
El contacto diario con las nuevas generaciones, hace voltear la mirada hacia atrás, pero mucho atrás cuando el de la tinta era uno como ellos, adolescente que solo se preocupaban por las clases del otro día, por ver a la niña que te gustaba, por esperar y contar los días para la llegada de tu cumpleaños y sobre todo por la llegada del mes de diciembre, que si bien es cierto ya no había Santa Claus, si había algo de dinero para comprar zapatos, ropa y otras cosas nuevas que solamente se podía acceder en esa temporada.
Los de nuestra generación, aquellos jóvenes de hoy que ya cruzamos la frontera de los sesenta años, nos damos cuenta como diría Gloria Esteffan, “Como han pasado los años…”, y con el dolor del hombro que ya requiere una intervención o un milagro, el de la tinta se propone escribir algunas de las cosas de las que fuimos testigos mis caros y caras lectoras de mi época.
Cuando se menciona, los de mi generación, se refiere a aquellas personas que nacieron en los años cincuenta del pasado siglo XX. Una generación que ha visto la manera vertiginosa la manera en que la vida ha cambiado, como se han incorporado nuevas cosas que han facilitado nuestra vida, es una nueva Revolución, no industrial pero si tecnológica. En todos los aspectos de nuestra vida se han visto cambios , unos facilitan el trabajo del hogar y otros el de la vida cotidiana ya sea en algún oficio o profesión.
Sin lugar a dudas, fuimos testigos de la revolución de la televisión, de aquellos colores en blanco y negro pasamos al color, momento de expectación y emoción. Esperábamos que dieran las cinco de la tarde para que comenzaran a transmitir nuestros programas de televisión. Y en domingo comenzaba a las 10 de la mañana. En esos años se competía por ver quien tenía la tele más grande, ya sea las que se ponían en una mesita exprofeso o bien había unas de mueble que llamaban mucho la atención.
Somos de la generación de las consolas y de los tocadiscos. Toda casa que se preciara de tener un poco de solvencia económica tenía en su sala una gran consola, ya sea que se abriera solo una parte o toda la tapa entera. Las consolas eran el elemento importante en las reuniones ya que en ella se “tocaban” las piezas y canciones de moda por medio delos discos Lp (long play) o estender play. Recuerdo que en mi casa no hubo consola, pero si en casa de mis tías. En ocasiones se utilizaban tocadiscos portátiles que podían encenderse con corriente o baterías y eran los indicados para llevarlos a otros sitios.
Importante la labor de la radio-hoy no lo es tanto-, ya que no solo transmitía los partidos de béisbol y las corridas de toros, sino que también transmitían programas importantes como lo es La Hora Azul(directamente de la ciudad de México) , la Hora del Teléfono Libre o bien la Hora del Frijol con puerco. Por medio delas diversas estaciones de radio nos enterábamos de las novedades en las canciones y de los artistas que llegaban de vez en cuando. En algunas ocasiones cuando llegaba algún artista había que hacer cola para verlos o bien para que nos dieran algún poster autografiado. Una estaciones de radio que recuerdo eran Las panteras, ya que no solo regalaban calcomanías con la figura de la fiera, sino que transmitía un programa a las 7 de la noche que se llamaba La Hora de los Enamorados, recuerdo que llamábamos y saludábamos a la niña que nos gustara. No había garantía que lo escuchara la susodicha, pero quedaba en nosotros la idea que asi fuera.
Los de nuestra generación seguramente recordarán los días de bailes en la casa de alguna señorita de la secundaria en donde procurábamos ir con una buena dotación de una loción que se usaba m,ucho en aquellos años, me refiero al Brut, el de la botellita verde, también había uno más sobrio pero de un olor que al de la letra le gusta hasta el día de hoy, English Leather, el de la botella cuadrada que venía en una caja de madera. El tener en nuestro cuerpo alguna de estas lociones nos hacía estar seguros en el momento de “sacar” a bailar a alguna de las niñas de la fiesta, pero en ocasiones, a pesar de estas dos opciones resultábamos “cortados” por la bella. Siempre esperábamos que se pusieran los “ negritos” o sea, los discos long plays o stender play en el tocadisco y fuese alguna canción “lenta” para aprovechar bailar despacito y abrazar a la ni{a que nos gustaba, fueron unos bailñes de época de allá los años setenta. Habían espacios para fiestas más grandes como el local de “Silas” allá por la García Ginerés, la Sala de fiestas “Cuauhtémoc” en la calle 62 por 47 más o menos o bien si la festejada tenía los medios económicos, se alquilaba el local de fiestas de la oca-ola, por el rumbo de la Aviación. Ustedes caros y caras lectoras, recuerdan estos bailes?
