¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Padre Santísimo: ¡Bendito seas, porque a pesar de que estuvimos desde temprana hora pensando en Ti, por fin, nos invitaste a escuchar la voz del Espíritu Santo, que nos dice: “… y renuévense en el espíritu de su mente, y vístanse del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 5:23-24). Eso es justo lo que vamos a implementar en nuestro Grupo de oración de la ferviente súplica. El hacer que en Tu Nombre y en el de Tu Hijo Jesucristo, comenzamos a renovar nuestro espíritu todo lo carnal, todo lo material, todo lo limitado, todo lo miserable, todo lo que implica conformismo, todo lo que habla de carencias. El enemigo de nuestra salvación es quien ha infundido ese espíritu propio de gente sin talento y sin talante, que vive a la expectativa de iniciar su tarea MAÑANA o de esperar mejores tiempos y mejores oportunidades. El enemigo ha robado poco a poco su talento, ha minado su temperamento, los ha hecho conformarse “CON UN POQUITO, CON LO SUFICIENTE Y HASTA CON CASI NADA” ¡Qué pobreza de mente! ¡Qué impotencia de espíritu! ¡Qué miseria se respira! Tal parece que estamos participando en la mesa del SER MÁS DESPRECIABLE Y MISERABLE, cuya mente solo piensa en los gastos que el haberte invitado le implicas.
Padre Santísimo, es el mismo Espíritu Santo, quien nos previene y nos ordena el NO PARTICIPAR EN LA MESA DE LOS MISERABLES, porque contagian con su forma de pensar, ya que hablan y hablan de lo costoso de la comida y de la bebida que se está sirviendo. ¡Jamás hablan de la generosidad divina! ¡Jamás Te tienen presente! Solo piensan que todo cuanto han acumulado se debe a su intelecto, a su ahorro forzado, a su sacrificio constante, a sus mil privaciones, a sus grandes abstinencias y a sus miserables ayunos. ¡Qué pena sientes, Tú, oh Padre Santísimo, cuando ves que Tus hijos vamos a sus banquetes de miseria, donde la mesa habla de la ceguera en que viven, de la pobreza que respiran, del dolor de haber mal gastado en ese banquete, que disminuyó sus caudales. Es la voz sapientísima del espíritu Santo, la que nos ilustra: “No te sientes a la mesa de un tacaño ni codicies sus manjares, pues él solo piensa en los gastos. «Come y bebe», te dirá, pero ¡NO TE LO DIRÁ DE CORAZÓN! Acabarás vomitando lo que hayas comido”(Proverbios 23:6-8).
Padre Santísimo: hoy vamos a vivir esa gran verdad y vamos a actuar con una mente renovada en Cristo, Tu Hijo Amado, quien siempre nos habló de generosidad. En las Bodas de Caná, lo demostró al convertir el agua en más de 600 litros de vino de excelente calidad; en la pesca milagrosa; en la multiplicación de los panes y de los pescados; en resucitar a los muertos; en sanar a todos los enfermos del alma y del cuerpo, etc., etc. Hoy nuestra mente se potencia, se fortalece, se llena de energía y en ella ya no existen pensamientos de poca monta. ¡Ahora pensamos como Cristo! ¡Ya no estamos limitados! ¡Ya no participamos en mesas de ricos miserables! Ahora, somos nosotros quienes ofrecemos nuestra mesa bien servida, bien atendida donde el talento y el talante hablan de Tus ricas bendiciones. Donde la gratitud queda manifiesta y habla de Tu presencia, de Tu generosidad, de Tu esplendidez y de la especial predilección que nos tienes.
Ahora Tú mismo, Padre Santísimo, nos ves ofrecer nuestra mesa y confundes a los miserables, cuya mente solo piensa y teme el estancarse en la miseria. ¡Qué hermoso es tener un espíritu de poder, de amor y de autocontrol! Ahora es el Espíritu Santo, quien nos instruye y nos infunde seguridad, “Porque no nos ha dado Dios ESPÍRITU DE IMPOTENCIA, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2ª. Timoteo 1:7).
Padre Santísimo, ahora después de este momento, nuestra mente llena de poder divino exclama convencida: “¡TODO NOS ES POSIBLE! ¡YA NO HAY NI TENEMOS IMPOSIBLES, PORQUE ES CRISTO, TU AMADO HIJO, QUIEN NOS FORTALECE Y NOS HACE POSIBLE HASTA LO IMPOSIBLE QUE HAY EN NUESTRA MENTE! AMÉN.



