
Al finalizar el S. XIX, América inicia su independencia literaria; y lo hace en los versos de los poetas modernistas, que comandados por Rubén Darío, marcan la diferencia con todas las corrientes que les han antecedido. Por primera vez, el movimiento literario nace en América; y como en tornaviaje colombino, cruza el Atlántico de esta orilla a la de la costa ibérica, para llegar a revolucionar las letras del viejo mundo. Las frescas voces americanas, renovadoras del lenguaje, rescatadoras de formas ya olvidadas; y aún desechadas, en la poesía, se apersonan ante las nuevas generaciones de poetas españoles para impulsar en las liras hispanas esta renovación de sonoridades y delicadezas, para enarbolar al lirio y a lo azul, como símbolos de identidad de una nueva poética.
El movimiento americano tiene raíces tomadas de corrientes francesas anteriores a él. Del Parnasianismo toma la sonoridad y el verso pulido; del Simbolismo, la imprecisión de las imágenes, los matices delicados y la musicalidad del verso.
En estas circunstancias, surgen en España figuras de gran talla que no dudan en abrazar la corriente americana; entre los más sobresalientes de ellos podemos señalar a Ramón Pérez de Ayala, a Juan ramón Jiménez y a Francisco Villaespesa; este último, poeta andaluz, sumamente fecundo, algunos lo acusan de superficial, pero indudablemente seductor por su sonoridad verbal.
Poeta, periodista, dramaturgo y novelista; nació el año 1877 en Laujar de Andarax, pequeño pueblo de la provincia de Almería, perteneciente a la comunidad autónoma de Andalucía (España). Estudió en la universidad de Granada y a los 20 años trasladó su residencia a Madrid para dedicarse al periodismo. Allí colaboró en muchas revistas y diarios de España. Recorrió varias veces la América española como empresario teatral y recitador de sus poemas. Ferviente admirador del poeta nicaragüense Rubén Darío, fue su mejor discípulo y el más genuino continuador del estilo modernista iniciado por éste.

Al finalizar la segunda década del S. XX, Villaespesa llega a nuestra ciudad, donde permanecerá por un período bastante considerable y donde llevará a cabo una serie de actividades que dejarán honda huella en la cultura literaria local. Fue un activo colaborador del grupo literario denominado Ateneo Peninsular, fundado en 1916, en cuyo seno colaboró en las páginas de la revista Ateneo. Posteriormente promueve y edita una importante revista literaria que dejará profunda memoria en las letras locales, la revista Cervantes; cuyo No. 3, será un gran homenaje a Yucatán. En esta empresa cultural, contó con la colaboración del gran poeta yucateco Alfonso Albertos Tenorio, quien fue algo así como su mano derecha y activo colaborador.
Alrededor de Villaespesa, se formó un selecto grupo de jóvenes plumas yucatecas que habrían de brillar posteriormente con luz propia. Entre estos escritores podemos contar a Antonio Mediz Bolio, Ermilo Abreu Gómez, Clemente López Trujillo, Juan Duch Colell, Leopoldo Peniche Vallado y Carlos Moreno Medina.
Fue Villaespesa un poeta melancólico y de gran sonoridad verbal. En su poesía se deja sentir su fascinación por los temas orientales, provenientes del dominio árabe en España, que en ocho siglos, dejó una influencia imborrable en la cultura y las artes. Muestra de esto encontramos en sus poemas: Poemas de Sol y Sangre, Convento en Ruinas, La Canción del Recuerdo, Morena Mía, Fantasía Morisca y El Jardín de Lindaraxa, inspirado en la leyenda de la cautiva de La Alambra.
Su estancia en nuestra tierra fue medianamente prolongada, pero su influencia marcó de forma definitiva el camino que habría de seguir la poesía en Yucatán.



