023.

«Un factor muy importante [que los juntó] fue la pandemia» me compartió Néstor Luna. Todos ellos, me explica, habían sido amigos desde hace varios años, pero la vida los tenía dispersos por el país. «Esa es la razón por la que nos entendemos tan bonito», opinó el trombonista, cuyo entrenamiento musical es más clásico, pero cuya experiencia en el grupo le ha permitido aprender el estilo de músicos-amigos a quienes admira.

Chopis y «Nestorcito» estudiaban y se desarrollaban como músicos en la Ciudad de México, donde fueron roomies. A partir de la pandemia, regresaron a Aguascalientes, y la situación facilitó juntarse para tocar y cuadrar ensayos. «La gente no tenía mucho que hacer en el pueblo, bueno, la ciudad (le digo pueblo de cariño). Muchos lugares estaban cerrados», recordó Gabriel. En esa misma época Néstor Vásquez se jubiló de la Sinfónica, lo cual le permitió integrarse a los ensayos y eventualmente como miembro oficial.

Inicialmente, fueron Gabriel, Ramiro y Chopis quienes se juntaron como un organ trio llamado «Los Miles Davis». Un organ trio es un ensamble típico donde el órgano es fundamental, acompañado con una batería y una guitarra o saxofón. «Tienden a tocar música de jazz o funk», me explicó Gabriel, «en este caso el órgano siempre hace el bajo, ya sea con la mano izquierda o con los pedales». Esa estructura es la misma base que mantiene «La Tlapa», que se terminó de formar añadiendo los metales y la percusión de Vásquez para dar más vida a su estilo basado en el afrobeat, un género que se originó en la Nigeria de los años 1960 derivado del jazz y del funk por las colaboraciones entre el legendario Fela Kuti con el baterista Tony Allen y que se caracteriza por la complejidad de sus ritmos entrelazados con ricas secciones de metales. La ausencia de bajo —su simulación con las notas bajas del órgano y con pedales— le da a La Tlapa un filo particular dentro de la escena afrobeat.

Gabriel conoció a Remi y Chopis en el Escargot Tapas, un restaurant-bar extinto en el centro histórico de Aguascalientes que fue también llamado «la casa de la música del infinito». El bar era propiedad de Gerardo «Castmu» Castillo, quien años más tarde fue productor del primer álbum de Tlapalería Don Chuy, y era conocido por ser un hogar para cierta música de nicho, «géneros que no tienen nada que ver con rock y pop y todo [lo más común]», especialmente el jazz. Ahí mismo Remi, Chopis y Lupe grabaron el disco Me hago viejo (2014) como miembros del grupo de rock progresivo y jazz-funk Pie Grande. El espacio también los puso en contacto con la escena del jazz de la Ciudad de México, pues ahí mismo se presentaban artistas como Nicolas Santella y A Love Electric.

«El nombre de Los Miles Davis era como de broma. Tocábamos justo lo que empezamos a tocar como Tlapalería Don Chuy. Funk básicamente. Teníamos esa onda de tocar afrobeat. Hace como veinte años intentamos hacer una banda de afrobeat Ramiro, Emmanuel y yo con otros tres personajes. Duramos como tres ensayos y ya no le dimos más seguimiento porque teníamos otros proyectos», me contó Gabriel, quien reconoce que Tlapalería Don Chuy ha sido su mayor esfuerzo por «formalizarse» en ese estilo.

Aquellos ensayos iniciales eran muy informales, ocurrían en una casa a donde llegaban sus amigos a verlos y a tomarse sus caguamas. Recuerda que de uno de esos primeros ensayos pandémicos salió la conversación para hacer un proyecto que, ahora sí, «la arme en grandecito».

El nombre de Tlapalería Don Chuy surgió cuando el trío invitó a Luna y Lara —los metales— para unirse al grupo. «Fue [la sugerencia] que se llevó las risas más cañonas». En la perspectiva de Gabriel García, el nombre refleja su identidad no solo por ser «extraño y peculiar» sino porque «demuestra el lado chusco, mexicano» de su música. Es algo relacionado con «el pensamiento de la banda mexicana, con los rótulos […] lo pensamos como en una portada, una pared pintada». Al respecto de ese lado chusco y mexicano, me adelantó que en su segundo disco habrá un canción, «Pinche tráfico», que juega con los sonidos de la calle y los megáfonos de la ciudad.

El nombre, me dicen, ha sido un hit a nivel México, pero se ríen recordando que cuando tocaron en Colombia se les tomó más en serio porque nadie sabía qué es una tlapalería. Y aunque ahora su marca nos parezca tan popular y divertida, no siempre tuvo tanta aceptación. «Nos han dicho en lugares ‘¿cómo creen que los vamos a anunciar así?’» rememoró Gabriel con una risa irónica. «No quiere decir que la música no sea de calidad», él respondía, «es súper chida, no se van a arrepentir».

