
Hoy celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas. Pero es escandaloso el modo como ejerce su realeza.
Todos los reyes (y gobernantes) de este mundo mantienen su reinado con la fuerza de las armas, y ostentan el esplendor de su riqueza y de su poder. Es algo connatural a nuestra mentalidad humana.
Sospecho que nunca han existido, ni existirán jamás sobre la faz de la tierra, reyes pobres o débiles. Serían víctimas fáciles de sus enemigos; Ésa ha sido la ley de vida a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Jesucristo es Rey. Pero un rey muy distinto. Es un rey sin armas, sin palacios, sin tronos, sin honores; un rey sin ejército y sin soldados. Un rey que ejerce su poder únicamente con la fuerza del amor, del perdón, de la humildad y de la mansedumbre. Un rey que no atropella ni violenta a nadie, y que no impone su yugo o su ley por capricho. El que lo acepte como rey, debe acogerlo libremente y abrazar su misma lógica, que es la del amor y del perdón.
Él mismo quiso escoger la debilidad para redimirnos. Donde está la cruz, no hay lugar para los signos de la fuerza. Cristo es Rey. Pero no tiene armas. Las armas las tienen sus enemigos.
Te invito a rezar y meditar con el evangelio de hoy.
Oremos por la paz en el mundo, por la justicia y la libertad en Venezuela.
Domingo 23 de noviembre de 2025. Solemnidad de Cristo Rey, Ciclo C.
1.- Paso. Oración
Busca un lugar tranquilo donde puedas leer en paz la palabra de Dios. Serena tu mente y toma aire varias veces profundamente. Invoca al Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido
Luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo.
Tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta fondo del alma
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo
Lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
- Paso. Lectura de la Palabra
Lc 23,35-43: Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo: -A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: -Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: -¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro lo increpaba: -¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús le respondió: -Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso. Palabra del Señor.
- Paso. ¿Qué dice la Palabra?
El último domingo de cada año, la Iglesia cierra el ciclo ordinario con la fiesta de Cristo Rey. El próximo domingo iniciaremos nuestra preparación para la venida del Señor en la Navidad: el Adviento.
Lucas nos presenta en la pasión a Jesucristo como nuestro Rey, un rey crucificado y rechazado.Tres grupos se mofan de Jesús (vv. 35-39). Los líderes judios, los soldado y uno de los crucificados junto a él. Si Jesús es Mesías, su misión es la salvación (1, 69, 2:11; 30). ¿Cómo puede salvar a la gente si no se puede salvar a sí mismo?
Los jefes del pueblo «hacían muecas,» tuercen los labios, desprecian a Jesús. Las burlas mencionan algunos de los títulos o nombres que han dado a Jesús: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.» Leemos: el salvador, ungido de Dios y Mesías (9,35), elegido, siervo de Dios (9,35; Is 42,1) e Hijo de Dios. Si Jesús es todo eso que dicen estos títulos y tiene el poder que en ellos se expresa, ahora es cuando, según la burla de los líderes judios, tiene que demostrar este poder y salvarse… Recordemos como a Jesús, al inicio de su misión, el demonio en el desierto le propuso la misma tentación. (4,3),
También los soldados romanos se burlan de Jesús. Ofrecen vinagre al sediento. Aquí resuena el Salmo: «En mi sed me dieron vinagre» (Sal 69 [68], 22). Jesús se ve atormentado en su angustia.
El título de rey de los judíos es la acusación en la condena de Jesucristo. Era costumbre que los crucificados que se dirigían al lugar del suplicio, llevaran una tabla. En la tabla iba escrita la culpa con grandes letras negras o rojas: «un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.» ¿Qué clase de rey era éste? Impotente y colgado de la cruz, un auténtico rey de los judíos, sometido a los romanos. El rey de los judíos no puede salvarse: menos podrá salvar a su pueblo. El Mesías rey crucificado es escándalo para los judíos, necedad para los gentiles (l Cor 1,23).
Junto a la cruz de Jesús, Lucas nos presenta a dos malhechores, crucificados con él. Uno ataca a Jesús: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Sus palabras son una burla de la muerte de Jesús. El otro malhechor sigue el camino de la fe: cree, y reconoce al Crucificado como al Mesías. Así, este arrepentido considera su crucifixión como castigo que ha merecido con sus fechorías: «lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y ora a Jesús pidiéndole que se acuerde de él: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» A él se le perdonan los pecados, porque da gloria a Dios, renuncia a justificarse, muriendo reconoce a Jesucristo como el salvador. Esta es la respuesta de Jesús: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.» Lo más hondo de la misericordia divina se revela en la cruz de Cristo, que entrega su vida por todos.
Palabra del Papa.
Quisiera recordar el episodio de los dos malhechores crucificados junto a Jesús. Uno de ellos es engreído, no se reconoce pecador, se ríe del Señor; el otro, en cambio, reconoce que ha fallado, se dirige al Señor y le dice: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”. Jesús le mira con misericordia infinita y le responde: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¿Con cuál de los dos nos identificamos? ¿Con el que es engreído y no reconoce sus errores? ¿O quizás con el otro que reconoce que necesita la misericordia divina y la implora de todo corazón? En el Señor, que ha dado su vida por nosotros en la cruz, encontraremos siempre el amor incondicional que reconoce nuestra vida como un bien y nos da siempre la posibilidad de volver a comenzar. (Mensaje del Santo Padre para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud ).
4.- Paso. ¿Qué me dice el Evangelio?
¿Qué siento al leer este Evangelio,?
¿ Qué es lo que me llama la atención del Evangelio?
¿En qué personaje se refleja mi vida?
¿Cómo entiendo eso del servir para reinar? ¿Me agrada servir o que me sirvan?
5.- Paso. ¿Qué le digo al Señor?
Haz un tiempo de silencio. Deja que este Evangelio penetre en tu corazón. Escucha la voz de tu interior, y deja que brote tu oración, háblale con calma.
Madre Teresa Ochoa



