Para 1926, cuando en el Teatro Lírico el Panzón Soto estrenaba: Café Negro, de Novo, Gorostiza y Villaurrutia; Novo, ya había escrito uno de sus textos dramáticos más inquietantes en cuanto al cuestionamiento de conductas y preferencias sexuales: El tercer Fausto.
En septiembre de ese año Ortega afirmó en sus NOTAS SOBRE EL TEATRO MEXICANO:” Teatro un poco retardado el nuestro en el que empieza a intervenir la imaginación, con José Gorostiza, Villaurrutia, Novo, Abreu Gómez, Díez Barroso. Todavía los otros son naturalistas.” 1
Y en su balance anual sobre “La Producción Intelectual Mexicana en el año de 1926” El Universal Ilustrado se expresaba de él en los siguientes términos:
“(…) Salvador Novo, el más joven y más erudito de los escritores mexicanos de valer, publicó también en este año un libro intitulado “Ensayos”. En este volumen figuran, además de algunos artículos de indiscutible mérito, por su novedad de percepción y el “humor” que los penetra, unos cuantos poemas suyos, que, por su delicadeza, emoción intelectual y estilo, merecieron la aprobación y el entusiasmo de los lectores cultos. Solamente la crítica miope, eternamente dispéptica, no pudo sorprender el fulgor de talento que se levanta de esos poemas, ni digerir esos frutos delicados con que se coronan los ramajes de su poesía.” 2
Esta era en 1926, la imagen de la vida intelectual del joven Salvador Novo.
OH, CHARLES MY BOY!
Un año antes, en 1925, el mismo Panzón Soto estrenó de José Gorostiza: Siga la flecha.
La incursión de Novo y Gorostiza en el Teatro de Revista, parece ser que no fue de una sola obra, sino que se escribieron al alimón otras más con Villaurrutia, Ortiz de Montellano y Abreu Gómez.
Antonio Magaña Esquivel al referirse a estos devaneos revisteriles anota: “Cuando se estrenaron en el Teatro Lírico se tuvo que ver, al menos, la malicia e ingenio en aquel escenario y aquella pasarela contribuyendo al boato de las decoraciones y a la desnudez de las tiples.” 3
Este grupo de intelectuales debutan en nuestro teatro popular en un momento del que Roberto “El Diablo” Núñez y Domínguez dice sin miramientos: “Es, pues, llegada la hora de hablar claramente, para dejar constancia de nuestra protesta por esta ola de oprobio que envuelve actualmente a autores y artistas nacionales. Y cuanto quede dicho no será inspirado en un necio alarde de mojigatería, ni expuesto con ridículos afanes de moralizador. (…) Lo que fuera noble Catedral de la Tanda ha descendido hasta el último grado del desenfreno. En su antañón escenario se dicen ahora, no ya los saladísimos, aunque inocentes retruécanos de antaño, sino cosas dignas de los buenos tiempos del “Apolo”, por su obscenidad, como los llamados Mandamientos cismáticos del amor. Menos mal que el público comienza a reaccionar contra tal degeneración teatral y acaso no esté remoto el día en que, completamente hastiado de esta suplantación del ingenio por la salacidad, del arte por lo zafio, de la pulcritud por el ludibrio, le niegue francamente su apoyo en un gesto de consciente desprecio.”4
En estos dos años de incursión (hasta ahora comprobada) de Salvador Novo, José Gorostiza y compañía es cuando nuestros escenarios se conmocionan primero por la presencia en México de Le Ba Ta Clan de Madame Rasimí y luego por el debut de Lupe Vélez, a quien el pueblo cariñosamente llamó La niña Lupe. Simpático resulta el saber que la vida teatral de Lupe en México duró lo mismo que la vida revisteril de estos integrantes del denominado no grupo: dos años…
Casi cinco décadas después, Salvador Novo escribió en la Revista de Bellas Artes, refiriéndose a Gorostiza: “Suyo fue el título y los más ingeniosos cuadros de la revista Café Negro, que anónimamente perpetramos entre todos y entregamos a “los muchachos” –Ortega, Prida y Castro Padilla- que cada sábado cumplían la obligación de estrenar una revista y recibieron con beneplácito nuestra cooperación. Creo recordar que uno de los cuadros escrito por Pepe – “La lengua de Cervantes” – era en verso, una fina burla al muñozsequismo teatral. “5
En esos mismo años José Gorostiza había remembrado : “Yo no hacía teatro popular con la intención de concederle importancia literaria a esos sketches, que por otra parte no todos fueron míos. Además, el autor que formaba esas pequeñas diversiones teatrales era un señor Juan de Nadie, que, por cierto, no existió nunca. Los sketches unas veces eran míos, otras ocasiones de Xavier Villaurrutia, otras más de Ortiz de Montellano, aparte de la gente que escribía normalmente para el Teatro Lírico. Lo hacíamos puramente como una diversión de muchachos, a quienes les complacía el teatro de Lupe Vélez y de las artistas más renombradas de esa época con quienes solíamos cenar y bailar. Si nuestra participación en estas cosas produjo un mejoramiento del teatro de revistas mexicano, no soy yo quien pueda juzgarlo, y en todo caso fue puramente accidental. Estas obritas no existen. Por encargo de mis amigos y compañeros, yo las retiré del Archivo de la Sociedad de Autores, y las destruí cuando ya no éramos suficientemente jóvenes; temíamos que con el tiempo pudieran dañar nuestra reputación de gente seria.”6
Sin embargo “en sus textos críticos sobre teatro mexicano, Gorostiza consideraba que una vía para la creación de un auténtico teatro mexicano estaba en la búsqueda de lo popular.”7
COROLARIO 1
Quienes realizaron las escenografías de estas revistas fueron los pintores: Miguel Covarrubias: Revista Negra; Carlos González : Teatro del Murciélago; Rufino Tamayo: Colorines, Café Negro; Agustín Lazo: Colorines; Roberto Montenegro: Aires Nacionales de “los muchachos” Ortega y Prida; y Diego Rivera que nunca firmó pero colaboró con el Panzón Soto en varias obritas tal vez como aquella que si mal no recuerdo se llamó: Los frescos de Rivera. (¿)
COROLARIO 2
Aunque los sketches de Salvador Novo fueron destruidos con su anuencia, por José Gorostiza “porque temían que con el tiempo pudieran dañar su reputación de gente seria”, la visión y la vena del humor popular no desaparecieron por completo en su dramaturgia, sus Diálogos y La guerra de las gordas son una excelente muestra de ello; y por ende remembranza de esos años gozosos en que la ciudad de México se estremecía como hielo frapé al ritmo del jazz band, las melenas a la “garzón”, las faldas sobre la rodilla y un nacionalismo revisteril de canutillo y lentejuela…
NOTAS
6.-L. Terán. Habla José Gorostiza. El Gallo Ilustrado, Nº 401 de marzo, México,
1970, p. 1
7.-Edelmira Ramírez coordinadora de la edición crítica de José Gorostiza. Poesía y
poética, Organismos Signatarios/CONACULTA, México, 1989, p. XXXIII









