
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: Hoy en esta temprana hora, Te hemos venido a saludar debido a que tenemos una gran inquietud: Muchos de los cristianos Te han recibido en su corazón y a pesar de ello, continúan igual o peor de enfermos, de ignorantes y de pobres.
Ellos, sin duda han creído en un Cristo distorcionado que es totalmente diferente al que nos presenta el Evangelio. Muchas veces la religiosidad nos lleva a vivir un cristianismo falseado, donde se nos presenta al Cristo inexistente e irreal; a un Cristo que nos invita y motiva a amar la pobreza; a un Cristo que nos conduce a contemplar lo excelso del dolor; a un Cristo que nos hace que despreciemos los bienes materiales; a un Cristo que nos motiva para que nos dejemos humillar, pisotear y hasta despojar de lo que nos pertenece; a un Cristo que contraría a Tu plan inicial del ser imagen y semejanza Tuya, del poder gozar del poder de la palabra, al poder de crecimiento y multiplicación; al poder de dominar sobre todo cuanto se mueve en la atmósfera, en los mares y en la tierra.
Padre Santísimo: Este enfoque de un Cristo tan fuera de la realidad y totalmente ajeno a lo que realmente es Tu Hijo Amado, ha hecho muchísimo daño a nuestra de por sí maltrecha e ignorante humanidad.
En vez de promover LA RIQUEZA DE LA FE, se ha promovido un letal y absurdo conformismo, porque hemos exaltado la pobreza, la opresión, la esclavitud, el sometimiento y la dignidad. Cuando alguien que padece una enfermedad severa y ve que no encuentra alivio en la medicina convencional, acude con una fe endeble, que más que fe es una expresión de religiosidad, porque acude a ver si acaso Tu Hijo Amado se compadece de él y puede hacer algo para el alivio o atenuar sus dolores. Se encamina al templo para ver si la imagen milagrosa de Cristo, lo pueda al menos consolar.
La mujer del flujo de sangre, es un claro ejemplo de una mujer que, tan pronto como oye hablar de Cristo, ella, sacando de su debilidad fortaleza, se encamina hasta Israel convencida de arrancar del manto de Cristo ese poder sanador absoluto y lo logra.
La mayoría ya ha escuchado algo del mensaje sanador de Cristo, pero su religiosidad no es fe, porque no les imprime certeza y no los impulsa a levantarse con valor para arrancarle a Cristo su salud.
Padre Santísimo: Nos despedimos de Ti, porque vamos a invitar a nuestros hermanos y amigos que se acerquen a Cristo, Tu Amado Hijo y de Él obtengan lo que tanto anhelan y no lo han encontrado debido a su ignorancia.
Nuestra gente sigue enfermándose y muriéndose debido a que NO CONOCE A CRISTO. Tienen una imagen de un Cristo sufrido y que los llama al sufrimiento, cuando nuestro Divino Salvador es resurrección y Vida. Cuando nuestro Redentor vino como médico de almas y de cuerpos, porque quiere que tengamos vida y en abundancia.
¡Bendito seas, Padre Santísimo, por habernos enviado a Tu Hijo Amado! Amén.



