
(San Juan 3:16).
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: ya celebramos Navidad. ¡Cristo ha vuelto a nacer en muchísimos corazones y ha conquistado muchos hogares! ¡Cristo es la expresión más excelsa del amor que tienes a nuestra pecadora humanidad! Cristo se ha hecho hombre para que nosotros recuperemos esa parte divina que perdimos en el paraíso. Quienes hemos renacido en esta Navidad, sabemos que en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra nueva forma de vivir es la parte divina la que prevalece y le imprime amor, luz, sabiduría, sabor, paz, gozo, fortaleza, poder, talento y pasión. Ese después de renacer es el que marca el límite entre nuestro ayer y nuestro nuevo día que el Señor ha hecho para que nos regocijemos y nos alegremos en él.
¡Cuán grande eres, oh Padre Santísimo! La navidad de Tu Hijo Amado, propicia, favorece y hace que haya un verdadero florecer de la fe y del amor. La fe nos da una mente capaz de soñar, imaginar, crear, idear, diseñar y visualizar tantas cosas que hacen que nuestra vida se torne mucho muy interesante, que impulsada por el poder del Amor que en nosotros habita, que es Cristo, nos hace comprender que todo cuanto nos proponemos es factible, porque en Él, ¡nada nos resulta imposible y esta palabra la hemos borrado de nuestro cerebro!
Es aquí y ahora en que, quien habita en nosotros, hace visible su presencia y nos hace vivir en toda su intensidad y pasión, porque es el momento en que comprendemos que a la par que nuestro Salvador amoroso, también nosotros podemos dar la vida por nuestros amigos, tal como Él lo hizo. Es justo en este momento en que nuestra mente se ilumina, comprende, valora y está más que preparada para dar de manera extraordinaria su vida en aras de toda la humanidad, porque alcanza a ver en toda su dimensión lo que Tú, Padre Santísimo, hiciste por nosotros, que siendo pecadores, transgresores y empecinados en la maldad, permitiste que Tu Hijo Amado muriera para que en Él, nosotros tuviéramos vida.
Padre Santísimo: este nuevo despertar bastante frío, pero el amor divino que habita en nosotros nos hace gozar hasta de este viento helado, porque aunque este tiempo de bajas temperaturas, nos lleva a comprender que amando, no hay temor ni a enfermarnos ni a correr riegos, porque nuestra mente tiene poder contra todo lo adverso. Esa palabra del temor, ni siquiera debe estar en nuestro registro mental.
Padre Santísimo: con esta oración despedimos estos últimos instantes de este año y comenzamos a prepararnos para recibir todas las sorpresas que nos traerá el Año Nuevo que en verdad amerita NUEVA VIDA EN CRISTO, TU HIJO AMADO. AMÉN.