Néstor Luna reconoce que en su momento eso provocó mucha frustración, y él mismo llego a sugerir un cambio de nombre por algo más serio para evitar el rechazo de algunos clubes. «Sirvió muy cañón como marca», lo justifica Gabriel, «branding, así le dicen el día de hoy, pero es la marca, ¿no? Los grupos de jazz siempre tienen nombres muy serios. ‘Fulanito de Tal Quartet’». La elección los ayuda a distinguirse en nombre, así como la originalidad de su sonido los distingue sobre el escenario. Ahora después de sus conciertos «la gente dice: ’Tlapalería Don Chuy fue una sorpresa, qué pinche nombre tienen, y qué chido tocan’. Nadie espera nada de nosotros y no los decepcionamos».

Entre sus mayores influencias musicales, los integrantes incluyen por supuesto a Fela Kuti y a Tony Allen, pero también le dan su espacio a James Brown, a The New Mastersounds y más recientemente a Snarky Puppy «por la precisión con la que tocan», dice Néstor, a quien además le gusta mucho escuchar a bandas de metales que «hacen cantar al instrumento». Gabriel escucha música electrónica, soul, «música folclórica de países que ni conozco», «lo que no te puedes imaginar que existe» y «música viejita».

Sobre su música, Néstor Luna comenta que todo lo que hacen «[proviene del] género afro, mas lo mexicano que le vamos agregando como la mezcla de instrumentos que no es muy común». Por su énfasis en los ritmos, el objetivo de su música es provocar a sus públicos a bailar. «Siempre la idea fue crear una fiesta con la gente que nos escuchaba. Estar con ellos, que la gente se motive, que haga un desmadre».

«Al principio cerraron algunos bares gracias a nosotros, o por nuestra culpa», me dice riéndose. «Porque era mucho ruido y la banda nos decía ‘OTRA’ y ‘OTRA’ y ‘OTRA’ y no dejábamos de tocar». Existen algunas grabaciones de esa época, tocando la música de Fela en el difunto bar Killay de Aguascalientes o en terrazas inidentificadas. En sus inicios, además de las presentaciones virtuales, tocaban en relativa clandestinidad debido a las condiciones pandémicas. Pero el Killay se llenaba. «Nos invitaban mucho. Era el punto de reunión hasta que la gente estaba en la calle, todo lleno. La policía llegaba y era CLAUSURA tras CLAUSURA tras CLAUSURA. Después de tantas clausuradas, ya no queda más, pero el lugar fue esencial para La Tlapa».

Cuando les pregunté qué ha cambiado desde esos tiempos, Néstor contestó que como siempre, la idea es hacer «fiesta con la banda», pero ahora en escenarios más grandes. «Siempre es un reto en algunos festivales con producción más grande. En el Killay tocábamos así sin micrófonos ni nada. Iniciábamos tocando con un altavoz, ojalá regresáramos a ese hábito», opinó con evidente nostalgia. «Se armaba un relajo, tenía una sirena, y hacíamos un desmadre con ese altavoz. Ponemos la música y la fiesta viene de cuenta del público».

Gabriel añade que, musicalmente, ahora siguen una línea más pegada al afrobeat, a su exploración como género, y con menos relación directa al jazz y el funk. Adelanta también que su nuevo disco hasta incluye una balada —Sin Yolanda— que ha sido uno de sus mayores éxitos en vivo. «Una rola tranquila, emocional, serena, muy emotiva. Como gospel, soul, por ahí va la onda».

Y es que casi todo el disco es una fiesta. Sin Yolanda, escrita por García, surge para dar contraste. «Es un track súper tranqui, casi para llorar». «Por otro lado», recuerda el guitarrista, «Néstor y Lupe, los alientos, estaban exigiendo una rola donde no tocaran tanto para descansar, porque se me cansan». Poquitas notas, notas largas que sean cómodas. Por eso se llama Sin Yolanda (sin llorar), «para que dejen de chillar, por esa parte».

Pero Sin Yolanda no resultó ser precisamente un descanso. «Nos gustó tanto el tema que Lupe y yo nos reventamos unas notas súper agudas, súper fuertes. Damos todo para tener esa energía que fue agarrando el tema», admite Néstor. Gabriel añade que la balada «tiene un impacto chido en el público. Yo nunca he visto porque ando ahí con los ojos cerrados con mil cosas, pero Néstor y Lupe luego ven gente llorando en el público y digo órale, qué loco que estén conectando de esa manera. En esa rola todo el mundo se calla y verdaderamente está receptivo».

