
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: ¡Bendito seas al despertar alegre de Tu creación!
Hoy amanece para nosotros un día muy especial. El estar despiertos a tan temprana hora ante Ti; el sentirnos afortunados, sin tomar en cuenta nuestras penas, nuestras angustias, nuestros dolores y nuestros quebrantos, nos hace reflejar en nuestro rostro un corazón alegre, festivo, dinámico y capaz de mucho. Estando ante Ti, toda discordancia desaparece y la paz que en Ti respiramos nos da bienestar y salud que nos reviste de un excelso poder transformándonos en seres que tienen aliento increíblemente divino, porque Tú, Padre Amoroso, nos participas del poder de la vida.
En este momento nos viene a la mente lo que pronunciaron Tus labios divinos al unísono con Tu Hijo Amado y el Espíritu Santo vivificador: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo». (Génesis 1:26). ¡Qué momento tan maravilloso y tan poco ponderado, que antes de crearnos en Adán, concebías en Tu mente divina un ser humano revestido de poder tan basto sobre la vida animal tanto del mar, como de la tierra y hasta de las aves e insectos que vuelan! (Génesis 1: 26). ¡Con qué increíble poder nos creaste! ¡Nos coronaste de gloria, de grandeza y de honor! ¡Todo lo sometiste a nuestro poder! Y Tú, oh Padre, creaste al ser humano a Tu imagen; lo creaste a Tu imagen; hombre y mujer los creaste.
Cuando nos creaste nos bendijiste y proclamaste complacido: «¡Sean fructíferos y multiplíquense! ¡Llenen la tierra y sométanla! ¡Dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los animales que se arrastran por el suelo!». ¡Qué inmenso e increíble poder salió de Tus labios divinos! Además, nos hiciste tan semejantes a Ti, que nos infundiste Tu aliento divino, nos dotaste de PALABRA DE VIDA. ¡Qué pena nos da el no haber valorado como es debido esa GRAN VERDAD, ESE GRAN PODER, ESE EXCELSO DON DEL PODER DE LA PALABRA! ¡No hemos sabido usarla con inteligencia y con sabiduría, adecuada y correctamente! Después de la caída en desobediencia nuestra misma inteligencia se tornó débil y limitada.
Padre Santísimo: nuestras palabras salían de corazones confundidos, sin fe, alejados de Ti y carentes de todo entusiasmo. Pero gracias al nuevo Adán que nos enviaste convertido en nuestro Divino Redentor y Salvador, los hijos del primer Adán y de la primera Eva, nos has revestido de nueva cuenta con ese inefable y omnipotente poder que nos has infundido en nuestros corazones por el Bautismo de Vida, tal como nos lo revela el Espíritu Santo: “Pues todos los que han sido bautizados en Cristo, de Cristo están revestidos. Ya no hay judío, ni griego; no hay esclavo, ni libre; no hay varón, ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:27-28).
¡Gracias, Padre Santísimo! Desde que fuimos bautizados en Cristo somos UNA NUEVA CREACIÓN que ya recuperó todo el esplendor con todos los derechos y bendiciones con que nos adornaste allá en el Paraíso. Lo que nos falta ahora, es ejercitarnos día a día usando ese don maravilloso de nuestra palabra revestida de poder hasta vernos totalmente vueltos a esa primera imagen y semejanza, nada naturales, sino divinas. Solo así ese poder lucirá en nosotros y cumpliremos lo anunciado por el Espíritu Santo: “Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto. (Proverbios 18:21).
¡Bendito seas, Padre Bendito! Al haber enviado a Cristo a restaurar todo loque habíamos perdido y deteriorado, ¡nos diste una nueva oportunidad de ser lo admirablemente maravillosos y extraordinarios seres llenos de amor y de poder! Amén.



