
En la familia siempre habido muchos personajes con inquietudes artísticas. Esto que voy platicar le sucedió a un pariente hace ya algunos años. Él tocaba la guitarra desde muy jovencito en el pueblo primigenio, conforme progresaba en su manera de cantar y tocar le entró la idea de conformar un trío musical, muy de moda por aquellos años (Los Panchos, Los Tres Ases, Los Pecolines, etc.). Con otro compañero, también aficionado y ejecutante de la guitarra, comenzaron a reunirse en las noches para tocar en el parque del pueblo. Sin embargo, se escuchaba como un incompleto por la falta de una tercera voz. Anduvieron averiguando por todo el pueblo sin éxito, para conseguir el músico que les faltaba y así completar el sonido adecuado para la época. Entre esta búsqueda, alguien les dijo que en una Hacienda vivía un mestizo que cantaba y que también tocaba la guitarra. De inmediato lo fueron a localizar para invitarlo a formar parte del trío, cosa que el campesino aceptó de inmediato. Comenzaron los ensayos hasta lograr una magnífica amalgama entre sus voces y sus respectivas guitarras. Pronto fueron muy conocidos y populares en una comunidad tan pequeña. Convirtiéndose en la agrupación más solicitada para serenatas o para amenizar festejos cívicos, sociales e incluso políticos. Sin embargo, el primo tenía más ambiciones, había que conquistar Mérida, ya que Izamal les quedaba chico. Se lanzaron entonces a la conquista del Estado, en donde por aquellos ayeres proliferaban estas clases de agrupaciones. Era una auténtica guerra el conseguir tocar en un programa de radio y mucho más difícil, casi un milagro, actuar en las tandas del Teatro Fantasio. Tocaron puertas en todas las difusoras y la respuesta siempre fue la misma: “tríos sobran, ya hay muchos…”
El primo, incluso tenía ya varias composiciones propias, por cierto, muy bellas, y su agrupación sonaba igual o mejor que las meridanas.
Sin embargo, continuaban con sus ensayos, a veces en la sala de mi casa. Todos los familiares (en esa cuadra vivían cinco familias de parientes de primer grado), mientras ellos tocaban, todos escuchaban sus interpretaciones, pero había uno de los oyentes que realmente quedaba abonado y con ensoñación de formar parte del trío. Este chico era el más rico de la familia. Inmensamente rico y suplicaba a nuestros músicos formar parte de ellos, pero no sabía tocar instrumento alguno y mucho menos cantar. Su madre, mi tía, movió sus influencias y habló con el dueño de una radiodifusora y finalmente consiguió que diario se tocara con la condición de que su hijo formara parte del grupo. El líder aceptó, dándole las maracas al nuevo integrante para que las tocara. Así es que sin tener ningún conocimiento musical, el tipo comenzó a actuar. Y así nació el trío más popular de Mérida, tocando en vivo al medio día. El mundialmente conocido en la capital yucateca: “Trío Los Héroes”.
…¡Ah! Tengo que decir que las maracas del patrocinador no tenían semillas.



