Cultura

El motivo real

Hay muchas cosas en la vida que me gustaría recuperar. Muchos momentos que haría distintos. Pero el que cambiaría si solo pudiese elegir uno, no sería para mí, sino para mi hija: María. Que fue a buscar a su abuela aquel domingo por la tarde y la encontró tirada en el suelo del cuarto. Intentó despertarla. Empezó a gritar. Entró y salió corriendo del cuarto, debatiéndose entre pedir ayuda y no dejarla sola. Eso no tendría que haber pasado nunca. No era más que una niña.

Creo que a partir de aquel momento me resultó difícil acercarme a mi hija o a mi esposa. Creo que es por eso por lo que bebía tanto. Creo que es por eso por lo que huía hacia otra vida, porque en el fondo tenía la sensación de que no me merecía la que había tenido hasta entonces.

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Supongo que en este sentido, lamentablemente mi padre y yo nos parecíamos. Cuando después de dos semanas, en la tranquilidad de nuestra habitación, le confesé a Carolina dónde había yo estado, que no había hecho ningún viaje de negocios, sino que había estado bebiendo en una cantina del Centro de la ciudad, mientras mi madre yacía moribunda. Ella se quedó más atontada de lo que pensé. Por su expresión parecía que siempre quisiera decir algo que acabó por no decir jamás.

Al final, su único comentario fue: “¿A estas alturas qué importancia tiene?”. Fin.

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