Sin Yolanda será el siguiente sencillo de La Tlapa en lanzarse por streaming, y se espera para febrero.

Sobre sus experiencias más gratas sobre el escenario, Néstor se apura en mencionar lo bien que se la pasaron en Mérida. «Mérida ha sido de los lugares más cálidos, no solo por el clima, pero porque nadie se sentó. Ya en el primer segundo [de la tocada] ya todos estaban bailando». Gabriel siempre lucha porque los escenarios donde se presentan no tengan sillas, porque le frustra ver a la gente sentada y sin bailar.

Tlapalería Don Chuy se presentó en Mérida el 3 de octubre del año pasado, en el marco de la primera edición del Festival de Jazz Mérida 2025. Originalmente su concierto iba a ser en el Remate de Montejo, pero finalmente lo movieron al Pasaje de la Revolución porque amenazaba con llover.

Gabriel recuerda que el concierto de Mérida fue «espectacular». Le impactaron los escenarios de Santa Lucía y del Remate, y cuando los movieron al Pasaje no supo qué esperar, pero ese terminó por ser su concierto más grande hasta la fecha con entre 2,000 y 3,000 personas. «Todos los de en frente se pararon a bailar. Los de atrás estaban muy lejos, pero en un momento les dije ‘quiero ver las manos arriba,’ y sí las levantaron». «Tener ese fondo interminable de gente… esos han sido los mejores momentos en los conciertos». Además, tuvieron la oportunidad de conocer Mérida y pasar tiempo juntos como amigos; hasta visitaron el cenote de El Corchito en las afueras de Progreso.

Los músicos también tienen memorias gratas de conciertos en Aguascalientes —porque ahí siempre están sus amigos, los primeros fans—, Colombia y Sonora, donde también pudieron pasar mucho tiempo de calidad como amigos y no solo compañeros de banda: fueron a la playa, fueron por las tunas, «con los saguaros gigantes para tomarnos fotos».

También tocaron en el Festival Bahidorá de 2024, que les abrió las puertas para ser convocados a más festivales (en el Remind GNP del mismo año pudieron tocar con grupos icónicos como UB40, los Buena Vista All Stars y hasta los Jackson 5 —que nadie sabía seguían dando conciertos—). Para Néstor, ese concierto fue muy especial por el momento en el que García se tiró al público y la gente lo cargó. «Entre llorando y gritando, la música seguía. Nos dimos cuenta de que ya estábamos perfectamente unidos. No importaba que un cabrón estuviera bailando encima de la gente. La banda estaba completamente conectada».

El más reciente sencillo de La Tlapa, «Lo Que Extrañas Ya No Existe», salió hace solo tres semanas, y es una de sus canciones más energéticas y emocionantes. Si es una señal de la calidad de su producción futura, se nos acerca una etapa superior de su música, un futuro próximo donde Tlapalería Don Chuy tiene lugar asegurado en el soundtrack de fiestas por todo el país. Tal como lo anticiparon, el tema representa una fuerte inclinación hacia los elementos afrobeat que ya destacaban en su música: el interplay de los instrumentos sustentado en una lógica de «llamado y respuesta», los acentos instrumentales al servicio del ritmo y amplias oportunidades de la guitarra y la rica sección de metales de lucirse en solos irresistibles con un confidente y amigable respaldo cadencioso que te invita a tomar parte en la pachanga.

En los próximos meses sacarán dos sencillos más —Sin Yolanda y Cafeíno—, para calentar al público antes del lanzamiento de su segundo álbum, Surtidito Rico en mayo.

A Néstor le emociona, en particular, dar a conocer la canción «La víspera», un tema que siempre llena de energía el escenario. García la describe como «la embajadora que va a estar presentando el disco. Muy tribal, intensa, como ‘Liberen a los Changos’ pero con un aire más oscuro. No es tan vibrante pero tiene mucho power, mucho punch, es de alguna manera una canción rockera».

Surtidito Rico contará con la producción de Gerry Rosado, quien antes ha trabajado con San Pascualito Rey, Juan Cirerol, La Gusana Ciega, Comisario Pantera, entre muchos otros artistas de perfil continental. Luna dice que en el nuevo disco, la agrupación quiere conectar más con la gente, «que se siga sintiendo esa cosa cercana de que estamos todos juntos en una fiesta».

El público de Mérida ya le agarró cariño a La Tlapa, y espera al nuevo disco con todas las ganas de bailar con él y hacer desmadre juntos.

Deja un comentario

Botón volver arriba

Descubre más desde EstamosAquí MX

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo