Bienestar Espiritual

Oración: “¡Canten al Señor con alegría, ustedes los justos! ¡Es propio de los íntegros alabar al Señor!”

(Salmo 33:1).

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

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Padre Santísimo: A pesar de tantos ruegos y súplicas has llamado a Tu amado siervo Miguel Pérez Concha para que dirija la alabanza que Tú Te mereces en la Ciudad Celestial. Aquí en la Bendita Tierra del Mayab, fue todo un astro que brilló en el firmamento filarmónico, nos consta que a Ti Te dirigía y brindaba todo su esmero, su amor y su pasión al tomar la batuta y arrancar de esos músicos esos acordes tan vibrantes y emotivos, que hacían que el alma de los asistentes en silencio absoluto estuviese absorta degustando ese concierto que tanto nos inspiró, que tanto nos motivó y que tanto nos hermanó.

Tuvimos la experiencia de ver en ese público selecto a cristianos de diversas confesiones y, nos consta que, ante esta magistral ejecución y entusiasta dirección, nos sentimos más en los cielos y sin notar las diferencias entre nosotros, porque ante ese eco sonoro y vibrante de las notas musicales nos transportamos al mismo paraíso celestial.

Con esa orquesta de cámara que Tu siervo dirigió, en esos momentos de contemplación, de meditación y de inmenso e inexplicable regocijo, nos olvidamos de nuestras propias confesiones cristianas y nos vimos convertidos en verdaderos hermanos que gozaban de lo mismo y en la misma dimensión espiritual. Allí nos dimos cuenta que la música hace que el alma deje unos instantes la tierra y se traslade al mismo Cielo. Pero lo más emotivo fue ver cómo una orquesta depende no solo de las habilidades y destrezas de sus componentes, sino del alma enamorada que con pasión, destreza y esmero, imprime un espíritu de armonía a los músicos por medio de la batuta y de sus gestos llenos de emoción.

Padre Santísimo: postrados y agradecidos, despedimos a este hermano nuestro, pero en la certeza de que durante toda su vida en Ti creyó, Tu Hijo Amado lo salvó y Tu Espíritu Santo lo selló, lo colmó de dones y carismas e hizo de él un ángel que nació para ser cabeza, para dirigir, pero dirigido e inspirado por Ti y para ser un excelente y distinguido ser extraordinario y maravilloso, porque esa fue Tu voluntad.

Padre Santísimo: ¡Recíbelo en Tu Reino Celestial! ¡Que en la compañía de los bienaventurados sea quien goce y sea partícipe activo del coro celestial! ¡Que, a su esposa amada, a sus hijos, parientes y amigos, desde el Cielo nos envíe una bendición especial!

Nosotros sus amigos no guardamos un minuto de silencio, sino que solamente Te suplicamos con el corazón en la mano:

¡Ten piedad y misericordia de Tu Hijo Amado!
¡Que su memoria sea bendita y eterna!

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