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Austeridad fiscal para 2026: nueva mala noticia para los cubanos

“El plan del presupuesto de Cuba en 2026 ‘confirma que una severa austeridad fiscal se ha instalado como nueva distorsión estructural”, advierte el economista, Pedro Monreal.

«El plan de presupuesto estatal 2026 confirma que una severa austeridad fiscal, desde la perspectiva de los recursos reales, se ha instalado como nueva distorsión estructural en Cuba”, señala el economista, Pedro Monreal, tras analizar la publicación del plan de gastos del Estado para el próximo año en la Isla.

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De acuerdo con el documento, hecho público el lunes 29 de diciembre, tras su publicación en la Gaceta oficial, el déficit presupuestario será de 74.500 millones de pesos en 2026, el menor en 13 años. Se trata de una cifra que el régimen presenta como un logro, cuando tiene lecturas que las autoridades evitan ofrecer.

El Presupuesto Central del Estado para 2026, calculado a partir de los aportes que se captan centralmente, y que incluye los ingresos y gastos, toma en cuenta además que la deuda pública para los próximos 12 meses será como máximo de 123.772.300.000 pesos.

Con tales cifras, Monreal apunta que la «severa política de austeridad fiscal» se apoya en una «reducción planificada del déficit a costa de colapsar el peso relativo del presupuesto en el PIB, incluyendo la reducción del esfuerzo nacional real (recursos) en el gasto social».

Lo anterior ya se ha hecho patente con los datos oficiales de inversión del año por concluir. El 35,8% de la inversión total en el país durante los primeros nueve meses de 2025 se destinó a electricidad, gas y agua, mientras que el turismo —resultado de la suma de «hoteles y restaurantes» y «servicios empresariales y actividad inmobiliaria»— acaparó todavía un 22,2%.

Por contraste, sectores vitales para el desarrollo nacional continúan prácticamente abandonados. La agricultura y la ganadería apenas recibieron un 2,3% de la inversión total, el nivel más bajo en tres décadas.

En 1994, en pleno «Periodo especial», ese sector representaba el 16,3% de la inversión del país. El desplome resulta especialmente grave en un contexto de escasez alimentaria crónica y dependencia creciente de las importaciones. Grandes perdedoras en la asignación de recursos fueron también las actividades de salud pública, educación y ciencia e innovación tecnológica, que apenas alcanzaron 1,3%, 0,4% y 0,4% de la inversión total, respectivamente.

El análisis histórico del período 2019-2025 muestra además que la inversión turística ha perdido peso relativo —pasando del 40,4% en 2019 al 22,2% en 2025—, pero no ha sido reemplazada por un patrón más equilibrado. El salto del sector energético en términos de inversión parece responder más a una urgencia coyuntural por la crisis eléctrica que a una estrategia de desarrollo sostenible.

En cambio, la industria, que había crecido de forma moderada entre 2019 y 2024, cayó de 17,4% a 14,3% en 2025, reforzando la tendencia hacia una economía con escaso peso productivo y baja capacidad de generación de valor agregado. Todo apunta a que esta situación se agravará durante 2026, lo cual no anticipa una mejoría de la situación crítica que viv el país.

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