
Padre Santísimo: ya es tanta nuestra fatiga, es tanto lo pesado de nuestra carga, es tanta nuestra debilidad y es tanto lo que hemos pensado, que hasta el sueño se nos ha ido y nuestra paz se ha marchado.
Las fuerzas nos abandonan, nuestros amigos se han desaparecido, todo nos es adverso y es tanta nuestra vergüenza, que nos hemos quedado arrinconados, indefensos, desarmados e incapaces de luchar para poder nuevamente levantarnos.
Padre Santísimo: es la vergüenza de que nos vean fracasados, la pena de ser contados entre los derrotados, el complejo de vernos inferiores y nuestra poca autoestima, que, hoy tomamos la decisión de dejar de pensar en encontrar soluciones muy acordes a nuestra forma de pensar.
Hoy hemos tomado la determinación de aceptar que, nuestra derrota consiste en que el temor se apodera de nosotros debido a que no Te suplicamos que, nos muestres Tus caminos, sino que neciamente clamamos que confirmes nuestros senderos que hemos creído los más seguros, los más sensatos y los más viables. En nosotros ha prevalecido nuestra lógica. Se nos ha olvidado que, en el mundo espiritual, lo razonable no existe, lo lógico es metalógico, es decir, que está muy por encima de nuestra forma de pensar, de calcular y de solucionar todo cuanto se nos presenta en nuestro diario vivir. Es por ello que hoy ratificamos ante Tu divina presencia, que no vamos a dar ningún paso, sin la luz, sin el consejo y sin la fuerza omnipotente del Espíritu Santo.
Espíritu Santo: nuestras formas de encontrar soluciones están agotadas, son inoperantes, son desastrosas, nos han provocado un cansancio crónico y nos sentimos exhaustos y ya no podemos dar ni un solo paso. ¡Ya es momento de que, retomemos nuestra vida espiritual donde pongamos todo en Ti, Te escuchemos con toda atención, Te permitamos actuar y abandonemos nuestra forma de creer y de pensar.
En Ti, oh Espíritu Santo, ponemos toda nuestra confianza, porque Tus pensamientos serán los nuestros; Tus moniciones serán bienvenidas; Tu guía divina será bien aceptada.
Nos hemos convencido y hemos acordado, que el control de todo nuestro proceder está en Tus manos y no esperamos que confirmes nuestra forma de encontrar soluciones, sino que sea Tu luz, Tu sapiencia y Tu decisión la que prevalezca, porque solamente así, veremos un nuevo despertar, un nuevo reinicio del plano de lo divino, de los excelso y de los sobrenatural. Ahora llegó el momento de abandonar lo meramente humano y vivir todo lo que es divino, extraordinario y de carácter celestial.
¡Glorificado seas, Padre Santísimo, porque la luz del Espíritu Santo nos ha dado nuevos bríos y Cristo es glorificado porque Su mensaje divino, nos ha llevado a esta bendita conclusión de que ya para nosotros, en Cristo somos más que exitosos y más que simples seres humanos! Amén.



