
Han transcurrido tres semanas desde que la Fiscalía de Estados Unidos inició el juicio en contra de Genaro García Luna, quien fuera titular de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI) en el gobierno de Vicente Fox Quesada y exsecretario de Seguridad Pública en la administración de Felipe Calderón Hinojosa.
El exfuncionario mexicano de 50 años fue detenido en diciembre de 2019 en Dallas, Texas, y desde entonces está preso en Estados Unidos, cuyo gobierno lo acusa de haber recibido millonarios sobornos por parte del Cártel del Sinaloa para permitirle traficar cocaína con total impunidad. Según información ventilada durante la presentación de testigos, la Administración de Control de Droga (DEA por sus siglas en inglés) conocía de estos nexos al menos desde 2010.
A lo largo de estos días, han desfilado ante el juez Brian M. Cogan -el mismo que sentenció a cadena perpetua a Joaquín “Chapo” Guzmán- poco más de una veintena de testigos de la Fiscalía de Estados Unidos, desde narcotraficantes hasta exfuncionarios de México y de aquel país, todo con el objetivo de comprobar que García Luna es culpable de los delitos de tráfico de droga, delincuencia organizada y por haber mentido en una declaración migratoria.
Asimismo, se espera que a más tardar iniciando la semana, la defensa de Genaro García Luna decida si el acusado sube o no a testificar ante el juez y el jurado, conformado por 12 ciudadanos y seis suplentes.
También han declarado ante la corte exfuncionarios tanto estadounidenses como mexicanos, entre ellos Héctor Villarreal Fernández, secretario de Finanzas de Coahuila entre 2008 y 2010, y Edgar Veytia alias «El Diablo», exfiscal de Nayarit condenado en EU por narcotráfico, quienes en algunas partes han coincidido en que García Luna habría recibido sobornos del Cártel de Sinaloa para permitirles operar y traficar cocaína a Estados Unidos.
De entre los testimonios han salido a la luz algunos puntos clave para comprender el juicio. Se ha detallado cómo operaban no solo García Luna sino funcionarios a su cargo tanto para recibir sobornos por parte de líderes del crimen organizado, como para permitir el libre tránsito de narcotraficantes y de su producto (cocaína), el cual provenía principalmente de Centro y Sudamérica.
Otra fuerte revelación la hizo “El Grande”, pues dijo que en 2008 Genaro García Luna fue secuestrado por orden de Arturo Beltrán Leyva en una carretera de Cuernavaca, Morelos, en represalia porque la Policía Federal «estaba golpeando a su organización más que a la de Ismael “El Mayo” Zambada, es decir, el Cártel de Sinaloa. De hecho, el mismo capo reveló que en la captura de Jesús “El Rey” Zambada, hermano del “Mayo” participaron narcotraficantes disfrazados de agentes, todo con el fin de mostrar su poder ante el grupo rival.
Incluso en la corte se ha dicho que tras algunas reuniones entre funcionarios de alto nivel en la primera década de este siglo, tanto García Luna como el expresidente Felipe Calderón habrían dado la orden de proteger al cártel del “Chapo” por encima del del propio Arturo Beltrán Leyva, aunque -dijo un testigo- los servidores siguieron “trabajando” para “El Barbas”. «El Grande» dijo que narcos de los Beltrán Leyva se colaron a la detención de «El Rey» Zambada.
El as bajo la manga de la Fiscalía
Sin embargo, toda esta información sería nada comparada con la jugada maestra que estaría alistando la Fiscalía de Estados Unidos. Versiones periodísticas y expertos consideran que aún falta por testificar alguien que podría darle la estocada final al exsecretario de Seguridad Pública federal y ser la llave para que reciba sentencia en Estados Unidos.
Durante el juicio han salido a relucir los nombres de poderosos narcotraficantes -ya detenidos y sentenciados en el país vecino- como Edgar Valdez Villarreal “La Barbie”, Jesús ”El Rey” Zambada y hasta Joaquín “Chapo Guzmán” Loera, todos sinaloenses y señalados por haber estado en contacto en algún momento de la historia con Genaro García Luna.
Justo dentro de estos tres estaría ese “testigo estrella” de la parte acusadora.
Con información de El Heraldo



