Cultura

La Navidad y los preparativos

(Parte I)

Por fin llegaron las vacaciones. Son las diez de la mañana. Dentro de un mes entraré a la facultad de leyes. Al fin puedo levantarme tarde, aunque no es del gusto de mi mamá, según ella la gente dirá que soy un flojonazo. ¡Como si no tuviera derecho a descansar después del esfuerzo de tres años para terminar la preparatoria! Cuando uno es joven parece que se tiene que ser de hierro… ¿Acaso no puedo decir que a veces me fatigo? Mamá me dice siempre: “a tu edad, José ya trabaja, no está nunca sin hacer nada, mientras que tú te pasas horas enteras flojeando”. Solamente José, siempre José, él es el tipo ideal y además es mayor.

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A mí me gusta acostarme en mi hamaca y no saber nada. Con su calor modero la tensión de espíritu, y me pongo a pensar. Ella debe estar haciendo ahora la limpieza, se pone una mascada en la cabeza para no ensuciarse el pelo con el polvo. Me gusta verla con su delantal, para mi es la mujer más bonita del mundo, mi pequeña Rosa (ese es su nombre, así se llama mamá).

Estoy solo en mi cuarto, Juan, mi hermanito ha salido a unos mandados, ¡si yo pudiese tener mi propio cuarto! Juan me fastidia, es demasiado chico, un niño casi, no es posible colocar las fotos y posters que me gustarían. Además, me irrita. Con él todo se vuelve discusiones y pleitos. Cuando miro a la ventana y me pongo a reflexionar, viene enseguida a preguntarme qué estoy haciendo, a él le parece estúpido que uno se ponga a pensar, es un chiquito.

Oigo a Fernando y a mis amigos que arman escándalo y silban en la calle, no hay que preguntarse si es porque pasa una muchacha. Es formidable cómo las chicas atraen a los chicos.

Mi hermana ha venido a proponerme que hagamos un regalo a papá y mamá el día de Navidad, ella quisiera regalar una polvera, pero le digo: “eso no vale la pena, hay que regalarle un bolso a mamá, el que tiene es feo; para papá, un portafolios, el suyo está completamente inservible”.

Hemos contado nuestro dinero: $450 (recuerden que estamos a finales de 1950). Muy poco, Juan lo gasta todo a medida que lo tiene. Tenía apartado en mi escondite $650 para comprar una máquina de escribir, y los doy. Salgo con mi hermana a compra enseguida lo convenido, entre tanto, Juan distraerá a mamá.

En próxima colaboración continuaremos con la historia de la Navidad, sus preparativos en la época que salí de la preparatoria.

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