
Desde siempre, la fiesta de los toros y todo lo que la rodea en general, pero principalmente por los toreros, desde la antigüedad de educaciones profundas, pensamientos y frases. A principios del siglo XX y finales del XIX surgió el primer matador, realmente ídolo del pueblo. Era Manuel García, “El Espartero”, torero valientísimo, pero sin mucha técnica y que se pasó la vida entre cornada y cornada por su temerosa valentía. Al aconsejarle la gente que no se arriesgase tanto, él respondió una de las frases más conocidas: “más cornadas dan hambre”. Murió de una cornada en la Plaza de Madrid.
En la cúspide de su fama le preguntaron al gran Rafael Guerra a quién consideraba mejor que él. Respondió: “después de mí, ‘naiden’, y después de ‘naiden’, Fuentes.
Cuando irrumpió a los ruedos el más grande revolucionario de la fiesta, Juan Belmonte, otro temerario y creador del torero moderno, también de cornada en cornada, “Guerrita” dijo: “el que lo quiera ver (a Belmonte) que se dé prisa”.
Rafael Gómez Ortega (El Gallo), en su momento de gloria taurina departía en un café en Sevilla y en la mesa se encontraba un joven novillero que comenzaba y le expresó al gran Rafael: “ojalá que me salga un toro bravo para demostrar mi arte”, a lo que “El Gallo” respondió: “para qué quieres un toro bravo, con lo fácil que es correr detrás de los mansos”. Surge entonces su hermano menor, José Gómez Ortega “Joselito” o “Gallito”, el rey de los toreros y después de hacer el paseíllo en la maestranza, el público gritaba a Rafael y Joselito dijo: “el mejor torero del mundo soy yo, pero el que mejor torea es éste”, señalando a su hermano mayor.
“Se torea como se es”, sentenció Belmonte, quien tenía gran rivalidad con “Joselito”. A la pregunta de un reportero a Juan, que en dónde le había ganado la pelea “Joselito”, él respondió firmemente que: “José me ganó la pelea en Talavera”.
Al informarle a su madre (Ana Gabriela), que fuera gran bailaora, acerca de la cornada y muerte de “Joselito”, ella, incrédula, respondió: “eso es imposible, para que un toro mate a mi hijo José tiene que arrojarle un cuerno”.
Tomaba la alternativa en España el gran torero mexicano Lorenzo Garza, y su padrino sería Juan Belmonte. En el espacio de cuadrillas, Garza vestía un traje completamente blanco, al llegar Belmonte le preguntó “¿y tú, vas a hacer tu primera comunión?”, a lo que Garza respondió: “sí, y me la va a dar el primer obispo de España”.
El gran Manolete, también muerto por cornada en Linares, en sus actuaciones jamás sonreía, a preguntas de los reporteros sobre aquello, simplemente dijo: “es que el toreo es algo muy serio”.
Otro revolucionario, Manuel Benítez, “El Cordobés”, expresaba que: “es que si el toro no embiste, me embisto yo”.
Y la famosa de sus grandes, cuando comenzaba y era muy pobre, le dijo a su hermana que lo crió: “te compro una casa o te visto de luto”.
“Los toreros son los últimos héroes”, José Saramago, Premio Nobel de Literatura.



