
San Marcos 2:1-12
¡Dios no quiere una comunidad comodina! ¡quiere una iglesia juvenil y dinámica! ¡No quiere Dios ver las mismas personas y los mismos rostros! ¡Quiere ver nuevos rostros de enfermos sin fe, pero que sean sus amigos, quienes aboguen e intercedan por ellos, porque en la fe de ellos encontrarán el preciado don de la salud!
Cuatro jóvenes se compadecieron de su amigo que debido a su parálisis estaba postrado e inmóvil. Estos cuatro amigos estaban seguros que El Señor Jesús les haría el gran favor de sanar a su amigo entrañable y, sin dudar, lo llevaron postrado en su camilla. Para su sorpresa, la casa donde el Señor predicaba, estaba a reventar por una gran multitud que le escuchaba, lo cual hacía imposible colocar a su amigo ante su presencia. Afortunadamente fueron muy audaces y destecharon parte de la casa y con unas cuerdas lo descolgaron hasta ponerlo ante los pies del Señor.
Estos hombres nos enseñan a que jamás en nuestra vida veamos los imposibles y los obstáculos, sino que sea nuestra fe la que los elimine y así logremos poner a los pies del Señor a tantos y tantos paralíticos del alma que viven sin vivir, porque han perdido la fe. Ahora su panorama está tan gris que aunque tengan pocos años, se han avejentado y solo esperan su final con muchas penas, amarguras, resentimientos y sin nada de glorias. ¡Llevemos a esos amigos sin esperanza, sin amor, sin ideales y sin razón para seguir viviendo con un rostro alegre! ¡Dios quiere obrar maravillas en los enfermos con la fe, la valentía y la audacia de quienes la tenemos! ¡Este mundo ególatra ha perdido la sensibilidad; y el dolor ajeno le es indiferente! ¡Es el momento preciso para que actuemos los cristianos y pongamos en movimiento nuestra fe aunada a nuestra inteligencia y audacia!
Llegó la hora en que Dios quiere que los que en Él creemos, esperamos y amamos, demostremos tener una fe que esté al servicio de los desprotegidos, los enfermos, los desvalidos y los decaídos.
Comprendamos que hay mucha alegría en nuestros corazones cuando vemos que los desalentados recuperan el ánimo; los desesperados encuentran en nosotros la esperanza liberadora; los enfermos son llevados por nosotros a los pies de Cristo para que les perdone, los libere y los sane, porque quienes así actuamos, somos obedientes a la voz del Espíritu Santo.



