



28 de abril/ Cancún, Q. Roo. – «El Jefeciño», ubicado en el municipio de Othón P. Blanco, en el sur de Quintana Roo, es el nombre de un nuevo asentamiento prehispánico registrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en donde fueron identificados vestigios de arquitectura monumental asociados a la cultura maya.
El hallazgo se realizó tras un reporte de habitantes de la región y fue incorporado a los trabajos institucionales de documentación patrimonial.
El asentamiento prehispánico está conformado por 80 edificios distribuidos en una superficie preliminar de 100 hectáreas, aunque especialistas señalaron que la extensión total podría ser mayor y requerirá nuevas exploraciones para definir sus límites.
El sitio fue dado a conocer durante labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Tren Maya, coordinado en el frente 1 del tramo 7 por el arqueólogo Manuel Pérez Rivas. Posteriormente se desarrollaron trabajos de registro entre 2023 y 2024.
Las labores de documentación fueron codirigidas por el responsable de la Zona Arqueológica de Dzibanché Kinichná, Sonny Moisés Ojeda González, y por la encargada de la Zona Arqueológica de Kohunlich, Diana Karina Blancas Olvera.
Los trabajos incluyeron prospección para determinar el estado de conservación del asentamiento y su posible extensión.
Según la evidencia arquitectónica, el sitio correspondería al periodo Clásico Temprano/Tardío, fechado entre 250 y 900 después de Cristo.
Los especialistas relacionan las construcciones con el estilo Petén, caracterizado por edificaciones abovedadas de gran tamaño, esquinas redondeadas y remetidas, así como molduras en delantal.
Dentro del área nuclear fueron identificados cinco edificios principales, con alturas de entre 11 y 14 metros y longitudes de 16 hasta 40 metros.
Estas estructuras están distribuidas en una plaza con forma de “C”, según la descripción técnica presentada por los investigadores.
En el edificio identificado con el número 53035, localizado al noreste del predio, se observaron restos de estuco con pintura mural decorativa y fragmentos de una osamenta humana, los cuales podrían formar parte de un contexto funerario.
No obstante, el INAH precisó que no se realizó salvamento arqueológico, por lo que el material no fue recuperado y permanece en el sitio.
Respecto a la pintura mural, los arqueólogos indicaron que presenta características decorativas y no narrativas, con pigmentos en colores blanco y naranja, además de franjas rojas y señalaron que será necesaria una exploración intensiva para confirmar estos elementos.
En otro de los edificios, identificado con el número 53037 y ubicado al noroeste del conjunto, se detectó una subestructura con moldura de delantal.
De manera superficial fueron reconocidas tres etapas constructivas: una primera a unos ocho metros de profundidad, una segunda asociada a restos de pintura mural y una tercera con derrumbes donde aparecen desplantes de escalinatas. Los especialistas estimaron que los inmuebles podrían contar con entre cuatro y cinco etapas constructivas.
Otro de los hallazgos reportados corresponde a tres bóvedas mayas al interior de algunos edificios, construidas en saledizo y con estado de conservación que permitió su identificación.
El INAH informó que en etapas posteriores se prevé impulsar un proyecto de mapeo con tecnología LiDAR para definir el patrón de asentamiento y ampliar el estudio del lugar.
Después de ello podrían recomendarse acciones de conservación, consolidación y exploración arqueológica.
Los investigadores señalaron que el estudio de «El Jefeciño» permitirá comprender la red de sitios arqueológicos del sur de Quintana Roo y ampliar el conocimiento sobre las relaciones sociales entre antiguas comunidades mayas asentadas en esa región.