Un elemento de distinción entre los adolescentes de aquellos años, era el poseer una grabadora reproductora de cassettes, era importante tener una portátil y otra en la casa que tuviera doble casetera, ya que una servía para graban directamente de la radio la canción que nos gustara. Importante es señalar que se debía de tener un lápiz cerca de nosotros al momento de poner a reproducir el cassette, ya que si se salía el lápiz entraba en acción, introduciendo una parte en un hueco del cassette rebobinábamos la cinta para que se escuchara bien. Habían lugares donde se vendían cintas vírgenes y originales y también se podía comprar alguna grabada con las canciones que quisiéramos, solo había que acudir a un local en la avenida Cupules que se llamaba El Quijote. Buenos tiempos.
Los trabajos de la escuela se hacían en máquina de escribir, ya sea de escritorio o portátil, se usaba el papel carbón para el duplicado y si se cometía algún error se usaba el famoso corrector Radex. Posteriormente llegaron las máquinas eléctricas y las de esfera. Cabe mencionar que el de la tinta hizo sus tesis de licenciatura en máquina de escribir. Luego los originales se llevaban a la imprenta y se reproducían. No había lugares para sacar copias. El de la tinta recuerda que sus tesis de licenciatura se hicieron en máquina de escribir estándar y con papel carbón.
Hoy día podemos ver que la gente de todas las edades acuden a las tiendas de conveniencia o super para comprar agua purificada. Los de mi cohorte no tomábamos ese tipo de agua embotellada,. Era directamente del grifo o bien se hervía. Recuerdo que en esos años de mi adolescencia había un lugar allá por la colonia Buenavista que tenía una fábrica de agua purificaba quien las distribuía en garrafones de cristal grueso de aproximadamente 20 litros.
La ventaja de no contar con teléfonos celulares, propiciaba que nos reuniéramos en las esquinas de la ciudad, para jugar y platicar con los amigos, no había una dependencia a ese aparato(celular) que hoy día rige la vida de muchas personas. Era un tiempo de convivencia, se iba a visitar a la novia o bien se acudía al teléfono cercano con nuestra moneda a hablar con la novia o enamorada. Ya posteriormente se comenzó a utilizar tarjetas para teléfonos. Los de nuestra generación tuvimos la oportunidad de la convivencia y de la espera para hablar a la hora indicada con aquella que seguro esperaba nuestra llamada. En ocasiones se tenía que hacer cola para llamar por teléfono.
Fuimos de la generación de acudir a las loncherías por un sándwich de jamón y queso, de pavo o bien de pollo, de los salbutes ya sea del Chino en el centro, las tortitas de ensalada del famoso Pacheco en el Bazar García Rejón o bien en san Sebastián a las famosas tortas y caldos del Amigo Aguja. Recuerdo que en alguna época, el papé del de la letra compraba sándwiches del famoso restaurant y café Louvre, siempre para desayunar la mitad al día siguiente.
Somos de la generación de las cámaras fotográficas y de los famosos flashes de cubito que se usaban en las noches para obtener buenas fotos. De los rollos de películas que posteriormente las llevábamos a revelar a alguna tienda donde se vendían cámaras y enseres para la fotografía.
En la actualidad hay muchos lugares donde comprar dulces para comer como postres o bien solo para saciar el antojo, en aquella época de mi infancia- adolescencia, el lujo era el tener los medios económicos para comprar dulces, como piononos, cuadrados, chuses, arrollados, borrachitos, merengue, galletas rosadas, de la famosa Sorbetería y Dulcería El Colón, situado a un costado del Palacio de Gobierno. Era todo un agasajo por su sabor y daba un status el poder acceder a saborear aquellos dulces o bien sus sorbetes. Había sorbetes con leche que se llaman champolas.
También somos de la generación que vieron a nuestras mamás y abuelitas y tías con sus sillas en la calle para “tomar el fresco” y de ellas aprendimos a saludar, “buenas tardes”, “buenas noches” o “buenos días” a todas las personas que pasaban al lado nuestro caminando, sin importar si las conocíamos o no. Era cuestión de educación.
Seguramente, mis caros y caras lectoras, se me habrá pasado algo en este vaivén de mis recuerdos, pero de lo que puedo estar en lo cierto es que los que vivimos esas épocas podemos comparar las diferencias de la situación de ahora, mucha nueva tecnología, muchos adelantos, pero de lo que se ha olvidado y lo que nosotros tenemos y transmitimos a nuestra familia es el valor de la convivencia, de la tolerancia y del respeto.



